miércoles. 08.02.2023
LA MUY católica Polonia ha quedado desencajada al oír las trompetas de capitulación entonadas por el prelado Stanislaw Wielgus, un personaje al que presuntamente se le daba bien lo de andar por encima del agua, repartir panes y peces y hacer del agua, vino. A las pocas horas de tomar posesión como arzobispo de Varsovia, el religioso se vio forzado a confesar que todos tenemos ratos tontos, incluso muy tontos, y su «error» había sido trabajar como confidente durante más de 20 años para la policía secreta del régimen comunista, que le hizo su chivato en 1967. A los ganadores se les reconoce siempre en la línea de salida y la reputación como gran narrador de batallitas del aprendiz de sacerdote, sin duda tuvo mucho que ver en la oculta carrera en el espionaje desempeñada con tanto acierto por el curita felón. Como los ideales ni abrigan ni alimentan, el conocido bajo los seudónimos de Adam y Grey obtenía valiosos regalos por informaciones de alto valor operativo, aparte de recibir instrucción para realizar labores de contraespionaje en Occidente. El padre Bond se movía a sus anchas por las cloacas de la conducta humana, confiado en que los silencios nunca prestan testimonio contra sí mismos. Pero ahora que se ha descubierto el pastel, acabaremos por conocer las informaciones que recogió en su casullófono o las Biblias soporíferas que empleaba para adormecer a los agentes rivales. Toda una epopeya que irá saliendo a la luz y demostrará, una vez más, que al escarbar en la intimidad siempre se descubre que no hay gran hombre para su mayordomo.

El padre Bond
Comentarios