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ernesto escapa
León

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Es cierto que por aquí no ha cundido todavía el alboroto de Madrid, pero tampoco faltan los ruidos. De momento, nadie echa mano cada mañana del marido preso de la astorgana Rosalía ni del peñón gibraltareño ni de los Eres andaluces, aunque la gresca partidaria tampoco ceja. Todavía con la sordina de la distancia mediante hasta el momento de la elaboración de listas, que es el trago que dispara las ambiciones.

Así que las tarascadas se reducen al interior de los partidos, donde van asomando los puñales movidos por la bicefalia socialista o por las pretensiones sucesorias populares. Estas maniobras entretienen a nuestros presupuestados en ejercicios sin ningún provecho para el interés general, mientras nos inundan las babas de la crisis. Después de años de movilizaciones y protestas por la quiebra minera, los diputados y senadores populares de León (no todos; Alfredo Prada escurrió el bulto) han escrito al secretario de Estado de Energía un recado para el ministro de Industria, en el que plantean sus observaciones al Plan del Carbón. Si la situación de la minería no fuera dramática, resultaría simplemente grotesco. Como recordaba un editorial de este periódico, el sector minero suponía, antes de la irrupción del todavía ministro Soria, más del 20% del PIB de la provincia. Así que no se entiende tanta cautela a la hora de llamar a las cosas por su nombre, ni tanto retraso en decirlo, ni esa manera acobardada de escribir al ministro usando el buzón de su secretario de Estado. Prefiero pensar que todos estos rodeos se deben a que los parlamentarios más votados por los leoneses no se enteran. Acaso ninguno ha aprovechado el verano para visitar las cuencas mineras, donde ya se percibe el pánico de la desbandada. Por si no valiera el ejemplo de lo sucedido en los cierres precedentes, y ahí está la estampa decrépita del valle de Sabero, de Matallana o de La Magdalena, quizá convenga refrescar un dato de la situación precedente.

Antes de la eclosión minera, a mediados del siglo diecinueve, Valderas era veinticinco veces mayor que Villablino. Ahora Valderas es la mitad de lo que fue y Villablino no sabemos hacia qué horizonte se dirige. Por cierto, en el proceso de cierres de hace tres décadas, el actual ministro Soria ya era asesor del socialista Solchaga. Así que ya no es admisible la estrategia de jugar a pasarse la pelota de la responsabilidad, sino que resulta urgente afrontar en serio el problema más grave de los muchos que afectan a León. No puede tomarse como algo normal que el ministro del sector siga sin aparecer por aquí y sin ofrecer otra solución que la adormidera, para que los espasmos del carbón no incomoden demasiado. En el debate sobre la asignación de los fondos mineros, el senador Aznar reclama que el gobierno vigile de cerca su destino, «porque hasta ahora se han hecho unos magníficos pabellones y unas tremendas piscinas, pero eso no sirve para crear empleo ni para fijar población». Ha olvidado que también con esos fondos un antecesor suyo en el Senado abrió un concesionario de automóviles en Oviedo, sin que haya constancia de su contribución al empleo ni a mantener el censo de los valles mineros. Empieza un nuevo curso político y el rescate de la minería debiera ser tarea prioritaria para los representantes de esta provincia. Porque no habrá más oportunidades.

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