jueves. 09.02.2023
La verdad y la virtud son siempre hijas de su tiempo, pobre consuelo que le queda a la Iglesia católica a la hora de justificar los miles de escándalos que afectan a muchos de sus sacerdotes, al parecer traviesos hasta la extenuación. En Estados Unidos, por ejemplo, más de 1.200 curas repartidos por todo el país están involucrados en turbios asuntos de abusos a menores, mientras que alrededor del 40% de las monjas estadounidenses confiesan haber sido víctimas de descarríos sexuales durante su estancia en los conventos. Pasados los tiempos en que la Iglesia católica se enrocaba en la negación igual que Juana de Arco en su coraza, y con un Papa en declive que parece estar echando un pulso de longevidad al propio Matusalén, los jerarcas se han sumido en un purgatorio de arrepentimientos y disculpas públicas, aparte de echar mano a la primera solución coherente con sus creencias: ponerse a rezar para que las cosas no vayan a peor. En España no nos quedamos atrás y ahí tenemos el caso del antiguo capellán castrense que va a comenzar un tratamiento hormonal para transformarse en mujer. Ante el horror de sus superiores en la Escuela de Paracaidismo de Murcia, donde ejercía su ministerio, y del propio obispo de Cuenca, tan peculiar sacerdote ha rubricado un contrato matrimonial con su pareja y se encuentra a la espera de labrarse un porvenir en su nueva faceta femenina. El pobre Jesucristo debe estar revolviéndose en la tumba y pensando que no existe peor Apocalipsis que el privado.

Descarríos
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