jueves 28/1/21

Reiniciar

Después de darle varias vueltas al asunto, me he decidido por utilizar el término reiniciar al de resetear, aunque quizás a una gran parte de los lectores les resulte más familiar este último. Y es que considero que ya va siendo hora de que nos pongamos en predisposición, cuando no de disposición, para afrontar nuestro futuro inmediato.
Es hora, digo, de pensar en que las circunstancias vividas en los últimos meses van a cambiar inevitablemente. Los hechos se imponen y nuestra voluntad queda relegada a un segundo plano. No es que nos hallamos vuelto más débiles mentales con todo lo que nos está ocurriendo, simplemente los acontecimientos escapan a nuestro dominio y control.
La pandemia sigue su propio curso, quienes tienen la responsabilidad de tomar decisiones están fuera de nuestro entorno y por lo tanto de nuestro alcance, lo único que podemos hacer es esperar a que acierten en lo que deciden. Somos sujetos pasivos cuya relevancia no va más allá que la de los polemistas o los denominados tertulianos (nada tienen que ver con Tertuliano, padre de la Iglesia, y sí con las cadenas de radio y televisión)


A pesar de ser objetos pacientes de un virus traidor y un entorno caótico, es el momento de abordar cómo queremos que sea nuestra transición hacia la postpandemia. Nada dura eternamente y parece que ya tenemos visos de que hay esperanza. A eso nos debemos asir con fuerza y marcarnos como objetivo que la transición sea lo más corta posible.

Transición que nos va a exigir un reinicio a todos. Quizás para unos sea más fácil que para otros. Aquí influyen varios factores. Uno que considero determinante es la edad. No serán lo mismo la capacidad y posibilidades de adaptación de un adolescente o joven que los de una persona mayor. Tampoco sus necesidades serán las mismas. Otro factor importante es cómo haya pasado cada uno la pandemia. Aquellos que no se hayan contagiado partirán de una posición que en principio pudiera parecer ventajosa, su salud no se ha visto resentida y su psicología tampoco. Otra cosa es que con un virus tan aleatorio y caótico su futuro pudiera ser tan incierto como el de los que se infectaron.

La cuestión clave es que no todos partiremos de las mismas experiencias y por lo tanto desde los mismos puntos de visa para afrontar el futuro. Futuro que, en esto sí que pudiera haber acuerdo entre todos, no será igual. No lo será porque el temor y la amenaza a una nueva pandemia, del tipo que sea, estará presente en el subconsciente colectivo.

Hemos entrado en el primer cuarto del siglo con una crisis mundial que nadie esperaba y mucho menos de esta importancia y naturaleza. Las certezas que atesorábamos ya no forman parte de nuestro patrimonio. Una época de incertidumbre se nos viene encima. En ello debemos pensar, cómo queremos gestionar la falta certeza que imperará en nuestras vidas.

Entramos en una fase de transición y un reseteo se hace necesario

En definitiva, estamos hablando de inseguridad individual. Es una amenaza novedosa donde el individuo carece de la certeza de un futuro tranquilo y de progreso. Es necesario gestionar esta crisis tanto desde el plano interior como desde la organización social. A todas las dudas y problemas que ya teníamos, se nos ha sumado un problema microscópico que se ha cargado de un plumazo las certidumbres económicas básicas para la organización social. Esta organización social necesita de propuestas realistas que permitan mantener los principios que la han inspirado hasta ahora porque lo contrario sería crear una nueva realidad todavía por definir.


Esta nueva realidad quizás necesita de nosotros un reinicio o reseteo para garantizar nuestra supervivencia en los términos que más o menos hasta ahora ha discurrido. Reseteo que debe comenzar de forma individual y que inevitablemente supondrá un reseteo de la organización social, salvo, claro está, que nos encerremos en nuestras alas de avestruz y dejemos pasar la oportunidad.

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