sábado. 02.07.2022

La de Ferruccio es una apasionada historia que arrancó con la fabricación de tractores —unos los mejores en su momento—, que lo llevarían, en 1960, a convertirse en el tercer fabricante italiano de maquinaria industrial; animadísimo amante poseedor de automóviles de alta —altísima— gama, incluidos varios Ferrari; Lamborghini acabaría teniéndoselas ‘tiesas’ con el mismísimo Enzo: «sólo me creaban problemas, eran pura basura»; «un fabricante de tractores no podía entender de coches» —le contestaría ‘Il Commendatore’—; así de cordiales eran las relaciones entre ambos constructores cuando la casa de Sant´Agata entró en abierta pugna con Maranello… nacía el 350 GT, al que seguirían el 400 GT y el celebérrimo Miura, de evidentes connotaciones españolas por su amistad con el famoso ganadero de bravo, dibujado por Marcello Gandini para Bertone; de hecho, han sido muchos los modelos de Lamborghini (Miura, Espada, Urraca, Diablo, Aventador…) referidos a la tauromaquia; tantos… que hasta el emblema del fabricante muestra el toro de lidia como motivo principal.

Natural de Renazzo (28 de abril de 1916), una aldea del municipio de Cento, en la provincia de Ferrara, el hijo mayor de Antonio y Evelina Lamborghini —una familia de granjeros—, aquel joven Ferruccio pronto se vería atraído más por la mecánica que por la explotación familiar y, tal como muestran los nacidos bajo el signo de ‘Tauro’ —nada es casual—, Ferruccio acabaría cultivando —imponiendo— un marcado carácter tenaz y seguro de sus propias ideas.

Mecánico tan experimentado como apreciado en el mejor taller de Bolonia, el estallido de la II Guerra Mundial llevaría a Ferruccio a ser reclutado y destinado al 50º Departamento de Maniobras Mixtas en Rodas (Grecia), donde se encargaría del mantenimiento de diversos vehículos militares, como los tractores utilizados para remolcar aviones en tierra; precisamente en Rodas, al finalizar la contienda, fue donde Ferruccio crease su primea empresa… un pequeño taller mecánico.

En 1946, de vuelta a Italia y aprovechando los incentivos para la recuperación económica, nuestro protagonista abriría taller en Cento donde, además de reparaciones, incluso se atrevería con la fabricación de un pequeño utilitario y con la transformación de un camión Morris, presentado en las fiestas patronales de Cento y, paralelamente, embrión de su arranque como empresario: la compra de un millar de motores Morris, endeudándose tanto… como que hipotecaría —con el permiso paterno— la granja familiar.

A partir de ahí, —vaivenes’ incluidos— en 1963 Ferruccio ya se contaba entre los más importantes industriales italianos, abordando, sin complejos (hay quién sostiene que para ‘darle en las narices’ al Commendatore Enzo), la tarea de construir coches de ‘categoría’: el Miura de 1966, reescribió la historia del Gran Turismo; el Countach, lanzado como prototipo en 1971, revolucionó tanto la industria, que mantuvo su modernidad hasta 1990 cuando, tras 17 años y 1.999 unidades, se sustituyó por el Diablo, primer ‘superdeportivo’ de la marca con tracción total.

Después —‘algo’ después, en 2018— manteniendo el revolucionario espíritu del fundador, se lanzaría el Urus, primer Super SUV con el que Lamborghini exploraría nuevos mercados; como con el Sián de 2020, su debut en la hibridación con —¡pues claro!—… un 12 cilindros que utiliza supercondensadores para almacenar —y liberar— energía eléctrica… rápidamente.

Fallecido el 20 de febrero de 1993, su espíritu, el del indomable Ferruccio, sigue hoy tan presente en la compañía (desde 1998 en la órbita del Grupo Volkswagen), como cuando su fundador, tras negársele gubernamentalmente la licencia para construir helicópteros, se ‘las tuvo’ con ‘Il Cavallino Rampante’; con quien, en buena medida, ha acabado ‘compartiendo’ una suerte de apasionadas pasiones: automóviles tan drásticos… como sugestivos. ¡Forza!

Tractorista… de lujo
Comentarios