Diario de León

HISTORIA SINDICAL

Comisiones para los mineros del Bierzo

El libro de Alejandro Martínez saca a la luz parte de la historia sindical en las cuencas mineras de la comarca y de Laciana, una tarea en la que hasta ahora se ha ahondado muy poco pese a su importancia

Ponferrada

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Cuando estudiaba en la Universidad de León, cada domingo veía una pintada en Villadangos del Páramo que le hacía reflexionar el resto del trayecto. Decía: «Las hormigas trabajan tanto porque no tienen sindicatos». Sabiduría popular plasmada en una pared, pensaba. «Y es cierto», dice hoy.

El historiador berciano Alejandro Martínez acaba de publicar el libro ‘ Conquistar el pan y la libertad . Historia de las Comisiones Obreras en Laciana y El Bierzo (1962-1982)’. El título lo dice ya todo y así lo corrobora el autor: «La importancia del sindicalismo durante el franquismo y la transición —explica— tuvo consecuencias palpables en la reducción de la mortalidad, el alargamiento de la esperanza y la calidad de vida de los trabajadores. Por supuesto también en los salarios, prestaciones y pensiones, elementos estos más visibles. También en los servicios públicos, sanitarios, de enfermedad o vejez, proporcionan valor a los sueldos, otorgan estabilidad y certezas frente a posibles contingencias como enfermedad o fallecimiento».

Durante años, la mina La Camocha, en Gijón, operó como el mito fundacional de CCOO, pero al fin y al cabo fue eso, un mito. «Hoy ningún historiador sostiene esa tesis. Vizcaya, Jerez o el metal madrileño son distintas experiencias que también se disputan la paternidad del movimiento. Sin embargo, conviene diferenciar los términos para saber de lo que hablamos. Las comisiones de obreros son una táctica de lucha empleada desde comienzos de los años 50. La de la Camocha es de 1957», aclara Alejandro Martínez.

La Comisión Obrera de Laciana, creada al calor de la huelgona de 1962 , tiene un carácter estable desde entonces y no se disuelve hasta que posteriormente ya se constituye como sindicato, cuenta el autor del libro sobre los primeros años del sindicato en el Bierzo y Laciana, o más bien Villablino. Su carácter pionero y genuino se lo dan sus características, insiste. «Es elegida en asamblea democrática por parte de los trabajadores, autorizada por el propio régimen, reconocida por la MSP y con actuación abierta en paralelo al Jurado de Empresa, a través de 12 vocales asesores».

El historiador Alejandro Martínez, en una imagen reciente. DL

El historiador Alejandro Martínez, en una imagen reciente. DL

Laciana es, por tanto, la cuna de las Comisiones Obreras en la provincia. Los trabajadores logran dar estabilidad a un movimiento espontáneo. Una realidad histórica, matiza Alejandro Martínez, que no invalida al resto de experiencias, anteriores y posteriores, aunque alcanzaran mayor capacidad de organización.

En toda España, a partir de 1964, las comisiones de obreros ganan en coordinación. En la provincia de León existía el precedente de una reunión, en el verano de 1962, que intentó, sin permanencia en el tiempo, coordinar los gérmenes de lucha que surgían en las zonas industriales. No será hasta el bienio 1966-67 cuando cuaje la coordinación provincial en León, coincidiendo con los desarrollos a nivel nacional. En ello juega un papel clave la llegada a León del minero asturiano Víctor Bayón, instructor clandestino del PCE.

El estudio viene a continuar una investigación anterior del autor, plasmada en el libro ‘ La primavera antifranquista. Lucha obrera y democrática en El Bierzo y Laciana (1962-1971)’. «Existen muchos datos que son novedosos, especialmente la documentación de todo el proceso de movilización obrera que se produce en los 70 y primeros 80. Algunos son conocer el aporte de otros colectivos, aparte del minero, cómo los trabajadores de Endesa, Roldán, la construcción o Renfe. También la conquista de la paga complementaria de silicosis a raíz de una movilización de los trabajadores la MSP en Laciana cuando entra en vigor el Régimen de la Minería del carbón». La victoria amarga de la huelga de la antracita en 1971 y la gran desconocida que es la 1972 y que es dirigida plenamente por CCOO. El proceso de coordinación en los mineros y el de infiltración en el sindicato Vertical o el papel de las Asociaciones de ex Alumnos de Escuelas Sindicales, por citar otros hitos.

El libro sobre Comisiones Obreras de Alejando Martínez aporta, sobre todo, datos sobre los primeros pasos del sindicalismo en la transición y la democracia, su aportación a los derechos democráticos, el proceso de hacer frente a las primeras señales de la reconversión, los encierros multitudinarios... «Incluso la decepción y la pérdida de afiliación tras la transición y la imposibilidad de la ruptura democrática y el sindicato único. También profundizamos en un hecho que volvimos a poner de relieve, que es un muerto a lo bonzo en Ponferrada en el año 80 y que es una historia poco conocida. En fin, son muchas y es difícil señalar algunas».

Estudio
El libro aborda los años oscuros del franquismo y el auge del inicio de la democracia

Durante los años del franquismo no existió relación entre UGT y CC OO en Laciana y el Bierzo. «Existían antiguos trabajadores ugetistas pero no organizados». La primera constancia documentada de UGT son unos panfletos en 1973 en el Bierzo. «Durante el franquismo no hay conflictos liderados por la UGT o por los socialistas ni en el Bierzo ni en Laciana. En el XXX Congreso de UGT de 1976 no hay presencia leonesa. Por entonces UGT no llega a 7.000 afiliados en toda España, según sus datos. En la Transición Comisiones Obreras plantea un Congreso Sindical Constituyente en el que todos los trabajadores estén en una única gran central sindical, al igual que la patronal sólo tiene una sola organización y para evitar los enfrentamientos del pasado. UGT lo rechaza, pues vincula libertad sindical con pluralidad y competencia entre sindicatos», explica el investigador berciano.

Cuenta también que, tras un breve proceso unitario en la Coordinadora de Organizaciones Sindicales, a partir de 1977 los enfrentamientos serán crecientes, especialmente en un clima de competencia sindical por imponer sus modelos sindicales. En marzo de 1977, UGT cuenta con 200 afiliados en la provincia de León y llegará a 18.000 en abril del año siguiente. «No superará a Comisiones, que será la principal central, pero sí que tiene un crecimiento vertiginoso».

Su libro trata de recoger el caudal de experiencias desarrollado en circunstancias muy distintas y sacar las lecciones oportunas para el presente. «Las realidades históricas son diferentes, y la necesidad del sindicalismo, en un siglo XXI en el que las realidades del trabajo se vuelven a alejar de la laboralidad, la regulación y la estabilidad, está fuera de toda duda».

Y es que, en su opinión, la participación del sindicalismo de clase en el desarrollo del llamado «Estado social» es indiscutible. «A pesar de lo que se suele pensar, las reclamaciones han sido extender las coberturas a los sectores poco o nada sindicalizados. Subsidios de desempleo, revalorización de las pensiones, ayudas sociales o ayudas económicas a regiones en declive, cómo las nuestras. Elementos que no redundaban en beneficio directo de sus afiliados», concluye. Alejandro Martínez al analizar su trabajo.

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