miércoles. 17.08.2022
10 años de la III marcha negra

La tercera y la vencida: la última gesta minera

■ «Sois el orgullo de este país». Madrid se puso en pie ante las columnas de mineros que llegaban andando a la capital desde todas las cuencas carboneras de España

■  El Gobierno de Rajoy había intentado evitar su paso por La Moncloa, pero el pueblo quería fundirse con la dignidad de aquellos hombres y mujeres que luchaban por salvar un sector condenado

■  Esta es la historia de una gesta: la de la tercera y última marcha minera

Los mineros leoneses caminan hacia Madrid en la III Marcha negra en defensa de la minería del carbón. Era el 2 de julio de 2012. FOTO NORBERTO
Los mineros leoneses caminan hacia Madrid en la III Marcha negra en defensa de la minería del carbón. Era el 2 de julio de 2012. FOTO NORBERTO

Fue la crónica de una muerte anunciada y sin embargo volverían a hacerlo.

Los mineros leoneses que caminaron hasta Madrid en la III Marcha Negra están orgullosos de haberse quemado los pies en la lucha por la continuidad del carbón y en defensa de sus puestos de trabajo. Y además creen que el tiempo «nos ha dado la razón». 

La crisis energética y los vientos favorables al carbón en Alemania  les reafirma en que «era necesario tener una reserva estratégica de carbón», afirma Antonio Fernández, secretario comarcal de UGT en Laciana que vivió la marcha en la retaguardia de su logística.

Fueron 20 días sobre el asfalto. A cielo abierto.

Sólo pedían al Gobierno que cumpliera el Plan del Carbón. Y hasta eso era mucho

El 22 de junio de 2012  una columna de mineros partió de Villablino con trabajadores de Laciana y la cuenca de Gordón; desde Bembibre, la columna berciana se uniría en La Magdalena y desde Mieres, la asturiana, se sumó en La Robla a la serpentina de hombres y mujeres que salvarían a pie los casi 500 kilómetros hasta Madrid. Desde Teruel partían los mineros de Andorra. Y otro puñado desde Puertollano y las cuencas del sur.

Cerca de 250 trabajadores y trabajadoras (las mineras de Hunosa) recorrieron un camino marcado por la épica veinte años atrás por los mineros de la MSP, con las fundas y los casos de trabajo y con calzado deportivo, pero por primera con la suma de todas las fuerzas del sector del carbón.

Sólo pedían al Gobierno que cumpliera el Plan del Carbón. Y hasta eso era mucho.

En las camisetas llevaban impresa la profecía: «Quieren acabar con todo».

Una de la imágenes icónicas de la III Marcha Negra: los mineros de las cuencas leonesas sentados ocupando la Castellana, la arteria principal de Madrid, el 11 de julio de 2012. FOTO NORBERTO
Una de la imágenes icónicas de la III Marcha Negra: los mineros de las cuencas leonesas sentados ocupando la Castellana, la arteria principal de Madrid, el 11 de julio de 2012. FOTO NORBERTO

Solo fueron necesarios cuatro o seis años, según las cuencas, para que se cumpliera. Ya no queda apenas nada en la minería privada del carbón y tan solo una plantilla residual de Hunosa enarbola la bandería de la minería del carbón en España.

El 10 de julio entraron en Madrid con los pies cansados y el alma henchida por el compañerismo y las ovaciones que les aguardaban a las puertas de la Ciudad Universitaria. Los mineros fueron recibidos como doctores honoris causa de las luchas obreras.

El rector de la Univesidad Complutense, José Carrillo, y el de la Universidad Politécnica, Carlos Conde, acudieron a su llegada: «Sois todo un ejemplo para nosotros». 

La luz de los mineros se desparramó sobre Madrid hasta la Puerta del Sol en una procesión casi religiosa por el fervor con que aquellos hombres y mujeres eran mecidos por la masa

El 11 de julio fue otro baño de multitudes por la Castellana. Los mineros estaban cansados y esperaban poco. Tenían prisa por ir a liberar a sus compañeros encerrados en el pozo San Cruz, que llevaban ya 53 días sin ver el sol. Sería tres días después. 

El espíritu del 11-M planeaba por la capital. «Vosotros sí sois el orgullo de nuestro país, por vuestra dignidad,  vuestra honradez y vuestro valor, y no la selección de fútbol», proclamaba una comitiva de Carabanchel que había recogido algo de dinero para la caja de resistencia de los mineros.

Y con orgullo lo recuerdan algunos de aquellos mineros leoneses una década después.

Las lámparas de los mineros iluminaron Madrid la noche del 9 al 10 de julio de 2012. FOTO NORBERTO
Las lámparas de los mineros iluminaron Madrid la noche del 9 al 10 de julio de 2012. FOTO NORBERTO

Al caer la noche, las columnas salieron de la ciudad universidad con sus lámparas encendidas. La luz de los mineros se desparramó sobre Madrid hasta la Puerta del Sol en una procesión casi religiosa por el fervor con que aquellos hombres y mujeres eran mecidos por la masa. 

«Me siento superorgulloso, aunque luego lo hicieron muy mal», dice Sergio Pérez Cruz, un minero de Ciñera que petó las redes sociales, otra novedad que diferencia a la III Marcha Negra de sus predecesoras.

«Se prejubiló gente más joven que yo», asegura por teléfono desde el camión que ahora es su puesto de trabajo. «En agosto de 2016 nos despidieron de la Vasco y aunque queríamos quedarnos otro y yo, al final, por miedo, aceptamos» la baja incentivada.

«Me tuve que reinventar, de minero a camionero», dice satisfecho, por el presente y por el pasado: «Estuve allí, Eso no me lo va a quitar nadie». Hace diez años luchaba por el pan atravesando Tierra de Campos y Castilla y a sus 45 años se recorre todas las carreteras de Castilla y León con la caja del camión llena de alimentos y productos para los supermercados de Mercadona.

Un arco de bastones recibe a los mineros en la sexta etapa de la III Marcha Minera en Villamañán. Fue el homenaje a los mineros de la III Marcha Negra el 27 de junio de 2012. FOTO NORBERTO
Un arco de bastones recibe a los mineros en la sexta etapa de la III Marcha Minera en Villamañán. Fue el homenaje a los mineros de la III Marcha Negra el 27 de junio de 2012. FOTO NORBERTO

Sergio Pérez Cruz se acuerda, como de «un compañero más» de Norberto, el fotógrafo de Diario de León que se echó a la carretera con los mineros cámara en ristre por tercera vez. Norberto Cabezas Quintanilla, que falleció en 2013, cubrió con orgullo todas las marchas mineras. Era uno más.

 «Llevo acordándome todos los días dónde estaba desde el 22 de junio», comenta Sergio Diez, de Villablino. «Yo volvería», asegura a pesar de todas las veces que le han echado a la cara las palabras de desaliento: «¿Para qué fuisteis? No sirvió para nada... Que digan lo que quieran. Hice lo que estaba en mi mano y el tiempo nos ha dado la razón. Tenían que haber dejado un mínimo», lamenta.

Diez trabajaba en la mina La Escondida de Caboalles de Arriba cuando partió con la columna de 60 mineros que salió de Villablino

. «Me echaron en 2013 y gracias a los contactos que hice en la marcha me fui a Minertran, que empezó a trabajar para la Hullera Vasco Leonesa», explica.

Tres años después llegó el fin. Durante un tiempo se dedicó a las colmenas, pero aquello no daba para vivir y tiró de los carnés de conducir profesionales que había obtenido «cuando empezaron las movidas». 

Ahora se pasa la semana en la carretera. Por la mañana cargando en Rivas Vaciamadrid y por la tarde en el polígono industrial de Onzonilla. Cuando descansa vuelve a Villablino, donde reside su mujer y dos hijos. Es de los pocos que no ha dejado el valle a pesar de que el trabajo lo tuvo que buscar fuera.   

«La gente se fue prejubilando, los jóvenes se tienen que marchar y las cuencas mineras han caído en el olvido. La población ha sido la peor parada», afirma Toño Fernández.

«En Alemania abriendo las minas y nosotros tirando las térmicas»

La posición de Villablino en el mapa, apartado de todos los ejes de comunicaciones, no le favorece. Y el golpe se siente en la provincia. «Pese a quien le pese, la minería era el motor de la provincia. Pero a los mineros nos miraban raro, como si tuviéramos rabo. Ahora se ve. Apostaron por cerrar las minas sin alternativas y todos pagamos las consecuencias», añade.

Sergio Díez, uno de los protagonistas de la III Marcha Negra. Ahora es camionero. Como otros compañeros, tuvo que reinventarse. MIGUEL
Sergio Díez, uno de los protagonistas de la III Marcha Negra. Ahora es camionero. Como otros compañeros, tuvo que reinventarse. MIGUEL

Sin alternativas y arrasando con lo que quedaba en palabras de Juan Jesús Colmenero: «En Alemania abriendo las minas y nosotros tirando las térmicas», critica este minero que vive pendiente del juicio del accidente de la Hullera Vasco Leonesa del 28 de octubre de 2013 en el que fallecieron seis compañeros.

La estela más triste del fin de la minería en León cuya herida se ensancha para las familias cada día que pasa sin juicio.

«Me prejubilé, me tocó la lotería porque tenía 45 años y a esa edad, y minero, no iba a encontrar trabajo en ningún sitio», asegura. Estuvo 23 años en el tajo, vive a caballo entre La Robla en invierno y el Órbigo en verano y de la marcha el mejor recuerdo que guarda es el compañerismo. De vez en cuando aún quedan a cenar un grupo de aquella columna en la que compartieron 21 días y sus 21 noches.

La III Marcha Negra fue la última gesta minera. La que era inevitable que sucediera porque no hay dos sin tres. La vencida. Si es que  hubo alguna que se ganara.

Arreciaba el calor y se madrugaba mucho. El tema Días de barricá de Spanta la Xente era el despertador de los primeros pasos de la marcha al amanecer. Por delante iba Jorge Vega, uno de los mineros que se ocupaba de la intendencia de cada etapa para las columnas leonesas. Ahora está prejubilado y vive entre Villablino y Oviedo.

Lo peor, a su juicio, es la situación en que ha quedado la comarca. «Tanto dinero como se manejó. ¿Quién se lo llevó? El empresario que se lo metió en el bolsillo, se declaró insolvente y se va librando de todo. Tiene no sé cuántas condenas y no le veremos entrar en la cárcel. Es lo que más me indigna. Está protegido por arriba».

El homenaje en forma de aplauso a los mineros de la III Marcha Negra. Fue durante la séptima etapa, el 28 de junio de 2012. Esa imagen, de reconocimiento espontáneo, se repitió durante todo el camino a Madrid, la gente salía a la carretera para mostrar su apoyo a los mineros leoneses. FOTO NORBERTO
El homenaje en forma de aplauso a los mineros de la III Marcha Negra. Fue durante la séptima etapa, el 28 de junio de 2012. Esa imagen, de reconocimiento espontáneo, se repitió durante todo el camino a Madrid, la gente salía a la carretera para mostrar su apoyo a los mineros leoneses. FOTO NORBERTO

Vega también se queja de las cantidades que se invirtieron fuera de las comarcas mineras y señala a Valladolid como una de las principales beneficiarias.

Pese a todo cree que la marcha fue útil: «Para algo sirvió, para parchear, para que fuera algo menos drástico».

«A día de hoy volvería a hacerlo. Era nuestra forma de vida y volvería a repetirlo

«La experiencia fue muy bonita», apunta Jonathan González. Era uno de los más jóvenes. Con un 28 años y un niño de seis meses se echó a la carretera para luchar por el trabajo que mamó en casa. «Mi padre, mi abuelo, mi tío y algo también mi hermano fueron mineros», comenta., «A día de hoy —asegura— volvería a hacerlo. Era nuestra forma de vida y volvería a repetirlo. La recompensa fue el apoyo de la gente en todos los sitios a los que llegábamos y la llegada a Madrid»,

Hoy tiene dos hijos, de 10 y siete años, y trabaja en el servicio de mantenimiento de Infusiones Susarón en el polígono de La Magdalena. «Aposté por formarme. Nada más que en el 2016 firmamos la salida, hice un módulo de instalaciones eléctricas en la Robla y antes de terminar ya tenía trabajo». Jonathan consiguió su objetivo de encontrar empleo cerca de casa, aunque siente «pena y rabia al ver cómo está la zona, con todo dejándose caer y olvidada». 

«En la marcha cada uno tenía sus intereses. El mío era que la mina durase lo más posible. Para otros el objetivo era poder prejubilarse para irse».

La III Marcha Negra fue la última gesta minera. La que era inevitable que sucediera porque no hay dos sin tres. La vencida. Si es que  hubo alguna que se ganara.

En la resistencia siguen las Mujeres del Carbón y las cuencas mineras. El espíritu de la mina no se extingue.

La tercera y la vencida: la última gesta minera
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