martes 24.09.2019

Ava Gardner, que le quiten lo bailao

El periodista Marcos Ordóñez recorre en un nuevo libro los pasos de la actriz en España, donde fue «intensamente feliz»
Ava Gardner, que le quiten lo bailao
«Llegó a España y se la bebió trago a trago». Así resume el periodista Marcos Ordóñez (Barcelona, 1957) la estancia de Ava Gardner en nuestro país, donde fijó su residencia de 1954 a 1968. «Fue una mujer excesiva, extremista y contradictoria, de ahí que pasara por épocas muy vitales e intensas y también por periodos de fuertes depresiones», asegura el autor de Beberse la vida. Ava Gardner en España (Editorial Aguilar). La actriz estadounidense, nacida en 1922, aterrizó en el aeropuerto de Barajas en 1950 para rodar Pandora y el holandés errante , una película menor dirigida por Albert Lewin. Aunque profesionalmente no le reportó mucho, disfrutó tanto que regresó en 1953. «Había tenido dos abortos y eligió España para recuperarse», explica Ordóñez. En aquellos años estaba casada con el cantante Frank Sinatra, un hombre que, a juicio del escritor, «tenía un ego enfermizo». «Quería ser el número uno en todo y a Ava Gardner le asfixiaba el control que ejercía sobre ella». Cuando piso tierra española para quedarse (1954) ya había protagonizado algunos de sus más célebres filmes, entre ellos Mogambo . «Era una estrella rutilante; Madrid, con ella, como dijo Jaime Chavarri, adquirió categoría sexual». Le apasionaban los toros, el flamenco y las fiestas nocturnas. Pocas fueron las noches que regresaba al hotel Hilton -allí tuvo su casa durante una temporada - antes del amanecer. Ordóñez relata algunas divertidas anécdotas. «Una vez para a un camión de la basura y se descalzó; estaba tan borracha que se subió a la cabina y le pidió al conductor que la llevara al Hilton». El revólver de Perón Cuando se trasladó a un piso de la calle del doctor Arce coincidió, en el mismo bloque, con el estadista argentino Juan Domingo Perón. «Ava Gardner organizó una fiesta de las suyas, es decir, alcohol, flamenco y ruido infernal», explica Ordóñez. «A las dos de la madrugada se presentó Perón, que vivía en el piso de abajo, con un revólver en la mano. Aporreó la puerta. Cuando le abrieron exigió silencio inmediato so pena de «males mayores». Ava Gardner, que debía de tener algunas copas de más, se asomó a la ventana y comenzó a gritar: «¡Perón, cabrón!, ¡Perón, maricón!». Según Ordóñez, Gardner era capaz de «subirse a una mesa y orinar en público» e incapaz «de coger un micrófono y pronunciar dos palabras a ese mismo público». Se casó tres veces, pero sólo tuvo dos grandes amores: Frank Sinatra y Luis Miguel Dominguín. «Con Sinatra mantuvo una relación muy tormentosa y profunda, pero con Luis Miguel Dominguín fue feliz, intensamente feliz». El torero la llevaba a cenar, a bailar flamenco y sobre todo «le hacía reír». Con el diestro «se rió como con ningún otro hombre». Curiosamente, la célebre anécdota que se cuenta de ellos dos, la primera noche que pasaron juntos, no es cierta. Luis Miguel Dominguín le contó la verdad a Carlos Abella. Le dijo que un día, con unos amigos, se le ocurrió decir: «Lo primero que hice, nada más acostarme con Ava Gardner, fue vestirme y salir corriendo a contarlo». Nunca hizo una cosa semejante. Es verdad la ocurrencia y es verdad que se lo contó a unos amigos, pero nunca salió corriendo para contarlo. Deshecha por el alcohol y las depresiones -«me pregunto por qué la gente, cuanto más vividora, más desgraciada es», dice Ordóñez-, se fue de España acosada por las deudas y por el Ministerio de Hacienda. «Acabó sus días en Londres, prematuramente, pero como se suele decir: que le quiten lo bailao ».

Ava Gardner, que le quiten lo bailao
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