viernes 20/5/22

En la cola del paro ya no queda ni fila ni esperanza

Resignación, incertidumbre y esperanza se mezclan en las oficinas de desempleo: «Esto se va a convertir al final en una ciudad dormitorio»
Los hermanos gemelos Jorge y Miguel, ambos en el sector de la seguridad, ayer en el Ecyl. M.Á.Z.

En la cola del paro ya no queda ni la cola. Las condiciones de la pandemia y las tecnologías ya no tan nuevas cuadriculan las visitas de tal forma que apenas hay dos o tres personas en sala. El desfile es constante, como un goteo. Las caras también. Son una mezcla de resignación, incertidumbre y deseo.

Cuatro funcionarias de las dependencias de Ramón y Cajal (a las que ahora se accede por la calle de la Era del Moro), aprovechan para el café. «Ya nos han dicho lo de los datos de hoy. Se te ponen los pelos de punta y además nosotras lo vivimos en segunda persona, porque ves cada panorama...». El mismo que tienen dos gemelos de 53 años, Miguel y Jorge. Son vigilantes de seguridad de profesión y parados de ocasión. «Nos tendremos que ir a Palencia o a Burgos. Esto se ha convertido en una ciudad dormitorio. Aquí no hay trabajo para nadie». Y eso que no son nuevos en el desempleo, «pero antes era ocasional. Ahora ¿a dónde vamos?».

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«Me mandan al paro unos meses porque si no, me tendrían que hacer fijo», dice un parado

Jorge prefiere no salir en imagen. Trabajaba en Soltra y está decepcionado. «Espero que se arreglen las cosas, pero estoy un poco preocupado. No tengo empleo y sigo viviendo en casa con mis padres». Supera los 30 años y no ve salida: «Estoy desesperado», asegura.

Javier tiene 33 años. Ha estado en el paro en otras oportunidades y parece que lo de ahora es provisional, pero no se fía. «Yo ya viví lo de Vestas. Y estuve doce años allí pero fue duro. Se ganaba dinero, pero también había que sacarlo del cuerpo». Ahora venía de Acciona, una empresa que tiene vinculación subcontractual con el Ayuntamiento para su puesto de trabajo: «Me han largado porque si seguía, me tienen que hacer fijo y no les interesa. Supongo que estaré unos meses en desempleo y que luego me volverán a coger. Por lo menos eso es lo que me han dicho».

La mañana empieza soleada pero a la hora del cierre se enfría. Como las expectativas. La entrada principal es una reja cerrada y la lateral, un nicho de esperanza. Otros cinco mil clientes más se han apuntado este año a la moda de la tarjeta en la boutique del desempleo. Y ahí León es factoría de primera.

En la cola del paro ya no queda ni fila ni esperanza