jueves. 07.07.2022
covid
Familiares de residentes fallecidos en la residencia Adolfo Suárez de Madrid les rinden un homenaje colocando símbolos elaborados por ellos mismos en las inmediaciones del centro. VÍCTOR LERENA

Desde la ventana de su pisito madrileño (60 metros cuadrados), Justo observa cómo en la terraza de un bar unos jóvenes charlan, fuman y se dan abrazos para celebrar el feliz reencuentro. Ninguno lleva mascarilla. «Por eso tengo pánico a salir a la calle», dice este jubilado de 60 años, que trabajó durante 40 como vendedor, primero en Galerías Preciados y luego en El Corte Inglés. A Justo Herráiz le diagnosticaron EPOC (Enfermedad Pulmonar Obstructiva Crónica) hace algo más de un lustro. Cuando habla no alarga las frases para que no le falte el aire y a veces su respiración es jadeante. «Tenemos los pulmones bastante fastidiados y más riesgo de contraer cualquier tipo de virus, no solo el Covid. Por eso tengo pánico de salir a la calle y, más aún, viendo que no se están cumpliendo las distancias de seguridad». Justo, en lista de espera para un trasplante de pulmón, y otros pacientes graves de EPOC ven con «extrema» preocupación la relajación en cuanto al cumplimiento de las medidas y los rebrotes, que aunque pocos y controlados, se están produciendo a lo largo y ancho del país. Su miedo es normal. Según Apepoc, la asociación que agrupa a los pacientes, uno de cada cinco fallecidos de coronavirus, concretamente el 22%, eran enfermos de EPOC. «Cuando me enteré de este dato, me puse a temblar y no pude ver a nadie en días», apunta María Martín, de 67 años.

Uno de cada cinco fallecidos por Covid padecía enfermedad pulmonar crónica
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