martes 24/5/22

La pugna dialéctica que sostendrán, en esta edición, la síndica municipal y el capitular isidoriano es el núcleo de esta tradición. La primera defenderá que la ofrenda de un cirio de arroba bien cumplida y de dos hachas de cera que el Ayuntamiento legionense ofrece a San Isidoro tiene carácter de entrega voluntaria. El segundo, en cambio, sostendrá con firmeza que todo ello lo recibe en calidad de foro, porque según sus tesis se trata, simple y llanamente, de una obligación. Después de tres intervenciones, síndica y capitular, apoyándose cada uno en sus argumentos, requerirán a sus respectivos secretarios para que levanten acta de los hechos. Luego, el alcalde de León entregará al abad isidoriano el cirio y las dos hachas de cera. El capítulo XXXII de Las Políticas Ceremonias del Marqués de Fuente Oyuelo recoge el desarrollo de este acto que, acordado con anterioridad por las legacías municipal y canonical, en este año del Señor de 2022 ya podrán celebrarse, como es tradicional, el último domingo de abril.

Actualmente, en dicha dominica, la Corporación Municipal, portando el Pendón Real de León la edil más joven, se dirige, en forma de ciudad, a la Basílica de San Isidoro, llevando el mencionado cirio de arroba, miniado con la imagen de San Isidoro y el escudo de esta antigua Corte de Reyes, y las citadas hachas de cera. Previamente, de acuerdo con el protocolo establecido, se detiene en la puerta sur del templo de San Marcelo, patrón de la ciudad, y allí entrega al párroco, en concepto de limosna, otras dos hachas de cera.

Anunciada, pues, por el clarín y el tambor, al filo del mediodía, la representación edilicia alcanza la plaza del Doctor de las Españas, donde aguardan ya las autoridades civiles, militares y académicas y un abigarrado público. Poco después, el Cabildo Isidoriano hace su aparición en el atrio basilical, acompañado por las damas y caballeros de la Cofradía del Milagroso Pendón de San Isidoro, fundada en 1147 por el emperador leonés Alfonso VII, padre de Fernando II, y hermano de doña Sancha, «gran sierva de Dios y esposa espiritual de San Isidoro», en palabras del Tudense. Posteriormente, a instancias de los emisarios municipales, es decir, del edil de más edad, la secretaria del Ayuntamiento y el Intendente de la Policía Local, el abad isidoriano acude al encuentro del Corregidor. Tras los saludos que dicta el ceremonial, ambas autoridades, del brazo y seguidas por ediles y canónigos que se han interpolado previamente, se encaminan al claustro procesional donde se celebrará la reseñada pugna dialéctica.

Tras la celebración de la Eucaristía, tal como recoge el Códice XCI (91) de San Isidoro oficiada por el obispo legionense, a la hora de la despedida, se producen tres notables reverencias que conllevan tres profundas inclinaciones del cuerpo y de la cabeza. Son las clásicas Cabezadas, tres muestras de respeto y cortesía que borran desacuerdos y divergencias en medio del regocijo popular. Finalizadas estas, la municipalidad regresa a la Casa de la Poridad y el Cabildo Isidoriano retorna a sus rezos. De esta manera, un año más, la tradición adquiere carta de naturaleza.

Los orígenes de este acto se cifran en 1158, durante el reinado del señalado Fernando II. La causa fue la pertinaz sequía que asoló el agro leonés y motivó que se volvieran los ojos al Doctor Hispaniae, «Patrono de este nobilísimo Reino». Entonces, el arca con sus santos restos fue sacada en rogativa. Y recorridas «casi dos millas fuera de la ciudad», exactamente en Trobajo del Camino, los presbíteros portadores efectuaron un descanso. En aquel momento, la lluvia hizo su aparición pródigamente, hasta tal punto que ni los más fornidos mozos fueron capaces de levantar las andas que contenían las sagradas reliquias cuando se decidió reanudar la andadura, atascadas como estaban en el suelo.

Informada de este incidente la mencionada doña Sancha, esta se personó en el lugar de los hechos. Y como refiere Lucas de Tuy, [Milagros de San Isidoro, cap. XLI], «al tiempo que así vino la reina, la Comunidad y vecinos de la ciudad de León hicieron juramento solemne de nunca más sacar el cuerpo santo de su iglesia, si él tuviese por bien de ser tornado a ella (…) y los pueblos vecinos todos los que allí estaban prometieron para cada año para siempre jamás cierto censo a San Isidro, si como es dicho quisiese ser tornado a su iglesia». Y añade el canónigo isidoriano: «así como la reina con sus manos tocó las andas en que estaba el santo cuerpo, luego se movió de aquel lugar, y todos tuvieron tan temor y se espantaron de verlo, y por la voluntad e inspiración de nuestro Señor se llegaron luego allí cuatro niños chiquitos y levantaron las andas, las cuales cuatro hombres muy valientes apenas podían levantar…».

El ceremonial del Foro u Oferta, protagonizado por el cabildo isidoriano y la municipalidad legionense desde hace más de ocho siglos, se torna cita y encuentro el próximo domingo, día 24 de abril, a las doce de la mañana. Se trata, en palabras de Julio Pérez Llamazares, abad de la Real Colegiata de San Isidoro de 1915 a 1956, de «la más clásica y popular de todas las fiestas religiosas de León». El escenario será el claustro de la Colegiata Isidoriana, marco histórico donde se desarrollaron en 1188 las primeras cortes democráticas de Europa, a las que la Unesco ha otorgado el título de Memoria del Mundo, que propicia esta honrosísima titulatura: León, cuna del parlamentarismo.

Las Cabezadas, fiesta clásica y popular
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