Diario de León
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ernesto escapa
León

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El pregón presupuestario nos traía otros sanfroilanes alguna novedad más o menos ilusionante, a expensas de que luego llegara la rebaja de los sueños. Pero esta vez ni falta que hace. Los mismos pregoneros ya echan agua al vino, por si alguien no se hubiera enterado de qué tiempos vivimos. Además, los asuntos se suceden a velocidad de vértigo, como si vinieran acuciados por la urgencia, aunque luego pasan meses sin moverse del sitio. A veces, trompican; otras reculan, como acaba de ocurrir con la minería. El acuerdo que festejaron tan ufanos los del gobierno, la patronal y los sindicatos, porque había que cumplir con Bruselas, no deja de ser un acta de defunción más que una puerta al futuro. Es como si nos contaran, después de agitar movilizaciones y marchas a Madrid, que el objetivo era el arreglo de las jubilaciones y no de mantener la actividad. Para ese viaje, quizá sobraron alforjas.

Pero esos agobios se repiten mucho con el gobierno Rajoy. Bruselas les pide que expliquen cómo van a reducir el gasto para devolver la deuda y ellos envían papeles, que al parecer nadie revisa. De esa correspondencia derivan luego obligaciones tan canallas como el copago farmacéutico para los enfermos crónicos o el ahorro de siete mil millones a costa de reducir concejales, juntas vecinales y mancomunidades de la basura. Cuando esa millonada, con un poco más de gasto, es el agujero del Madrid olímpico de Gallardón y doña Botella. Pero en los papeles ponía lo otro. Ahora a ver cómo se arregla para que no cierren el grifo los de la pasta.

Las dos medidas andan trabadas, mientras encuentran alguien que las pula. Pero no están descartadas, a pesar del peregrino argumentario de la norma, que pretende reducir gasto municipal eliminando servidores altruistas, mientras engorda las listas de asesores y eleva las retribuciones de los organismos más caros, que curiosamente son también los más ineficientes. La papela de esa reforma la prepararon en Faes, la subvencionada factoría de ideas de Aznar, echando mano de viejos proyectos de la época de López Rodó. A su cabeza, el diputado Elorriaga, que es el chico de aquel flecha tan risueño que venía de Madrid a darnos los premios de brincos y letras en el Hispánico y en el Trianón.

Después del sofoco del viernes, cuando Herrera sacó los colores en el cónclave popular a los intrigantes de la sucesión, parece que se han ido produciendo desmarques. Dicen que León y Ávila ya no chapotean con los de la Raya: Zamora y Salamanca. Y tampoco lo que cuenta de Soria. Burgos, Palencia y Segovia han sabido permanecer disciplinadamente a lo suyo, sin dar que hablar. Y Valladolid aguarda el turno con discreción para pintar algo en el gobierno de la Comunidad. Dependen de la vice Soraya. Pero aquellos alborotos de los caporales populares de provincias hace un año ya se acabaron. Se nota el fastidio de los antiguos compañeros de colegio en Zamora, el alcalde salmantino Mañueco y el presidente zamorano Maíllo, que tanta ilusión pusieron en el empeño. Y las prisas de quienes cambian de filas por situarse. Relajado se presenta el remate de la autovía a Valladolid, aplazado al menos otros diez años. Y más inquietante la dudosa integración de Ceiss en Unicaja, que de momento entretiene la demora con escándalos.

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