jueves 26/5/22

Intentaré presentar algunas cuestiones analíticas y propositivas en torno a la guerra en Ucrania.

La invasión de Ucrania, ordenada por V. Putin es, de entrada, una decisión de verdadera locura vesánica, que quebranta todo marco moral, legal o simplemente humano. ¡Cómo se puede, hoy menos que nunca, masacrar a toda una nación, a su población civil masivamente! Aunque hubiera ciertas razones de parte, una guerra total y tan despiadada carece absolutamente de justificación.

¿Podríamos estar en vísperas de una debacle terráquea universal de tipo nuclear o radiactivo, como un nuevo «diluvio universal» o un «final apocalíptico» de este mundo? Para no dar pie a tal situación, Europa y EE UU, a la vez que adoptan sanciones contra Rusia y apoyan a Ucrania a nivel asistencial, de acogida de exiliados y en recursos militares, han procurado mesura y precaución.

La geopolítica mundial gira en torno a dos «macroimperios» en competencia: EE UU (con Europa) y China (con Rusia). China ha avanzado posiciones destacadas a nivel económico, comercial, tecnológico, militar y también de presencia productiva, militar y de influencia política en bastantes países de África y de América Latina. Rusia viene intentando emerger también como potencia mundial y recuperar su poder en los países que conformaban la URSS; Ucrania es el capítulo siguiente a las intervenciones en Georgia, Azerbaiyán, Chechenia… Tanto en China como Rusia funciona un régimen autoritario y represivo que no respeta la democracia y los derechos humanos, enmarcadas ya en un sistema capitalista de Estado y privado.

EE UU y Europa representan el modelo de democracia y de capitalismo neoliberal, con una estructura socioeconómica que adolece de graves problemas de desigualdad, exclusión social, desempleo y precariedad laboral. No contemplan una política de promoción de desarrollo industrial, agrícola y comercial de los países empobrecidos, para superar así el colonialismo económico de facto que sucede al viejo colonialismo clásico. Siguen manteniendo una política totalmente insolidaria e inhumana de cierre de fronteras a inmigrantes pobres y refugiados, permitiéndose incluso quebrantar impunemente las leyes vigentes sobre la acogida de los mismos. En estos momentos, en España se desarrolla una campaña de petición de regularización de unos 500.000 inmigrantes, que llevan tiempo ya integrados y ejerciendo una actividad laboral informal o sumergida.

¿Cuál debiera haber sido hasta ahora y debiera ser de ahora en adelante la actitud política internacional de (al menos) EE UU y Europa? Quizás no se hubiera llegado a la tragedia bélica actual si se hubiera practicado una relación con Rusia y con China de diálogo franco y de oferta de colaboración sobre aspectos políticos (como democracia, Derechos Humanos…), económicos, tecnológicos, comerciales y también militares. ¿Qué esfuerzo ha realizado la Unión Europea para integrar, en lo posible, a Rusia en esos ámbitos? Rusia, que también forma parte de Europa (Eurasia), ha caminado en paralelo o en oposición al resto de Europa (y vv.) y no se ha ideado ningún plan de integración. Sí se ha contado con el fluido de petróleo y gas de Rusia, hasta el punto de depender del mismo para el abastecimiento europeo, con el riego que ello puede suponer de chantaje estratégico.

Estamos inmersos en un sistema de globalización internacional a nivel económico, financiero y comercial, junto a la localización productora en algunos países de determinados insumos de necesidad determinante, como ciertos recursos sanitarios, microchips e incluso cereales y otros productos agrarios. ¡Cómo no se prevé ni se provee la suficiencia nacional o europea de los productos o insumos realmente básicos o necesarios para satisfacer la demanda normal de los mismos! Así se evitarían situaciones críticas de impasse, como las que ya venimos padeciendo, a la vez que se desarrollaría la producción industrial y agrícola de cada país —en nuestro caso, de la «España vaciada»—.

¿De qué sirve la Organización de Naciones Unidas (ONU), si sigue coartada por la decisión, con derecho a veto, de las pocas y elitistas naciones que configuran el Consejo de Seguridad? Mantenemos el mismo sistema establecido al fin de la II Guerra Mundial, hoy totalmente obsoleto y antidemocrático. ¿Por qué no establecer ya un sistema realmente representativo y estructurado, con capacidad de actuación real en situaciones de crisis o conflicto internacional, como el presente? De ese modo, podría afrontarse la pacificación o resolución de tantas guerras hoy activas especialmente en África, Oriente Medio… Habría que caminar hacia una instancia de Gobierno Mundial, garante de los principios y derechos fundamentales de personas y de pueblos, con capacidad ejecutiva en la defensa y aplicación de los mismos. Es lo que ya desde hace años viene proponiendo la Doctrina Social de la Iglesia.

Existe un mandamiento categórico ya desde los orígenes del pueblo de Israel: «¡No matarás!». Mandamiento claro y neto que, tal como suena, no admite excepciones, pero que luego se fue diluyendo, admitiendo, por ej., la pena de muerte —hoy ya no aceptada por la Iglesia— y la posibilidad de la «guerra justa».

El Papa Francisco no se cansa de clamar contra la guerra en Ucrania y reclamar el fin de la misma. Ha enviado a dos cardenales a Ucrania. Al fin, ha logrado comunicarse con el patriarca ortodoxo de Moscú, Kirill, consiguiendo una propuesta compartida por ambos de finalización de la guerra a través del dialogo y de demanda de paz. Francisco decía a Kirill: «Hubo un tiempo en que se hablaba de guerra santa o de guerra justa. Hoy no se puede hablar así. Las guerras son siempre injustas…». Ya en Fratelli tutti decía: «… ya no podemos pensar en la guerra como solución, debido a que los riesgos probablemente serán superiores a la hipotética utilidad que se le atribuya… ¡Nunca más la guerra!» (FT 258).

Y como aplicación personal final, asumamos todos, partidos políticos, gobiernos nacional y autonómicos y cada uno de los ciudadanos la promoción e implicación en el bien común de todos, a nivel nacional e internacional, en libertad, justicia y ¡fraternidad!

La guerra en Ucrania: interrogantes y propuestas
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