jueves 26/5/22

El oso está protagonizando muchos titulares. Algunos están justificados, otros son impulsados de forma interesada por ciertos sectores para obtener algún tipo de rédito. De ambos casos quiero hablar en esta tribuna, porque los primeros requieren acción inmediata por parte de la administración, sin excusas ni dilaciones; y los segundos se van a encontrar que la Fundación Oso Pardo (FOP) no está de brazos cruzados. Llevamos mucho tiempo trabajando sobre el terreno como para no conocer las trampas que utilizan algunos en el sector ganadero, y también ha llegado el momento de que no se pase ni una más. Pero vamos por partes.

Los osos en los pueblos. Es cierto que los osos se ven más. Es una lógica consecuencia del aumento de la población. Bajan a robar fruta, como lo han hecho siempre, saldándose con incursiones nocturnas sin más consecuencias que unos daños que tienen que ser indemnizados. Pero como ya venimos señalando, algunos ejemplares, normalmente jóvenes, y alguna osa con crías, presionados por los machos adultos en el monte, pueden habituarse a buscar la comida fácil en las basuras y en la fruta inmediata a las casas. Es completamente comprensible que estos ejemplares que se habitúan a los entornos urbanos y que pueden llegar a realizar incursiones en núcleos habitados en busca de comida, generen una notable inquietud entre los vecinos de los pueblos.

Por ahora son casos aislados pero urge trabajar sobre ellos y evitar que vaya a más, especialmente en este tiempo que es temporada de frutas. Estos ejemplares deben ser disuadidos y expulsados de los entornos de los pueblos con las medidas previstas en el Protocolo de intervención con osos, esto es «mediante gritos y voces fuertes, elementos sonoros, perros atraillados, e incluso mediante artefactos pirotécnicos, disparo de balas de goma o munición real de poco gramaje a corta distancia alrededor de los cuartos traseros del oso».

Las intervenciones deben ser realizadas por equipos de guardas de la administración, bien formados y equipados, y disponibles las 24 horas del día. Si los ejemplares reinciden en su comportamiento, deben ser capturados para colocarles un collar con dispositivo GPS que posibilite su seguimiento y la aplicación más contundente y continuada de las medidas de disuasión.

En este punto tenemos que dejar claro, para evitar confusiones, que es la administración autonómica, y no la FOP, la que tiene las competencias para intervenir y expulsar a los osos de los pueblos. Nosotros intentamos contribuir a la resolución de problemas poniéndonos a disposición de las administraciones para colaborar con ellas y aportando investigación y conocimiento; por ejemplo para la elaboración del Protocolo de intervención con osos antes mencionado (que aprobaron en 2019 las comunidades autónomas cantábricas que cuentan con osos: Galicia, Asturias, Castilla y León y Cantabria), o con la realización del estudio Osos y basuras en la Cordillera Cantábrica, también presentado en 2019. Intentamos adelantarnos a los problemas para mostrar los caminos que aconseja la ciencia y las experiencias de gestión en otras poblaciones de oso pardo, pero algunos de ellos no podemos recorrerlos suplantando a la administración.

El segundo tema que quiero abordar aquí es el de los daños al ganado. Parece que en algunas localidades de Cangas del Narcea (Asturias) y Laciana (León) el ganado ya no se muere en el monte por causas naturales. Como los ganaderos conocen bien, estas causas, entre otras, pueden ser: la enfermedad de la pernera, infecciones bacterianas del género Clostridium, distintas patologías asociadas a los partos, o despeñamientos cuando el ganado busca hierba fresca en los roquedos y pendientes pronunciadas. Toda esta casuística parece haber desaparecido en esos municipios y ahora todas las bajas se deben al oso según determinados ganaderos/as, y algunas asociaciones de ganaderos, que no dudan además en buscar altavoz en las redes sociales y la prensa.

Nunca hemos negado y no lo vamos a hacer ahora que el oso cause alguna baja en el ganado, más en el ovino, y por eso se pagan indemnizaciones, pero desde luego no es lo usual. Lo que sí es común es que el oso entre a comer la carroña de un animal ya muerto, por lo que sus señales también aparecen en el cuerpo aunque no sea el causante de la muerte. De hecho, hemos sido testigos de cómo se ha dejado ganado muerto en el monte para que el oso lo coma y poder reclamarlo como daño, porque la muerte por causa natural y el posterior carroñeo no se indemniza. Este comportamiento tramposo, antes limitado a unos pocos ganaderos sin escrúpulos, empieza a alcanzar en algunas localidades la categoría de epidemia.

Las administraciones han hecho la vista gorda durante años a este comportamiento para evitar conflictos, pero ha llegado el momento de decir basta. Por eso estamos reclamando a las administraciones que se diseñe y elabore un protocolo exhaustivo que proporcione a los guardas y técnicos las herramientas para determinar con la máxima precisión posible si el ganado ha sido atacado por el oso o ha muerto por otra razón, y el oso lo ha consumido posteriormente como carroña.

Desde luego vamos a poner todo de nuestra parte para que se frene esta práctica doblemente nociva, ya que por un lado causa un impacto sobre la hacienda pública al cobrar falsos daños a costa del dinero de todos, y por otro lado está dando al oso una inmerecida fama de fiero devorador de ganado, lo que en absoluto se ajusta a la realidad en los montes cantábricos. Hacer la vista gorda ante este tipo de fraude ya no favorece al oso sino que va en contra de él y del resto de la biodiversidad, perjudicando a otros sectores económicos del medio rural, como el turístico, que constituye un importante motor de prosperidad para muchas familias en la Cordillera Cantábrica.

Polémica sobre el oso: es tiempo de actuar
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