domingo. 05.02.2023
HOMENAJE A LAS VÍCTIMAS DE LA REPRESIÓN FRANQUISTA

Todos los nombres de la fosa de Villadangos

La memoria de las 86 personas fusiladas en Villadangos entre agosto y noviembre de 1936 quedó impresa desde este sábado en una pared del cementerio, muy cerca de la fosa común donde fueron enterradas. En un emotivo y multitudinario homenaje, las familias colocaron una placa en recuerdo de las víctimas «inocentes» que perecieron en un lugar donde «no hubo guerra». 

En febrero fue el martillo neumático. Este sábado lo hicieron la piedra, la palabra y la música. El largo silencio que aniquiló de la memoria pública a las personas fusiladas en Villadangos los meses posteriores al golpe de Estado de 1936 explotó en un clamor sobre la pared del cementerio. Una placa en la que no están todos los que fueron asesinados, pero son todos los que están y están por todos. Todo cambia. Y todo cambió este sábado en Villadangos.

La fosa común que no figuraba en los mapas oficiales de la memoria, como subrayó la periodista Olga Rodríguez, y de la que en febrero se pudieron rescatar los restos de diez cuerpos, quedó señalada este sábado con los nombres, los apellidos y la edad de 50 de víctimas que han podido ser identificadas.

«En los montes cercanos a esta villa fueron asesinadas y desaparecidas decenas de personas inocentes, entre agosto y noviembre de 1936. Fueron sacadas de sus casas o de sus lugares de trabajo en localidades donde no hubo guerra. No lucharon en ningún frente de batalla. Fueron víctimas de la persecución ideológica impuesta por los golpistas del régimen franquista que terminaron con la legalidad democrática representada por la República», dice la placa de homenaje, que deja constancia también de la exhumación que realizó la ARMH el 26 de febrero de 2022.

No son todos los que están. El resto, hasta 86, figuran como «desconocido», «desconocido», «desconocido»... en las actas de defunción del Registro Civil de Villadangos y repartidos entre los cementerios de esta villa y los de sus pedanías de Fojedo y Celadilla del Páramo.

Un profundo silencio abrió el acto. Como si la multitud agolpada frente a la placa fuera una metáfora del tiempo vivido bajo el olvido y la negación de la existencia de la fosa. La canción Over the rainbow de El mago de Oz, estrenada precisamente en 1939, rasgó el silencio. Carmen Álvarez-Prida, bisnieta de José Álvarez-Prida, uno de los represaliados interpretó esta pieza al oboe porque «es donde yo creo que deben estar las personas que están enterradas bajo nuestros pies», dijo la joven.

Este sábado se hizo historia en Villadangos con todos los nombres de las víctimas, los que se conocen y los desconocidos. Porque, como dijo el actor Juan Diego Botto, «lo que no se nombra, no existe». Ha pasado mucho tiempo, demasiado, añadió Botto al evocar las palabras de su madre ante al tribunal argentino cuando hicieron justicia por su padre, también desaparecido y asesinado durante la dictadura de su país: «Gracias, pero la justicia para ser justa, debe llegar a tiempo y yo he esperado 35 años».

EFE3
Acto de colocación de una placa para recordar a los represaliados en la Guerra Civil, este sábado en el cementerio de Villadangos. EFE/J.CASARES
Tabla

«Muchos de los que están aquí habéis esperado mucho más», advirtió. El actor señaló que «solo gracias al esfuerzo de todos, a la tenacidad de todos, a la ayuda de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica, al apoyo de unas y otras familias, hoy podemos poner nombres y un titular como el que enmarca estos nombres para que no se olvide nunca aquello que sucedió y para que podamos estar pendientes para que no vuelva a suceder nunca más». 

Este sábado se hizo historia y se contó la historia. El investigador José Cabañas arrancó el relato histórico con unos versos de Eugenio de Nora para hacer recuento de las víctimas  de las 18 sacas de personas enterradas en la parte no sagrada del cementerio de Villadangos. «Que hoy fijemos sus nombres para la posteridad en esta placa (...) dobla y quiebra los designios de los victimarios de arrasar y masacrar no solo sus vidas y el porvenir de los suyos, también su memoria y su recuerdo», resaltó.

Una historia bordada con los hilos de la ciencia. El arqueólogo de la ARMH Xerxio Castro, que a las seis de la tarde de aquel jueves 26 de febrero comunicó el hallazgo de los primeros restos humanos y de los objetos que les acompañaban —una suela, un chisquero, un peine...— alabó el papel de las familias.

Este sábadose contaron y cantaron las historias guardadas en la memoria de los herederos de las víctimas. «Estamos aquí honrando la vida de nuestros familiares y llorando su muerte; haciendo ese duelo que quedó suspendido», señaló Susanna Toral, nieta de Tomás Toral Casado, natural de Valderas y maestro de Villaornate. 

«Todas las familias que los hemos buscado, los hemos unido. Ya hay un sitio donde poner flores. Que descansen en paz», dijo. Atrás quedó el mal recuerdo que le quedó, hace muchos años, cuando la echaron con cajas destempladas de un bar de Villadangos al que entró a preguntar por el lugar donde estaban enterrados los fusilados porque quería poner unas flores a su abuelo.

Historias que han cambiado las vidas de quienes buscan. «Personalmente ha sido un viaje muy intenso», comentó Pilar González, sobrina de Epifanio González, de Mansilla de las Mulas, para poder «abrigarnos delante de esta lápida». Su tío fue fusilado en una saca de cinco hombres y una mujer, la única de la que hay constancia en Villadangos, Casimira Marcos.

Elena, bisnieta de uno de los represaliados, con Juan Diego Botto. GAITERO

En la misma saca iba Santos Francisco, maestro herrador de Mansilla de las Mulas y afiliado a la UGT. Abuelo de la periodista Pura Francisco y bisabuelo de otra periodista leonesa, Olga Rodríguez. 

En la familia de Pilar González nunca se habló de la represión, En la de Pura Francisco siempre se contó el crimen. Ahora han hilado cabos para descubrir que todas las víctimas eran hombres (y una mujer) jóvenes. Herradores, agricultores, maestros, jornaleros, carteros... cuya desaparición dejó a sus esposas e hijos en la miseria y la indefensión. «Algunas llegaron a vender hasta la máquina de coser»,

Historias ignoradas que salieron a la luz, como la del maestro de Villadangos, Ramón Martínez Farrapeira, en el registro de las víctimas, en colaboración con el cura del pueblo, Manuel García Arias, y el médico Tomás del Riego. Farrapeira enseñó a niños y adultos; diseñó una presa para dar de beber a los animales y  fue apartado por el régimen a del magisterio y tuvo que vivir escondido en un sótano en León.

Fusiladas en el monte

«Fueron sacadas de sus casas o de sus lugares de trabajo en localidades donde no hubo guerra»

María Jesús Rojo recordó a sus tíos Francisco y Jesús Rojo, dos de las seis personas que el 21 de septiembre de 1936 fueron detenidas en Ardón. A su abuela, confesó, le llamaban la loca porque confundía los ruidos que hacían los gatos con signos del regreso de sus hijos desaparecidos. A su abuelo Serafín le quitaron el trabajo de cartero y los hijos, pero «no pudieron quitarle el seguir adelante», recordó.

Trabajó en lo que pudo y tocaba la dulzaina en las fiestas de los pueblos. Un día tomando unos vinitos salió a colación lo de sus hijos y «mi abuelo mordió el vaso y no dijo nada». «Todos tuvieron que guardar silencio, pero ahora nosotros exigimos verdad, justicia y reparación», recalcó.

Faltan nombres en la placa y faltaban personas en el homenaje. Rufino Juárez, que falleció mientras en Villadangos intentaban parar la exhumación con un concejo vecinal que organizó una votación ilegal, fue recordado en varias intervenciones. Rufino Juárez García era hijo de Rufino Juárez Fernández, una de las víctimas, que era el alcalde pedáneo de Vegas del Condado,  cuando fue detenido. Marcos García Juárez, bisnieto y nieto de aquel niño que se quedó huérfano, señaló que dejaban constancia de que «hubo una dictadura, unas víctimas y unos asesinos» y «hoy sembramos la semilla del recuerdo y la restauración de la democracia, la semilla de la esperanza».

Belén, nieta de Moisés Rodríguez Martínez, uno de los seis de Valencia de Don Juan lamentó que «faltan sus hijos y mi abuela», pero «hoy estamos sus nietos y sus bisnietos; hoy nos toca a nosotros estar aquí para no olvidarlos». 

Patricia Curiel, sobrina de Eugenio Curiel, director instituto de Astorga, recordó a todos los maestros que fueron represaliados y también al cura Bernardo Blanco Gaztambide, que fue asesinado en la misma saca aunque su lugar de enterramiento es aún incierto.

«Hoy celebramos un homenaje social», dicjo Elisa Alonso Sacristán, nieta de Federico Sacristán, detenido en León y que supo que ese día se paraba su reloj. Su abuela llevaba una llave colgada al cuello del arcón donde guardaba las cosas de su abuelo, entre ellas el reloj, que dejó sobre la mesa como si supiera su destino».

Los familiares de las víctimas reunidos en torno a la placa. GAITERO
Los familiares de las víctimas reunidos en torno a la placa. GAITERO

Mari Carmen, nuera de otra de las víctimas, Benigno Esteban Vecino, de Bembibre recordó la confesión de su suegra, la última noche de su vida: «Siento no saber dónde está, siento; no poder llevarle una flor». Ella le prometió que le buscarían. «Estoy llorando de alegría, porque María, hemos conseguido saber donde está», concluyó emocionada la mujer apoyada sobre un bastón.

Este sábado se hizo historia en Villadangos y se cambió la historia. Porque «todo cambia», lo dice Mercedes Sosa en la canción que este sábado cantaron todos en el cementerio de la mano de Elena, bisnieta de otro represaliado. Y es que este sábado, en Villadangos, un puñado de familias, con un puñado de amigos, con un puñado de ciudadanos que no han tenido que buscar a sus familiares, anduvieron «pariendo luz y cerrando heridas», como resaltó la cantautora leonesa Isamil9. Todo cambia.

Todos los nombres de la fosa de Villadangos
Comentarios