domingo. 14.08.2022

Podemos adaptarnos a la idea de que el cielo no está ni lejos, ni cerca y que, en una apertura incondicional, nuestra mente puede aceptar que el cielo puede ser en nosotros, no separado.

De niños nos decían que al dejar el cuerpo íbamos al cielo. Tal vez podemos dejar ir esa idea, para abrirnos a vivir el cielo sin dejar el cuerpo. Los místicos lo hicieron.

Este trabajo previo de apertura a lo Nuevo, no genera la experiencia, pero no sólo no la impide, sino que, la facilita.

¿De qué experiencia hablo?

De sentir el cielo en la tierra, aquí y ahora.

Si el cielo es un estado de conciencia que conlleva la unidad con la Fuente de Luz y por tanto siendo ¡uno! con la Voluntad, viviremos sólo lo real, lo que está en la Mente de Dios. Traemos a la Tierra la vibración del cielo.

El cielo en la Tierra
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