martes 20/10/20
ACUSACIÓN DE MALTRATO

Como conejos en pleno centro

Denuncian al Ayuntamiento por el «exterminio» de una colonia en La Rúa.
Los conejos supervivientes; arriba, los vecinos.

Todo empezó «con Bugs Bunny hace más de dos años», relatan los vecinos. Apareció de repente. Nadie sabe bien quién lo echó allí. Pero se convirtió en un habitual del vecindario. Una extravagancia en medio de la huerta. Alguien debió de pensar, quizá la misma persona, que estaba muy solo y en la primavera pasada le arrimó una pareja para que le hiciera compañía. Luego todo fue cosa de la naturaleza y el crecimiento exponencial: 5, 10, 15... Hasta casi medio centenar llegaron a contar los vecinos. Una colonia de conejos en pleno centro de la ciudad, en una parcela municipal del número 30 de la calle La Rúa, entre la muralla, la trasera del convento de Las Concepcionistas y la urbanización de que ayer apenas sobrevivían tres adultos y una pequeña camada. Una población «exterminada» por el Ayuntamiento de León con la excusa de limpiar de maleza la finca, según alertó el Partido Antitaurino Contra el Maltrato Animal (Pacma), que presentó denuncia contra el consistorio «ante la Subdelegación de Gobierno, el Seprona, la Junta y el Defensor del Pueblo». Una acusación frente a la cual el equipo de gobierno no hizo declaraciones, a pesar de que este periódico intentó a lo largo del día ponerse en contacto con la concejala de Urbanismo y Medio Ambiente, Belén Martín-Granizo, para que diera su versión.

La denuncia se apoya en el testimonio de los vecinos de la zona que vieron «toda la maniobra», como reseñan Mari Paz González y Gabriel Adeva. Cómo los operarios de la contrata de Acciona soltaron el primer día «a las 07.30 horas unos perros para que los cogieran», mientras comenzaban con los trabajos de limpieza de la parcela. Cómo después «cogieron con la pala de la máquina a los que estaban resguardados en la madriguera que había debajo de la higuera». Cómo para acabar el trabajo «les arrinconaron contra la pared y la emprendieron con ellos a pedradas». «Yo lo vi todo. Me daban ganas de llorar», recuerda la vecina. «No hay derecho a que hayan actuado así. Vaya muerte que les han dado. Que los hubieran llevado para el coto escolar u otro sitio así», la secunda Concepción Lavanda. «No han sido las formas más idóneas, pero había que sanearlo porque había ratas, que las he visto yo con los prismáticos desde mi ventana, porque la gente tiraba basura», rebate Lucía Gil frente al criterio del resto de vecinos arremolinados, que insisten en que «eran conejos pequeñines». «Hacen más daño los que se meten al botellón y los animales de dos patas que hacen por ahí sus necesidades», apostillan.

El balance de daños apuntado por los vecinos acumula además «un cerezo, una higuera y un guindal». «Estuvimos años reclamando que lo vallaran hasta que hace 7 ó 8 lo hicieron, pero después no se habían vuelto a preocupar de nada. Les echábamos lo que sobraba de la berza y cosas así, pero eran los conejos los que lo limpiaban. A ver cómo lo hacen a partir de ahora», reta Mari Paz González, quien insiste en que «no molestaban a nadie». «Yo venía con el nieto todos los días con una escalera para subir a verlos», señala Gabriel Adeva, mientras tras el muro saltan todavía el trío superviviente, antes de cobijarse en un hueco de la pared de adobe de Las Concepcionistas: el refugio de la prole de Bugs Bunny.

Como conejos en pleno centro