miércoles 2/12/20
ROSTROS DE BARRO

Charo acera da la cara por el arte

charo acera reivindica la escultura en un diálogo con la sociedad en tiempos de crisis y de auge de lo efímero en el arte con su proyecto ‘posa para mí’ que culminará en una exposición de 60 retratos de barro

Cuando la gente se sienta para posar Charo Acera ya tiene preparada la bola de barro. Sujeta por un vástago de metal y anclada en una plataforma cuadrada la arcilla va tomando forma a lo largo de dos horas y media que se pasan volando.

Posar es un ejercicio efímero, pero duradero gracias a las manos (y a la mirada) de la artista. Entre las palabras y el café de media mañana, el barro se torna en rostro. Finalmente, «un gesto, una expresión, un parecido, el rasgo único de cada persona, se convierte en la esencia del retrato de arcilla. Las fotos servirán para completar el busto en el taller. El sentimiento ya va impreso en el barro.

Son dos horas y media de diálogo, con palabras o sin ellas, entre la artista y el o la modelo. El tiempo necesario para «captar la expresión», no para hacer un retrato al uso que requiere, como mínimo, dos o tres meses. «El barro te permite captar ese gesto», subraya.

Charo Acera es escultora y profesora de Volumen en la Escuela de Arte de León. Una mujer inquieta. Con un curriculum enorme en el que caben desde su faceta de docente, casi 25 años en el aula, a las numerosas actividades individuales y colectivas que ha desarrollado como artista. Charo Acera es extremeña de nacimiento, de Plasencia (Cáceres).

La enseñanza le abrió las puertas de León hace 24 años y aquí ha echado raíces con su familia. Defiende «el ensayo y el trabajo diario» como ingredientes indispensables para convertirse en artista y le apasiona sacar el arte fuera de la escuela, compartirlo con la sociedad.

En plena crisis económica, también para el mundo del arte, decidió hacer algo por mantener viva la experiencia de la escultura. Y se inventó el proyecto Posa para mí. «Somos barro y quería experimentar el retrato a través de la arcilla y de la participación de muchas personas, pero no tenía un espacio. Hablando con Fran, de Enmarcación Kanya, me ofreció su tienda. Juan Luis García diseñó el cartel y el proyecto se empezó a mover», explica.

Empezaron en octubre y ya son más de treinta personas las que, compaginando sus ratos libres y los de la escultora, han posado para Charo Acera. «El barro es mi lenguaje, empecé modelado en Salamanca cuando estudiaba COU y me matriculé en la Escuela de Arte», confiesa. De ahí saltó a la Facultad de Bellas Artes de Sevilla, donde se licenció en la especialidad de escultura.

Hoy posa para ella Félix Fernández, su compañero en el departamento de Volumen. Félix Fernández opina y sugiere, es profesor. Pero no es lo habitual. La gente se mueve en el asiento, habla, mira cómo va naciendo su rostro, se levanta y pasea por la tienda, sonríe...

«No recuerda uno que allí le hiciesen preguntas, le exigiesen nada, y como que guardas el arcaico, abisal recuerdo de que allí sólo tenías que ser y estar, sin más, sin conciencia de nada, acaso, sin duda, en paz», escribió Juan Campal tras pasar por la experiencia de modelo. Fue uno de los primeros. Era casi verano, cuenta, aunque a él le habitaba ya el invierno.

El proyecto se cerrará con 60 esculturas y una exposición en la que los colores anaranjados y rojizos de la arcilla cocida llenarán una sala completamente blanca en El Albéitar. «La idea es que cada rostro esté colocado a la altura real de la persona a la que pertenece», añade.

La «gran familia» de barro es una obra de arte y ensayo. A Charo Acera le preocupa la desaparición de la obra de arte (y de los y las artistas) de la esfera pública con el retraímiento de las instituciones escudadas en la crisis y le ocupa a diario su pasión por el proceso de aprendizaje.

Modelar los rostros de gente de a pie, anónima y conocida, a partir de dos horas y media de posado en la tienda de la calle Monasterio es también un ejercicio de reivindicación del trabajo manual del arte en un entorno en el que «se ha potenciado lo efímero, la instalación y la acción y el trabajo no manual del arte que se traspasa a la industria», explica Charo Acera.

«Es un ejercicio para convencer de que para ser artista necesitas saber dibujar, modelar, tratar el espacio... y que, al fin y al cabo, los artistas no tenemos por qué ser bichos raros como personas. Es una profesión en la que también cuenta el ensayo y el aprendizaje», insiste la escultora.

También pone en valor la aportación de las mujeres al arte frente al modelo más extendido de «artista varón, maravilloso y estupendo» tan mitificado por la sociedad y por los mundillos del arte. Camile Claudel y Auguste Rodin son el paradigma.

Las mujeres están presentes en toda la obra artística de Charo Acera. El discurso de género, el compromiso con los problemas que acucian a las mujeres de su tiempo y la imagen femenina forman parte esencial de su obra artística y de sus preocupaciones cotidianas.

Posa para mí surge precisamente «de una exposición anterior que hice en el Palacio de Don Gutierre de la mano de Miguel Escanciano y se llamó ¿Y las mujeres? en la que había modelados rápidos de parecidos de la gente con la que me cruzaba por la calle...», explica la autora.

«El carácter espontáneo de aquellos modelados me atrae, haciendo de este ejercicio un reto en mi actividad escultórica. Las texturas, los pegotes abandonados, las huellas de las manos, etc.», añade. Charo Acera lanzó la idea y ofreció sus manos y el barro en una oportunidad para experimentar en directo la sensación de ver ‘nacer’ la imagen propia en la arcilla.

El pintor Manuel Jular hace el número 31 de la lista. Es uno de los últimos en posar para el proyecto. Eduardo Aguirre, Rafa Parrado, Manuela Bodas, Juan Encina... Pilar Pérez, Felipe Zapico, Vera Fernández, Dulce María... La lista creció rápidamente y enseguida se formó lista de espera para posar. A petición de la artista o por iniciativa propia han ido desfilando por la tienda de la calle Monasterio en los últimos meses una treintena de personas.

La clientela que entra en Kanya Enmarcación asiste curiosa al ‘espectáculo artístico’. Hay quien mira desde la cristalera del escaparate y también una alumna de la Escuela de Arte que se pasa algún sábado para observar y ver lo que pasa. Toma notas en su cuaderno y hace algún dibujo.

Carlos González, el marido de Charo Acera, y su hija Lucía González Acera se ocupan de las fotos. El proyecto vuela por la red y su memoria se aposenta en el blog eltallerdecharoacera.blogspot.com. La voz, y los rostros de barro, desfilan también a través de facebook. La red social se ha convertido en un canal de transmisión de una idea que reivindica el trabajo manual y el ensayo como parte de la experiencia artística. Tradición e innovación en alianza.

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