Paisanos bajo el prisma del tiempo
La exposición exhibe hasta el 26 de noviembre sesenta y siete instantáneas de cinco fotógrafos que recogen estampas cotidianas con protagonistas de Castilla y León
Fernández de Santiago en la apertura de la exposición Paisanos.
«Grave, lenta, solemne y al compás, como el paso de la yunta. Así ha cristalizado esta tierra durante siglos y siglos». Este texto y la fotografía a la que acompaña, donde un anciano varea a una pareja de bueyes junto a una casa de ladrillo y uralita, resumen la esencia de la exposición -˜Paisanos-™, en la que los fotógrafos David Arranz, Miriam Chacón, Eduardo Margareto, Leticia Pérez y José Vicente han capturado, con la ayuda de los textos del periodista Roberto Jiménez, el «espíritu más cierto» de Castilla y León, según dijo hoy, durante la inauguración, el presidente de las Cortes, José Manuel Fernández Santiago. La muestra, auspiciada por la Fundación Villalar Castilla y León y ubicada en el recibidor de las Cortes hasta el 26 de noviembre, se compone de 67 instantáneas, 13 menos que las que figuran en el libro del que ha germinado, informa Ical. Agricultores, ganaderos, pescadores, tenderos, parejas de ancianos, y, ocasionalmente, niños y jóvenes, componen el mosaico del paisaje y el paisanaje de Castilla y León, «gentes y estancias y quehaceres cotidianos a lo largo y ancho de esta tierra castellana», como dice en el prólogo del volumen el escritor abulense José Jiménez Lozano. El autor de -˜Sara de Ur-™, -˜El mudejarillo-™ o -˜El viaje de Jonás-™ alabó durante la inauguración el trabajo de los cinco fotógrafos y recordó que «hay fotografías absolutamente extraordinarias», entre las que contó algunas de las «expuestas» en las Cortes, que llegan a «cambiar la realidad» e incluso a «superar» el arte a cuya sombra nacieron, «la pintura». Viejos oficios, amores crepusculares, sonrisas infantiles de ilusión y esperanza, miradas perdidas en las nieblas del pasado, manos encallecidas por el trabajo cotidiano... Cada instantánea de -˜Paisanos-™ cuenta una historia, captura una esencia o refleja una costumbre en peligro de extinción; y todas remiten a la vocación narrativa de la fotografía, como recordó Jiménez Lozano, a quien lo que más le gusta es «escuchar historias».
Sin prisa. La exposición y el libro nacieron sin prisa, en un espacio de tiempo imposible de «ponderar», explicó su coordinador, David Arranz, porque en muchos de los casos los fotógrafos aprovecharon reportajes «de encargo» para robar en un abrir y cerrar de ojos la instantánea que a ellos «les gustaba», la que les «llamaba la atención». «El fotógrafo busca algo, ese instante decisivo que decía Cartier-Bresson», recalcó Arranz. Si, además, consigue capturar el alma del retratado, mejor que mejor, aunque no sea siempre posible porque «el alma es algo muy oculto y difícil de ver», apostilló el fotógrafo, quien estuvo acompañado en la inauguración por tres de sus cuatro compañeros: Margareto, Pérez y Vicente. Los cuatro, junto con Chacón, dan testimonio en Paisanos de las gentes para las que legislan quienes cada día trabajan y debaten en el lugar donde se muestra la exposición. Que la mayoría de los retratados sean ancianos «puede ser una casualidad o no, porque esta es una tierra envejecida».