sábado. 04.02.2023
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Ambición, dinero y poder

Leonardo Di Caprio en el papel de Howar Hughes en «El aviador»
Si viviera, este mes Howard Hughes cumpliría 99 años y, muy probablemente, acudiría con ademán de perdonavidas a la proyección de El aviador, la película en la que Leonardo di Caprio interpreta al estadounidense que mejor entendió y aprovechó las estrechas relaciones entre dinero y poder. En Ciudadano Hughes , Michael Drosnin, de oficio periodista e investigador vocacional, reconstruye en clave policíaca el más significativo de los muchos oscuros episodios que protagonizó Hughes. Tomando como hilo conductor el robo de los documentos que el multimillonario guardaba en la sede de su imperio, en el 700 de la Roamaine Street, en Hollywood, el ex reportero del Washington Post describe el mundo de Hughes y, a la vez, refleja los valores y criterios de un hombre que cultivó con extraña devoción el aislamiento y que jamás pareció interesarse por mantener relación estable ni estrecha con sus semejantes. Entre el hombre desconfiado e intrigante que murió en 1976 y el artificioso Hughes-Di Caprio de Scorsese median varios abismos. Pocos estadounidenses, tampoco Scorsese, osarían retratar con la crudeza de Drosnin los tejemanejes de líderes políticos como Nixon y Humphrey para contentar a Hughes y obtener sus favores. Poco después de morir el magnate, el editor de Playboy publicó Yo cazaba moscas para Howard Hughes , cuyo autor es Ron Kistler, un tipo que fue contratado por el multimillonario para matar moscas en el apartamento número 4 de Beverly Hills en el que se hospedó durante tres años. El libro de Kistler, de valor literario ínfimo, complementa ahora la prolija novela-informe de Drosnin. Porque sólo así, leyendo ambos, es posible hacerse una idea de la personalidad de Hughes, un hombre capaz de controlar a quienes manejaban los resortes del poder en Estados Unidos y, al mismo tiempo, perder el tiempo en cuestiones tan baladíes como inútiles. El libro de Drosnin es, más que una biografía, el retrato de un magnate que vivió fuera de época porque sus actitudes y actividades eran más propias de un noble caprichoso del siglo XVIII que de un hombre rico del XX. Ciudadano Hughes es, en cierto modo, el tendal del que cuelga la ropa sucia de alguien que enlodó personas y escenarios pero que sólo lavó la fachada y el sobretodo. El resto de la colada se seca ahora al sol de Drosnin. CIUDADANO HUGHES. Michael Dronin. Editorial Planeta. 466 páginas. 22 euros.

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