Diario de León

HISTORIA DE UN GUERRILLERO REPUBLICANO

El mito de los montes del Porma

La Montaña Oriental Leonesa y los Picos de Europa fueron una zona estratégica en la época de actuación de la guerrilla antifranquista. Su abrupta orografía y el apoyo civil ofrecieron buenas posibilidades d

Publicado por
Larry Corresponsal de LILLO.
León

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Posiblemente el nombre de Gregorio García Díaz no se relacionecon Gorete, el apodo familiar con el que fue conocido uno de los huidos más peculiares de cuantos hubo en León. Su actual viuda, Felicidad González, a la que todo el mundo conoce por Lices, e incluso por Goretina, es una parte viva de la memoria de Gorete y una entusiasta de su lucha. En sus recuerdos no sólo están parte de las andanzas y desventuras de su marido, sino una imagen clara de las circunstancias que rodearon aquella época de represión y terror para tanta gente en esa zona de la montaña leonesa. Gregorio García nació en Puebla de Lillo el 21 de Agosto de 1903. Cuando cumple los doce años viaja a Madrid, donde seguirá con interés los avatares políticos del momento. Su vuelta a Lillo se produce a los 19 años, motivada por la muerte de un hermano. Con 27 años preside la Asociación de Ganaderos de Puebla de Lillo. Cuenta su viuda que el alzamiento armado contra la República coge a Gorete en Lillo, dedicado a sus labores ganaderas en el conocido Caserío de Las Repuntas, desde donde baja diariamente al pueblo a escuchar la radio y contrastar opiniones sobre la evolución del alzamiento militar. En una de estas ocasiones un grupo de falangistas de Boñar, a cuya cabeza se encontraba el mismísimo Girón de Velasco, entra en Puebla de Lillo irrumpiendo en el Salón del pueblo, de donde algunos consiguen escapar por las ventanas y donde Gorete y otros son arrestados. Tras unos días de incertidumbre, Gorete decide escapar y con el pretexto de preocuparse por su familia y por el ganado que permanecían en Las Repuntas, solicita un permiso especial. Desde entonces, Gorete no volvería al pueblo como hombre libre hasta 1949. Goro se une en Asturias al Ejército Republicano donde adquiere el grado de teniente en la sección de inteligencia militar en la zona de Tarna. Fue enviado a Gijón donde recibió formación en la Academia Militar y tras la caída de Asturias en manos de los franquistas, Gorete huye al monte en la zona de Laviana, donde recibe ayuda en los primeros momentos de vecinos de Caleao y los pueblos de alrededor. Poco después regresa a Redipollos, donde permanece escondido una buena temporada en casa de una prima. La información como arma La actividad de Gorete el monte apunta al perfil típico del guerrillero que realiza sabotajes, secuestros y atracos para financiar su lucha contra el régimen franquista, sino que señalan hacia un cometido más comprometido con la canalización de información de todo tipo que pudiera servir de ayuda a su propia supervivencia en el monte. Su meticulosidad a la hora de observar el movimiento de sus convecinos de Lillo le hacía estar muy al tanto de quiénes eran las familias sobre las que los fascistas practicaban con más saña la represión. Esta dedicación a conseguir información, (Gorete siempre dijo que su mejor arma fueron los prismáticos, ya que no utilizó nunca armas de fuego) sugiere que podría haber sido importante en el pacto de su entrega, pero esto no sería hasta comienzos de 1949 Tres cuevas en el monte Gorete tuvo tres «residencias» en el monte durante los once años que estuvo huido. La primera excavada en el suelo en el paraje conocido como Montevejiga. También ocupaba otro escondite alternativo en las laderas del pico Susarón, cerca de Puebla de Lillo. Pero la más representativa y de la que queda todavía algo en pie, es la construida en los conocidos como los Peñones de los Lobiles, situada también al Norte de Lillo, y con una ubicación estratégica que domina visualmente una zona muy amplia hasta el pueblo. Durante los inviernos solía pasar el mayor tiempo posible en casas del pueblo o de los caseríos de las proximidades, protegido de las inclemencias del tiempo. En sus escritos, Gorete relata puntualmente la actividad ganadera de los vecinos que accedían a los alrededores, manteniendo contactos periódicos con enlaces que le abastecían de comida y otros menesteres, pero también de periódicos que leía con avidez, especialmente las noticias sobre la marcha de la Segunda Guerra Mundial. Una vida de novela Pese a que su vida en el monte estuvo llena de las incomodidades derivadas de la intemperie y el hecho de tener que estar permanentemente oculto, especialmente al principio, sus escritos reflejan contactos periódicos y frecuentes con muchos de sus vecinos y amigos, sus constantes bajadas nocturnas al pueblo e incluso su asistencia a las fiestas de algunas localidades del entorno, de la que Lices da cuenta. Un referente del control de la situación que tenía Gorete sobre la vigilancia a que estaba sometido pudiera ser su presencia en el velatorio del cadáver de su madre, en 1943 y que se resuelve sin mayores complicaciones pese al gran temor de sus familiares. Este hecho, como muchos otros de la vida de los huidos al monte, fue novelado en la obra «Luna de lobos» por el prestigioso escritor leonés Julio Llamazares, quien conoció personalmente a Gorete antes de escribir la novela. Gorete fallececió de muerte natural el 17 de noviembre de 1990, viviendo hasta entonces como un ciudadano normal. Gorete fue sepultado en una tumba familiar en el cementerio de Puebla de Lillo, en la que no hay ningún signo religioso y en la que figura la inscripción «Con tu sacrificio, valor y honradez conseguiste tu libertad. No te olvidaremos».

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