jueves 19.09.2019

Vicente Muñoz, en su carretera

|||| Es el más americano de los escritores leoneses y el más libre de los que practican el negocio literario. Los habrá más independientes, pero Vicente Muñoz se expone. Conjuga el escribir para ser leído con todas las consecuencias y huye del escritor inteligente, tan listo, que guarda sus papeles en su ego y en sus archivos secretos. Poco a poco, su figura emerge como un autor a la más pura escuela beat; y como confesaba a Cristina Fanjul en este periódico (viernes, 27 de marzo. Pg. 59), en una jugosa entrevista, le motivan «las bifurcaciones y cruces, los límites y extrarradios y los territorios fronterizos». Provocando saludables daños colaterales al star system literario. Así se explica que Muñoz, de vez en cuando, irrumpa con apuestas arriesgadas y siempre con contenido. En los libros que llevan su presencia siempre hay un interés añadido. Lo hizo con aquel excelente colectivo sobre Bukowski y lo repitió recientemente coordinando 23 Pandoras , en donde junta y revuelve poesía con firma de mujer. Ya de muy joven descubrió lo obvio: para escribir hay que leer mucho. Y quién sabe si mientras ensayaba a la batería las canciones de Veredicto Final, el grupo más simpático del pop leonés, en realidad lo que hacía era anunciar tambores de literatura alternativa. Sigue en la carretera, en el verso y en la prosa, y ahora presenta Mi vida en la penumbra , que es un lugar íntimo y contradictorio, pero hay luz.

Vicente Muñoz, en su carretera
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