sábado 28/5/22
                      fernando otero
fernando otero

España ha inaugurado este miércoles el primer día sin mascarilla en dos años en la mayoría de interiores con cierto alivio de la población, pero también con recelos a quitársela y muchas dudas aún sobre lo que pasará en algunos ámbitos, como el laboral y el escolar, que el real decreto publicado este miércoles no despeja.

Poco antes de las 8 de la mañana, el BOE subía la nueva normativa sobre el uso del cubrebocas que aprobó el martes el Consejo de Ministros con la que se pone fin a 700 días de obligatoriedad en todos los espacios cerrados, salvo para trabajadores y visitantes de centros, servicios y establecimientos sanitarios, centros sociosanitarios y transportes, menos en andenes y estaciones.

Como sucedía antes, quedan exentas personas con algún tipo de enfermedad o dificultad respiratoria o que, por su situación de discapacidad o dependencia, no dispongan de autonomía para quitársela o presenten alteraciones de conducta que hagan inviable su utilización.

También cuando, «por la propia naturaleza de las actividades, el uso de la mascarilla resulte incompatible, con arreglo a las indicaciones de las autoridades sanitarias».

A pesar de ello, la medida sí que ha sido recibida con cierta alegría y alivio por parte de la mayoría de los ciudadanos, que la aceptan como un signo del final de la pandemia, aunque todavía son muchos los que se muestran cautelosos y optan por mantenerla.

«Como ciudadana estoy contenta, porque teníamos todos muchas ganas de quitárnosla, pero en comercios creo que la mayoría por ahora vamos a seguir utilizándolas», comentaba Gema, vendedora de una tienda de ultramarinos.

Los comerciantes afirman que una gran parte de sus clientes sigue entrando a los locales con ella y «son excepciones» los que no la llevan, señala Rafael, carnicero, quien la seguirá usando en su trabajo «para salvaguardar a los demás».

En los transportes públicos, la gente está de acuerdo con que siga siendo obligatoria, ya que «donde haya mayores aglomeraciones es bueno que se siga usando», en palabras de Luisa, usuaria de un transporte público.

«Sigo llevando la mascarilla incluso por la calle. No me gusta nada la idea de compartir espacios interiores con gente sin mascarilla», reconoce Eva, propietaria de un pequeño negocio en Barceloona y que en noviembre de 2020 fue ingresada por una neumonía bilateral tras contagiarse de la covid-19.

Una situación muy distinta se veía en los gimnasios: «Lo primero que preguntan es si se puede quitar, les decimos que es opcional, y todo el mundo se la quita sonriendo», confiesa Álvaro, monitor de uno de ellos en Madrid. En otro de esta misma ciudad, los clientes entraban directamente aplaudiendo. «¡Qué felicidad veros las caras!», les respondía María, su gerente.

Los líderes nacionales de UGT y CC OO, Pepe Álvarez y Unai Sordo, han defendido la voluntariedad de los trabajadores para continuar llevando la mascarilla en sus empresas. Álvarez ha apostado por ver cómo evoluciona la incidencia del coronavirus en esta nueva etapa, aunque no le ha gustado que Sanidad no haya consultado con las organizaciones sindicales.

En el ámbito público, CSIF reclama la reunión urgente de los comités de seguridad y salud en el trabajo para evaluar los riesgos y regular o no el uso de las mascarillas.

Alivio, cautela y muchas dudas en el primer día sin las mascarillas
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