viernes 27/5/22

Dos días antes de comenzar la sangrienta invasión de Ucrania, el presidente ruso, Vladimir Putin, sentado frente a una cámara, pronunció un incoherente discurso de una hora de duración.  En él esbozó la justificación ideológica de lo que finalmente llamó «acción militar especial» en Ucrania, una auténtica invasión de un país libre, una guerra sin razón, justificada con argumentos religiosos. En su discurso, Putin llegó a decir que «Ucrania es una parte inalienable de nuestra propia historia, cultura y espacio espiritual».

Unos días después, el patriarca Kirill de Moscú, jefe de la Iglesia Ortodoxa Rusa, habló con los líderes militares y  en una declaración que hizo en honor del Defensor de la Patria, felicitó a Putin por su «alto y responsable servicio al pueblo de Rusia», y declaró que la Iglesia Ortodoxa Rusa «siempre se ha esforzado por hacer una contribución significativa a la educación patriótica» y elogió el servicio militar como «una manifestación activa de amor evangélico al prójimo». Poco después de declarar esta «guerra santa», las bombas comenzaron a llover sobre Ucrania.

Este impulso religioso a la guerra fue la culminación del esfuerzo de una década para unir las ambiciones geopolíticas de Putin con la fe de la Iglesia Ortodoxa Rusa. Así, la asociación de Putin y Kirill sentaron las bases ideológicas y  teológicas para la actual invasión, fusionando religión, nacionalismo y una defensa de los valores conservadores de la cultura rusa frente a los «valores decadentes» de occidente. Pero, a medida que las bombas continúan destruyendo a Ucrania, algunos jerarcas de la Iglesia Ortodoxa rusa comienzan a rechazar las llamadas religiosas de Putin y Kirill, considerando la agresión rusa como una invasión sin paliativos.

La relación entre Putin y Kirill hoy es muy estrecha. Kirill  elogió el liderazgo del presidente de la Federación Rusa  como un «milagro de Dios».  Mientras que Putin trabajó para hacer de Rusia la defensora de los valores cristianos conservadores, lo que generalmente significaba oponerse al aborto, al feminismo y a los derechos LGBTQ.  El argumento fue aceptado por muchos líderes cristianos conservadores en el mundo occidental. Algunos llegaron a calificar a Rusia como «el líder de la derecha cristiana mundial» y «el guardián de los valores cristianos».

Kirill ha defendido durante mucho tiempo una versión de la historia que insiste en que muchos países que componían la antigua Unión Soviética son un solo pueblo con un origen religioso común: a saber, el bautismo del príncipe Vladimir I de Kiev en el siglo X, conocido como San Vladimir.  A su entender, el mundo ruso tiene a Moscú como centro político, con Putin como su mayor defensor, y Kiev como centro religioso, con Kirill como líder espiritual. Pero los argumentos religiosos y políticos de Rusia chocan contra la voluntad de Ucrania, principalmente desde la anexión de la península de Crimea por parte de Putin en el 2014.  La frustración con Rusia se extendió al ámbito religioso, produciendo una  división entre la Iglesia Ortodoxa Rusa y la Iglesia Ortodoxa con sede en Constantinopla. Muchos de los cristianos ortodoxos de Ucrania en 2018 declararon su independencia del Patriarcado de Moscú.   Kirill se negó a reconocer la nueva iglesia, pero la Iglesia ortodoxa de Constantinopla, dirigida por el patriarca ecuménico Bartolomé, la reconoció.  La división ya está consumada.

Poco después de que comenzara la invasión a Ucrania, Kirill emitió un comunicado en el que hacía un  vago llamamiento a la paz  y pedía a todas las partes que limitaran las bajas civiles.  Pero luego, Kirill se refirió a los oponentes de Rusia en Ucrania como «  fuerzas del mal  « y  pronunció un sermón  el 6 de marzo en el que sugirió que la invasión era parte de una lucha «metafísica» más amplia contra los valores occidentales inmorales. En cuanto a su opinión sobre el conflicto en curso, a principios de la semana pasada, Kirill presentó una imagen de la Virgen María al líder de la Guardia Nacional Rusa, Viktor Zolotov y le dijo : «Que esta imagen inspire a los jóvenes soldados que prestan juramento y que emprenden el camino de la defensa de la Patria».

El apoyo de Kirill a la guerra puede terminar  volviéndose en su contra. La postura de Kirill ha provocado una  respuesta inmediata  de los cristianos ortodoxos. Las críticas le vienen del interior de su misma iglesia. El metropolitano Onuphry de Kiev, pastor de los ortodoxos rusos en Ucrania,  denunció inmediatamente la invasión  como «un desastre» y una «repetición del pecado de Caín, que mató a su propio hermano por envidia».  Desde entonces, muchos de sus sacerdotes en Ucrania están pensando romper con la Iglesia Ortodoxa Rusa. «No podemos dar marcha atrás en nuestra decisión de distanciarnos del patriarca Kirill», decía un comunicado de los sacerdotes de la iglesia ortodoxa.  «Nuestras conciencias no lo permitirán».

También el arzobispo de las iglesias ortodoxas rusas en Europa occidental imploró públicamente a Kirill que alce la voz ante las autoridades rusas contra la «guerra monstruosa y sin sentido». El mismo Papa Francisco ha conversado, por videoconferencia, con el Patriarca Kirill sobre la guerra en Ucrania y le ha recordado que todas las guerras son injustas, porque quien las paga es el pueblo de Dios. «En otro tiempo, ha dicho el Papa, también se hablaba en nuestras iglesias de la guerra santa o guerra justa. Hoy ya no se puede hablar así. Se ha desarrollado la conciencia cristiana de la importancia de la paz».

La presión religiosa sobre Kirill parece ser cada día más fuerte. Solo queda saber si estas críticas le empujarán a distanciarse de Putin y a condenar la guerra.  Pues la decisión del presidente ruso es de continuar la invasión a Ucrania, tratando de justificarla con una retórica religiosa: en un mitin reciente, Putin elogió a las tropas rusas y parafraseó la Biblia,  diciendo  : «No hay amor más grande que dar la vida por los amigos». Pero, como dijo Francisco a Kirill, «La guerra nunca es el camino».

Ninguna guerra es justa, ni mucho menos «santa»
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