jueves 5/8/21
DÍA DE MUERTOS

Almas en pena

Tradiciones difuntas a resucitar. Las campanas repicaban con el estremecedor toque de muerto durante toda la noche, los mozos se daban el banquete de la machorra y los cofrades de las ánimas la comilona con postre de castañas cocidas con anís. «Rescatar todas esas tradiciones del mundo rural ayudaría a la recuperación económica», afirma el antropólogo José Luis Alonso Ponga
Un camposanto en la provincia de León.

Las tradiciones leonesas en torno al día de los muertos son almas en pena que aún reververan en la memoria de las personas mayores y perviven en algunos pueblos que celebran magostos o ‘magostus’, la noche de ánimas o filandones con historias para no dormir en sustitución del Juan Tenorio que se representaba la noche de difuntos.

Las ánimas bailarinas fueron una fiesta muy popular en Gordoncillo. Era el baile que organizaban mozos y mozas después de la vendimia, coincidiendo con las vísperas de Todos los Santos.

Cuenta el antropólogo leonés José Luis Alonso Ponga que la fiesta de Todos los Santos se celebró hasta el siglo VIII en el mes de mayo, que era el mes de los lemures o espíritus difuntos en la tradición romana. Pero el papa Gregorio III la traslada a noviembre, en coincidencia con la antigua tradición celta del Samaín o Año Nuevo Celta.

Y fueron los conventos de benedictinos los primeros en organizar la celebración de santos y difuntos allá por los siglos IX y X. El auge de las cofradías de Ánimas a partir del siglo XVI se extiende por toda la geografía rural leonesa. «La igualdad ante la muerte no existe y el ser humano a lo largo de la historia ha trabajado para el bien morir tanto espiritual como materialmente», explica Ponga.

Las cofradías de Ánimas se crearon para garantizar el digno entierro «con misas con uno o dos sacerdotes y muchas velas transmitiendo la luz, más cabos de año y aniversarios». Sobre la «gestión económica» que la iglesia hace del purgatorio, ese lugar donde las almas se quedaban atrapadas hasta que eran rescatadas por la limosna, el francés Legof escribió un libro de culto.

Las cofradías de ánimas tenían por costumbre celebrar la fiesta de la cofradía el día de Difuntos. En el libro de la cofradía de Ánimas de Valdesaz de los Oteros recogió Ponga un curioso episodio que al parecer era frecuente. «En las cuentas que dan los mayordomos de los dos primeros años, se anotan gastos en la comida de la fiesta que, aún siendo muy normales, si los comparamos con otras cofradías de la época al obispo le parecían desorbitantes», explica en el libro Valdesaz en/de Los Oteros. Patrimonio Histórico y Artístico en los pueblos del sur de León.

Los prelados, especialmente a partir del siglo XVIII, eran más partidarios que los cofrades se gastaran el dinero «en misas y sufragios por los difuntos» que en «refrescos y colaciones». Las cuentas del año 1754 de la cofradía de Valdesaz revelan los gastos en carne de vaca y de carnero, además de tocino, para el cocido de garbanzos, las sardinas, el aceite, el vinagre y, por supuesto, el vino y otros dispendios como el queso, los pavos que prohibió el obispo. «A partir de esa fecha ya no aparecen relaciones de dineros empleados de esa manera», explica Ponga y aumentan considerablemente los dineros dedicados a hachas de cera, hasta el punto de que el visitador del obispo sospecha que hay gato encerrado. Es decir, que los cofrades, con la connivencia del sacerdote, camuflan los gastos de la comida de los cofrades. Nunca hubo pegas para los gastos de la comida que se daba al predicador, generalmente un dominico, que traían en caballerías desde Valencia de Don Juan, agrega el antropólogo.

En Melgar de Arriba, el sacerdote justificó el incumplimiento del mandato del prelado porque «la cofradía, si no fuera por estas comidas amenazaba con quedar desierta». También era corriente que se consumieran de postre las castañas cocidas con anises en calderas que se alquilaban en Sahagún.

Las castañas de las ánimas se repartían a cambio de rezar por las ánimas. «Aún recuerdo a mi padre que las llevaba a casa de parte de la cofradía y en Villafranca del Bierzo tiraban desde la torre las ‘mamucas’. Por cada castaña que se recogía había que rezar un padrenuestro». El truco-trato del Halloween de hoy era el do ut des (doy para que des) de aquel tiempos.

Era costumbre que la noche de difuntos los mozos subieran al campanario a tocar a muerto. Durante toda la noche los bronces sonaban como lamentos por las almas en pena. Los chicos se daban el banquete de la machorra, una oveja vieja, rematado con vino y castañas. «A través del grupo de edad de los mozos, que representan la defensa del territorio, se espanta a las ánimas que andan por el pueblo» y que en territorios como Galicia darían lugar a las leyendas de la Santa Compaña. También en el Bierzo se bebía el vino caliente o ferbudo, muy típico de Centroeuropa aún hoy en día en los mercadillos callejeros. En la cultura celta de estas regiones hay ánimas que cabalgan durante la noche de Walpurgis.

Estas cabalgadas se atribuían a Odín y otros héroes, hasta que en la Edad Media «empiezan a aparecer las cabalgadas de ánimas de mujeres o dirigidas por mujeres que se consideraban negativas y había que domesticar y cristianizar», explica. Son las brujas de Walpurgis.

Todas estas creencias sobre almas en pena que vagaban la noche de difuntos por los pueblos «daban un respeto reverencial y terrorífico» que contrasta con las «caricaturas» que se venden ahora como «miedo», sentencia Ponga. Festivales de Ánimas como el que realizan en Soria son un ejemplo, añade, de que «estas tradiciones rurales se pueden aún rescatar y contribuirían a la recuperación económica». Ahí queda la idea. Puede que aún prenda.

CASTAÑAS Y BUÑUELOS
Las castañas y las granadas, como frutos cerrados en sí mismos, simbolizan el misterio del más allá. Su naturaleza se ha acoplado a las creencias y si en el noroeste peninsular son las castañas las que  simbolizan los perdones de las ánimas, en la zona mediterránea la fruta elegida es la granada. En cuanto a los buñuelos, se cree que son de origen árabe y surgieron en Almogía, un pueblo de Málaga, en el año 1090, cuando el rey sevillano Mohamed ben Abad Al Motamid cercó la fortaleza de la ciudad, apunta Elena Sanz en MuyHistoria.

PURGANTES EN
VALDESAZ DE LOS OTEROS
Los altares de Ánimas abundan en
las iglesias con representaciones del
purgatorio que daban verdadero pánico a las
gentes de la cristiandad. El de Valdesaz de los
Oteros, iglesia declarada Bien de Interés Cultural
que posee un artesonado policromado espectacular,
es el altar de la cofradía de Ánimas, el de más
«devoción y abolengo en la villa», como señala José
Luis Alonso Ponga en el libro que publicó el pasado
verano. Unos personajes desnudos entre llamas a los
que la Virgen del Carmen contempla desde el cielo
mientras unos ángeles tratan de rescatarlos. Es la
imagen viva de los lamentos de las ánimas que
también se recogen en oraciones que se cantaban:
«Romped, romped mis cadenas /
Alcanzadme libertad, ¡Cuán terribles
son mis penas! / Piedad, cristianos,
piedad!...»

Almas en pena