jueves 2/12/21

En el día de la educación financiera, resulta imprescindible analizar alguno de los temas de actualidad, para darles una visión desde el mundo de la economía y las finanzas. Los objetivos de desarrollo sostenible (ODS) son, con poco margen para la duda, los que están como prioridad en la agenda de la gran mayoría de los países, empresas y ciudadanos. Si analizamos los 17 objetivos de desarrollo sostenible nos encontramos con que buena parte de ellos, están relacionados con la economía en general y con las finanzas en concreto, así como la educación. Veamos algunos: poner fin a la pobreza, poner fin al hambre, aumentar el número de jóvenes y adultos con competencias técnicas para acceder al empleo, trabajo decente y emprendimiento, promover el crecimiento económico sostenido y construir infraestructuras resilientes. El resto de objetivos, que no he enumerado, llevan implícitos asuntos económicos.

Ahora viene la gran pregunta: ¿cómo van a conseguir las sociedades cumplir con la agenda, si el conocimiento de los ciudadanos sobre economía y finanzas, no llega ni a lo más básico?. Las generaciones de niños y jóvenes que van a tener que coger el relevo de los objetivos de la agenda 2030 ¿están capacitados técnicamente para hacerlo? ¿lo están los que tienen hoy la responsabilidad de hacerlo?. Las respuestas serán directamente proporcionales a sus conocimientos en materias económicas, porque como consumidores, como trabajadores, o como gestores de lo público o lo privado, tendrán que tomar decisiones eficientes, desde el punto de vista económico, para conseguir cumplir con los ambiciosos objetivos de desarrollo sostenible.

Sin ninguna duda, los jóvenes y niños tiene motivación más que suficiente. Ahora el reto está en los adultos, tanto en el ámbito familiar como educativo, para hacer el esfuerzo de formarse en asuntos económicos y financieros, para formarles y ayudarles a ponerlos en práctica, desde edades tempranas, respetando por supuesto su madurez e iniciativa. Necesitan conocimientos, tutelaje y libertad para tomar decisiones, aprendiendo de los errores, pero controlando que los daños sean los menores posibles y nunca irreparables. Se trata de adquirir hábitos financieros saludables, como les enseñamos los hábitos higiénicos desde que les salen los dientes. Sólo así llegarán a convertirse en adultos responsables, en la toma de decisiones económicas y financieras.

Desde la Fundación María Jesús Soto, llevamos años creando materiales, tanto en formatos físicos como digitales, para que lleguen a los jóvenes y niños, de la mano de sus padre o educadores. Los profesores cuentan con nuestro apoyo, tanto en la formación, como en facilitarles realizar actividades de forma transversal con sus alumnos, que impliquen conocimientos prácticos de economía finanzas y emprendimiento. Siempre acompañados de los valores centrales que deben subyacer en las decisiones que se toman, como son la transparencia, la honestidad y la responsabilidad.

El mundo financiero, a través de la inversión sostenible, sin duda es el gran aliado de la agenda 2030, para canalizar el ahorro de los ciudadanos a proyectos comprometidos con el medio ambiente, la gobernanza y los asuntos sociales. Por tanto, cada vez más, los ciudadanos cuentan con numerosas herramientas para construir una sociedad más sostenible, que deberá pasar a las siguientes generaciones, con el objetivo de avanzar en la consecución de los distintos logros que se pretenden y afianzar los que se vayan consiguiendo.

A los 17 objetivos de desarrollo sostenible, quiero añadir el número 18: «Salvar el planeta sin destruir al ser humano». ¿Qué sentido tiene salvar el planeta, si desaparece el ser humano, que es lo más perfecto de la creación? Corremos el riesgo de olvidarnos de que el hombre es el centro de todo, la medida de todas las cosas, como lo puso de manifiesto Leonardo Da Vinci, entre otros muchos y el que merece la mayor protección, para evitar la extinción.

La agenda 2030 y la educación financiera
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