sábado. 04.02.2023
ALAS PARA EL PROYECTO CONVIVO

Emoción sin barreras en los Cielos de León

Cielos de León estrena los primeros 18 vuelos para personas con discapacidad intelectual ligera

Desde el aeródromo de Chozas de Abajo, base de la Fundación Cielos de León, se elevaron ayer los sueños de las personas y familiares del Proyecto Convivo de León. A no más de 65 kilómetros por hora y entre 150 y 300 de altitud un total de 18 personas se colocaron las alas y pudieron contemplar las tierras del Páramo y los viñedos de Valdevimbre como nunca las habían visto.

La Fundación Cielos de León, con el apoyo logístico de Moteros Solidarios, que realiza vuelos con personas con discapacidad física del CRE de San Andrés desde hace cinco años, abrió ayer una nueva vía de colaboración con Proyecto Convivo, una asociación integrada por personas jóvenes que, con una discapacidad intelectual ligera, buscan abrirse camino en una sociedad en la que son invisibles para el mundo laboral, en la educación y en el ocio, como señala Almudena Morán, madre de Celia Sánchez Morán. Esta joven de 17 años, que estudia 4º de la ESO, cerró ayer la actividad de vuelos solidarios con una emoción desbordante. «Me lo pasé superbien», reconoció al bajarse del avión Sierra en el que surcó los cielos como nunca lo había hecho antes.

Experiencia única

«¡Mucho mejor éste!», respondió Celia al comparar el vuelo de ayer con los otros que ha vivido

«Al principio tenía un poco de miedo, pero enseguida se me pasó», confesó. Celia disfrutó del planeo desde el asiento del copiloto, con el cuadro de mandos delante de sus manos y fascinada por las vistas sobre los paisajes leoneses del sur de la provincia, que ya apuntan la transición estacional del otoño al invierno.

«¡Mejor esto!», exclamó sin dudarlo al preguntarle la diferencia con los vuelos comerciales a gran altura. Desde De hecho, el mal tiempo obligó a suspender los nueve vuelos que están previstos a partir de las tres de la tarde. Los aviones biplaza, un Sierra y un P-92, salían a la par con sendos ocupantes de cada familia en las plazas del copiloto.

Desde la poca altura que vuelan estos aparatos ligeros la panorámica del paisaje es de vista de pájaro. A Celia le sorprendió lo pequeñas que se veían unas vacas pastando en una pradera. «Cuando volamos en un avión comercial, no vemos nada y mucho menos el cuadro de mandos junto al piloto como en estos aviones», explica el piloto David García.

Cada participante disfrutó ayer de quince minutos en el aire desde Chozas de Abajo a Santa María del Páramo para, haciendo un bucle, regresar al aerodrómo sobrevolando las tierras vitivinícolas de Valdevimbre. La madre de Celia iba en el otro avión, junto a Vincent Codier, piloto veterano y el presidente de la Fundación Cielos de León.

«Voy aprovechando todas las experiencias que va teniendo Celia», comenta. Es la parte positiva de la vida al lado de una persona con discapacidad intelectual ligera cuya vida de ocio está muy ligada a la de sus padres. «En la adolescencia, cuando buscan más a sus semejantes, es cuando empiezan a notarse las dificultades», apunta.

A vista de pájaro

Los vuelos en aeronaves ligeras, a poca altura, permiten disfrutar de panorámicas especiales

«Es una discapacidad que está en tierra de nadie, en medio de quienes tienen muchas dificultades y de las personas a las que se le supone la normalidad», se queja Almudena Morán. Esto supone que tienen más obstáculos para acceder a ayudas y «dificultades muy grandes en la escuela, aunque se habla mucho de escuela inclusiva».

La Fundación Celos de León quiere poner su granito de arena para limar esas dificultades en un ámbito tan exclusivo como es la aviación. La entidad se constituyó hace siete años y desde hace cinco realizan actividades solidarias con el CRE de San Andrés. «Por primera vez, hemos hecho un programa de vuelos con Proyecto Convivo gracias a nuestra colaboración con Moteros Solidarios», explica Vincent Codier.

«Nuestra actividad es fabulosa, pero la gente no tiene acceso y hemos pensado que las primeras personas en poder disfrutarla sean las que tienen más dificultades», explica. Después de tantos años de vuelo, este francés oriundo de la región de Las Landas ha descubierto que «una cosa es bonita no cuando la disfrutas tu solo, sino cuando la compartes con los demás».

Los paseos aéreos se realizan en equipo. Los pilotos de cada avión están comunicados por radio en todo momento entre sí y con la torre de control de León. Y trabajo de equipo es el que realizan desde el Proyecto Convivo para dar más oportunidades a los jóvenes con discapacidad intelectual ligera en León.

Esta asociación puso en marcha un piso para promover la autonomía personal, prepara oposiciones para el acceso por la cuota reservada a personas con discapacidad en la administración pública, ofrece cursos de teatro, habilidades sociales, apoyo escolar y actividades de ocio y tiempo libre. Agruparse les ofrece más oportunidades. «Hay determinadas actividades que individualmente son inaccesibles y sin estar agrupados serían muy difíciles de hacer», señala Almudena Morán.

La Fundación Cielos de León ofrece sus vuelos solidarios a otras entidades de León que deseen ofrecer esta experiencia única a las personas con las que trabajan y espera que sea la primera remesa de nuevos viajes con Proyecto Convivo.

Vincent Codier destacó «lo bien que se adaptan estas personas a la actividad. No dan ningún problema, posiblemente porque están acostumbrados a seguir consejos». Ayer, en la cabina de su avión, primaron más las emociones que la conversación. «Cada persona lo vive de una manera; hay quien nos cuenta su vida; otros no dicen ni palabra porque les puede la emoción y otras personas destacan por su curiosidad y preguntan de todo», señala este piloto que se inició en el mundo de la aviación hace ya 20 años.

En la cabina de David, con 18 años de experiencia como piloto, hubo más complicidad. Desde los que mostraron su preocupación por los estudios hasta una chica de 18 años que le confesó que tenía novio muy contenta.

Celia, la última viajera de los vuelos solidarios de ayer en su cabina, estuvo muy conversadora. Y la emoción le duró mucho más allá de los 15 minutos del vuelo. Después de responder a las preguntas de la periodista, enseguida llamó a su padre para ponerle al día de la hazaña y de las impresionantes que había podido contemplar desde el avión,

Quedaban nueve vuelos pendientes para la tarde, pero el mal tiempo cambió los planes y tuvieron que suspender la programación que habían comunicado a la torre de control de La Virgen del Camino. Los aviones volvieron al hangar y las experiencias vividas en sus cabinas quedaron con las 18 personas que los vivieron.

Emoción sin barreras en los Cielos de León
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