VERLAS VENIR
A quién le importa
Aunque nadie se inmuta de momento, la gestión reciente de las asoladas entidades de ahorro está sembrada de episodios que ponen los pelos de punta. Esta semana nuestro periódico destapó el escándalo Nozar, una avería de 90 millones de euros. Otra más. Por eso resulta tan irritante la resignación. A mediados de mayo, mientras despachaban desde Madrid aquellas cartas anónimas comunicando el mordisco a los incautos, los de Ceiss iban pregonando a las víctimas de las preferentes una quita de entre el setenta y el ochenta por ciento. De entonces acá, siguen sin hacer nada de provecho por la clientela estafada. Se dedican en exclusiva a deteriorar la entidad y a embolsar sus millones mensuales, que para eso sí que hay.
La cuarentena transcurrida desde entonces ha servido para conocer que las entidades de igual naturaleza que Caja España Duero, donde sí se exigió dar la cara, han reparado mediante arbitraje el daño a su clientela engañada. En el caso de Novagalicia, 37.688 clientes recuperaron la totalidad de su dinero en el arbitraje, mientras Bankia, que recibió 182.666 solicitudes, confirma la resolución de miles de laudos favorables en un proceso todavía en marcha. Estos resultados revelan, por si hubiera alguna duda, que la perversión del procedimiento fue sistemática, no aislada. Es decir, una práctica de engaño masivo y deliberado. También en Caja España Duero, que no ha dado a sus víctimas ninguna posibilidad de arbitraje o arreglo. ¿Y esa diferencia sangrante de trato a qué se debe?
¿Por qué los clientes engañados de Caja España Duero son los únicos que no tienen acceso a un arreglo arbitral? En pocas palabras: por la haraganería de sus directivos y la indolencia de sus políticos. Esa combinación interesada los dejó a la intemperie. Sin otra vía de remedio para defender sus intereses que acudir al juzgado, apoquinando tasas y haciendo frente a gastos para resarcir un daño sufrido sin ninguna responsabilidad por su parte. Así lo demuestra el resultado de los arbitrajes practicados en las entidades limítrofes. Cuando las Cajas tuvieron problemas de liquidez, porque los inversores habían huido de estos productos tóxicos como de la peste, los colocaron con engaño a sus ahorradores de toda la vida. Gente en su mayoría de edad avanzada y sin ninguna experiencia inversora, a quienes se hurtó la información básica sobre los riesgos. Y se hizo así, porque había instrucciones precisas.
Fue un plan urdido por directivos en apuros y consejeros colocados a dedo que bien no leían la documentación o no atendían a sus alarmas. Políticos, sindicalistas y empresarios que percibían retribuciones y favores de escándalo por el desempeño de unas tareas que les traían al pairo. El resultado fue una gestión funesta, mezcla de incompetencia y de una voracidad económica desmedida. No les valió con perjudicar el negocio tradicional de la entidad, sino que se pusieron creativos. Mientras sangraban a sus clientes de toda la vida, los directivos de Caja España decidieron invertir 140 millones de euros en acciones de FCC. Tres años después, habían perdido 70 millones en la diversión. Simultáneamente, los directivos de Caja Duero le entregaban a la constructora Nozar 90 millones de euros, sin atender a su ruina. Son sólo dos ejemplos. ¿De verdad no importa a nadie?