lunes 14/6/21
TRIBUNA

Reflexiones sobre el fuego

Ha concluido el verano y León ha sufrido demasiados incendios forestales, la agresión al medio ambiente en una provincia con una biodiversidad tan interesante, quizá carezca de precedentes en otra nación europea. Lo preocupante del caso, es que en los medios de comunicación los incendios forestales ya se consideran como noticia permanente en el verano, casi una sección fija como los deportes o el parte meteorológico, pero una y otra vez acaba por aburrir a gran parte de los ciudadanos, menos a los forestales que hace años plantamos aquellos pinares en tierras esquilmadas, vimos crecer el bosque y ahora sin ningún sentido le hemos visto arder, se nos enciende la sangre, al ver aquel ingente trabajo que no ha valido para nada. No digamos cuando oímos o leemos en los diferentes medios de comunicación, la sarta de lugares comunes, inexactitudes o juicios de valor que expresan algunos articulistas, locutores o tertulianos, con total desconocimiento del tema sin ruborizarse un ápice.

Los profesionales que hemos pasado casi toda una vida por los montes leoneses, estamos hartos de tantas lamentaciones, de que los incendios se apagan en invierno, aunque desconozcan el coste de las actuaciones que ello representa, sobre todo ahora tal y como está el país. No hagamos demagogia barata pues el más torpe comprende, que no habría incendios forestales si nadie prendiese fuego al monte, bien de manera directa o indirecta, bien intencionadamente o no. A veces me da la sensación de que vivimos en un país de sordos y ciegos. No me explico como se culpa a las condiciones meteorológicas de los incendios forestales y no a una gestión inadecuada de las masas forestales, al cambio de vida en la población rural, el que la pirámide de edades se haya invertido y que los pueblines de León estén habitados por personas mayores, ni mucho menos quiere decir «que no se enteren del tema», todo lo contrario, pues con la serenidad que dan los años, quizá podríamos aprender más de ellos. Pero todos estos factores y otros más que no acierto a exponer, varían según las características sociales, geográficas y étnicas de España, pero sobre todo en una provincia tan variada como León, que contribuyen a dar por sentado una serie de recomendaciones a tener en cuenta a la hora de planificar futuras decisiones

Contra los incendios forestales por causas naturales, no cabe otra solución que la prevención y la extinción. Contra los intencionados caben otro buen paquete de medidas : educativas (porqué se suprimió el Aula en la Naturaleza de Tabuyo del Monte, como todas las de esta Comunidad autónoma, donde muchos chiquillos y futuros maestros aprendieron a conocer, amar y respetar a la Naturaleza), prevención selvícola, disposiciones sancionadoras, etc., aunque evidentemente falta la más importante: voluntad política, soluciones existen, sin caer en la utopía de que los incendios forestales van a cesar por completo, pero cuando una situación como esta puede causar alarma social, las clases dirigentes deben tomar medidas drásticas y efectivas, que al menos alivien esta situación, lo mismo que desplegó una enorme actividad política y legislativa en los malos tratos domésticos, violencia en el deporte, infracciones al Código de Circulación etc., la clase política decidió tomar medidas y ¡vaya si las tomó!. Entonces con los incendios forestales, hagamos lo mismo.

Nos sorprenden los argumentos sin sentido que se escuchan, pero hay uno que me exaspera: «…claro, esto ocurre por que se plantan pinos y eucaliptos, hay que repoblar con vegetación autóctona: hayas, robles, castaños, etc..», pues en primer lugar desconocemos que entienden para un concepto tan complejo como especie autóctona o alóctona, alabando a las especies frondosas y matizando su incombustibilidad, comparándola con la «perversa» condición que ejercen sobre el hábitat pinos y eucaliptos, que según ellos no solo empobrecen el suelo, si no que encima arden fácilmente, vamos que sobre poco más o menos estos sufridos árboles, son los responsables subsidiarios de los incendios forestales, digo yo, si pensarán de la misma manera en Covaleda, Valsaín, etc.. Aparte de la ingenuidad y falta de conocimientos sobre el tema, no procede calificar de ignífugas a las distintas especies de fagáceas y betuláceas, ni de esquilmar el suelo la trementina o el eucaliptol. Los procesos de edafogénesis siguen un proceso complicado, solo hay que observar las repoblaciones en la cornisa cantábrica, mientras en el SE. de España, precisamente donde se valoran en gran medida los árboles, como en Cartagena, si no interviniesen los cultivos, el suelo tendría paulatinamente un proceso mayor de aridez.

La diferencia es que las frondosas, son especies nobles, climácicas, con unos límites de tolerancia muy pequeños respecto a los distintos factores: clima, suelo, insolación, etc. y por tanto acordes con su abolengo, tienen gran exigencia en principios activos y precipitaciones, por tanto una enorme lentitud de crecimiento, todo lo contrario ocurre en pinos y eucaliptos. Un hecho cierto es que el consumo de celulosas (papel) se ha disparado, y España importa para satisfacer estas necesidades muchos metros cúbicos de madera y en parte, esta importación disminuye con el aporte de celulosa de estos árboles, mejorando así la balanza de pagos. Por este motivo en todos los países desarrollados, se hicieron, se hacen y se harán estas plantaciones, ya que no hay razón alguna, ni botánica, ni selvícola ni económica que apoye esta animadversión. Por ejemplo los eucaliptos pueden oscilar entre 80 y 2 metros de altura, pueden rescatar para el hábitat forestal ecosistemas muy hostiles: desiertos de Lanzarote (Eucalyptus odontocarpa), acantilados calizos muy pedregosos (E. angustissima), zonas pantanosas insalubres (E. kitsoniana), dunas móviles, marinas y continentales (E. rugosa, E. anceps, E. uncinata, E. leptocalyx) etc.. Es decir, estos árboles no arruinan el ecosistema, es más los muy averiados los mejoran.

Está claro que si no se prende el monte no arde, y que en un incendio forestal arden pinos, eucaliptos, hayas, robles, encinas y quejigos, arde el hormigón armado de las edificaciones, vehículos, y lo que es mucho peor, arden vidas humanas: Murias de Ponjos, Oencia y Molinaferrera han dado el aldabonazo para meditar sobre el tema. Hace tiempo dijo un gran director del Icona (aquel Organismo que nunca tuvo porqué desaparecer): «… hay que reconocer que las gasolineras, pese a la cantidad de combustibles altamente inflamables que guardan, no suelen ser pasto de las llamas, pues a nadie se le ocurre incendiarlas». Creemos pues que es necesario reflexionar, por ejemplo en los siguientes temas.

1.- Dar conocimiento a los pueblos de las posibles actuaciones en su monte y que ellos estén de acuerdo.

2.- Formar una comisión de expertos en este tema, aunque estén jubilados.

3.- Unificar criterios con la administración central del Estado

4.- Adoptar las nuevas innovaciones en las tareas de localización de incendios, pero sobre todo en extinción, no abandonar la metodología que en el transcurso del tiempo ha demostrado sobradamente su eficacia.

5.- Los medios de extinción nunca serán eficaces, si están en manos de personas inexpertas.

6.- Educar y concienciar en el tema, sobre todo a los niños que son nuestro futuro.

Surge la pregunta ¿ por qué no destinar parte de nuestros esfuerzos a investigar, no solo las causas del incendio si no a los causantes del mismo?, ¿por qué no solo a saber la ubicación del incendio, si no además quien es el responsable de su aparición?, y una medida fundamental: terminar con la impunidad del incendiario, y que el peso de la ley actúe sobre él como otro delincuente cualquiera.

Lo triste del caso, es que los que hemos visto nacer estos pinares y conservado esos robledales y hayedos, quizá alguno de ellos por la impunidad de algún pirómano arderá el próximo año, la sensación de estar «predicando en el desierto» nos invade, y claro que vamos al desierto, pero de cabeza, solo hay que ver nuestras oscilaciones térmicas, la total irregularidad en las precipitaciones, la paulatina termoxericidad, la emigración de taxones muy meridionales al centro y norte de la Península, el «efecto sumidero» en nuestras cordilleras más elevadas… para que seguir. Aquí, en esta privilegiada provincia de León, empezaran las nieves, las heladas, el frío, y el tema de los incendios forestales se olvidará. Comenzará el verano el próximo año, volveremos a la misma situación, eso sí con menos árboles, pero como en este se pararán cuando llueva.

Dentro de poco habrá elecciones generales, y el tic-tac del masculino al femenino nos cansará hasta la saciedad, los pares compañeros-compañeras, leoneses y leonesas, ilustraran discursos aburridos apoyados en las viejas retóricas de anáforas y catáforas que asomarán a nuestras pantallas, ¿habrá algún candidato que en sus promesas electorales, se acuerde de nuestras masas arboladas, del beneficio que producen los bosques, y evitar que acaben convertidos en un montón de cenizas?.

Sean bienvenidas todas las soluciones para paliar esta lacra en un país tan árido como España. Lo que no tiene justificación alguna es quemar los montes, ninguna especie vegetal: herbácea, matorral o arbórea lleva implícita la «combustión espontánea». ¿Seremos capaces de vencer este reto y que las generaciones que nos siguen, sobre todo los niños que son nuestra continuidad y futuro, no nos señalen como unos irresponsables, que destrozamos lo que a ellos les correspondía disfrutar?. That is the cuestion.

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