martes. 28.06.2022

«Olas de calor ha habido toda la vida»,  «esto del cambio climático es una mentira»,  «en unas décadas la tierra no será habitable», etc. Seguro que alguna vez has escuchado decir esto, a algún conocido o no tan conocido. Pero,  ¿verdaderamente existe el cambio climático?

El cambio climático es la variación de la temperatura y de los climas causada por las actividades humanas. El cambio climático viene dado por los gases de efecto invernadero y por las emisiones de CO2. En la Unión Europea y en todo el mundo,  la quema de combustibles para el sector energético y de transportes, supone entre un  60% y un 80%  de todas las  emisiones de gases de efecto invernadero. Pero tenemos que tener en cuenta, que el sector textil también es uno de los más contaminantes, prueba de ello es que Bangladesh sea el país más contaminado del mundo cuando aproximadamente un 81% de la economía del país depende del sector textil. Además, en la producción de textiles se consumen muchos litros de aguas, se utilizan varios químicos, y finalmente viajan largas distancias para su distribución.

Otro sector que produce una gran huella de gases de efecto invernadero y de emisiones de CO2 es el  sector agroalimentario, que en España tiene más peso. En la Unión Europea supone un  10,1% de la contaminación total.  Este sector es el que más favorece la deforestación y contaminación del suelo, un ejemplo de ello son las  macro granjas, ya que al tener en un espacio tan pequeño tanta cantidad de animales, los purines, amoniacos y el CO2 se concentran en un mismo sitio, haciendo que el suelo pierda fertilidad y que el agua y el aire pierdan calidad. Todas estas emisiones son las causantes de varios desastres climáticos. Desde la época preindustrial  la temperatura media mundial ha aumento 1,2ºC, la década comprendida entre 2011 y 2020 ha sido la más cálida jamás registrada, etc. Pero también causan fenómenos meteorológicos devastadores tales como las sequías, las danas, las olas de calor, las tormentas, los huracanes y los incendios.

Y, ¿cómo afecta esto a nuestra tierra? En la  Región Leonesa, como en toda España, los efectos del cambio climático los notamos las personas. Los agricultores no pueden obtener cosechas productivas con la falta de agua, o con las altas temperaturas, y  los ganaderos no pueden desarrollar una ganadería extensiva de calidad, ya que la demanda de carne más barata y más accesible proveniente de la ganadería intensiva, le está quitando peso en el mercado. Otro ejemplo que desgraciadamente hemos sufrido de cerca en nuestra región son los incendios, que aparte de llevarse por delante nuestros preciados bosques y su atractivo turístico, dejan en situación de incertidumbre a todas las personas involucradas en sectores relacionados con nuestros espacios verdes; como apicultores, ganaderos, monitores de montaña, sectores turísticos, resineros, entre otros. Debemos hacer especial hincapié en León y en la Región Leonesa, pues es una de las zonas con más espacios verdes y mejor conservados. Sin embargo, para sacar verdadero partido y seguir conservando nuestra riqueza,  tenemos que tener el autocontrol y gestión de nuestros recursos,  para que no sea el motor de otras industrias ni una manera de que ciertas empresas se enriquezcan con menores costes. Este último ejemplo lo tenemos en el  vaciamiento de embalses como la Almendra y Ricobayo por parte de Iberdrola,  o el  expolio del agua de nuestros ríos y embalses  para impulsar otras industrias y explotaciones agrícolas.

Y,  ¿qué está en nuestra mano para poder cambiar esta situación?  Hay varios gestos de nuestro día a día que tienen relación directa con esto. Cuando vamos al supermercado tenemos que fijarnos en la procedencia de los alimentos, pues los  alimentos locales y de proximidad, además de fijar población, contribuyen a las economías locales y no tienen que ser transportados una distancia tan grande. Otro gesto es  fijarnos en la forma de producción de los alimentos; no contamina de la misma manera los productos animales de ganadería intensiva, que de ganadería extensiva, además de fijar población y crear trabajo en el medio rural, son más éticas con los animales y más respetuosas con el medio ambiente. Otro gesto que podemos hacer es no ser víctimas de lo que actualmente conocemos como  fastfashion, que es un tipo de consumo muy por encima de nuestras necesidades, que es muy contaminante y además no respeta las condiciones de trabajo de las personas involucradas en la cadena productiva. Por ello, comprar ropa y derivados que sepamos a ciencia cierta que han respetado y sido éticos en todos los pasos de la cadena productiva, beneficia a que el consumismo pierda peso, los derechos laborales se cumplan de verdad, y que de nuevo, las economías de proximidad subsistan.

En definitiva, el fin del cambio climático conlleva que ejerzamos justicia climática. Las huellas de la contaminación se viven en todo el mundo, en mayor y menor medida, por ello debemos empezar a cambiar las cosas desde abajo. Controlar el consumo excesivo y tener en cuenta la proximidad y procedencia de los alimentos y textiles que consumimos, favorecerá el desarrollo sostenible. Además,  la autogestión de nuestros preciados y abundantes recursos es un pilar fundamental para frenar el cambio climático.

Cambio climático: soluciones y región leonesa
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