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ernesto escapa
León

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Mientras no tocan hueso o pisan callos, los proyectos y conjeturas políticas se deslizan con melodiosa pulcritud. Sobre todo, en verano, cuando el personal descansa y la opinión pública dormita. Lo malo viene cuando corresponde aplicar los principios genéricos a cuestiones concretas. Entonces hasta el más sereno se rebrinca. En estos días de tedio suelen despacharse las ocurrencias más irreverentes, aquellos arrebatos que en temporada incluso produciría bochorno comentar con los adictos. Luego, muchas de estas iniciativas embarrancan y quedan dormidas, esperando tiempos mejores. Unas veces, la dificultad está en el ordenamiento, porque los recaderos suelen olvidar la cordillera de salvedades que blinda la España autonómica. Otras se esfuman porque son una fresca que se echa a rodar hasta que la detiene la indiferencia. Pero los empeños de más calado acaban generando una cadena de réplicas y enmiendas que bloquea su puesta en marcha. Y en el rechazo no importan las diferencias partidarias. Con más o menos ruido, cada cual cuida su cortijo.

La actualidad semanal es un caladero donde pescar asuntos que ilustran esta perplejidad. De hecho, el mayor empeño reformista del actual gobierno, dirigido a eliminar o al menos reducir el engorroso dispendio de los solapamientos, embarrancó después de los pregones con que vio la luz por los Inocentes de 2013. Trataba de realojar competencias entre las distintas administraciones, aunque tras esa pretensión asomaba la patita un ataque infundado al municipalismo y el desprecio a competencias exclusivas de las Autonomías. Para ese viaje normativo, el gobierno Rajoy eligió ir en comandita con la Federación de Municipios y Provincias, donde prevalece una mezcla del municipalismo Barberá y el zamoraje de las Diputaciones. Así que la cacareada reforma quedó en los pregones, como la escuela de Mora.

Lo cual no significa que la realidad prescinda de los sucesos sin cobertura. Por ejemplo, este verano hay menos incendios, para suerte de todos y satisfacción de Antonio Silván, que los vigila. Menos fuegos en el campo, aunque las llamas asomaran en Valdefresno, en Camposagrado y en Aldeadávila de la Ribera, que es frontera con Portugal. Porque los incendios de viviendas en núcleos urbanos siguen ocurriendo. A veces, sin que los bomberos saquen la manguera para apagarlos. Esto ocurre en León, la provincia más extensa, que también es la única sin dotaciones comarcales de bomberos.

La última cisquera tuvo lugar en Astorga y su alcaldesa no se mordió la lengua, al denunciar la indefensión y abandono de su ciudad ante la amenaza del fuego. Pero no es el primer caso, pues el año pasado ardieron más de seis casas en diferentes pueblos sin que los bomberos acudieran a sofocar las llamas. En esto, seguimos como hace medio siglo, mientras las provincias vecinas disfrutan el servicio desde hace al menos un par de décadas. Y con menos aleluyas. En Palencia y en Valladolid, los parques de bomberos comarcales son de la Diputación, y en Benavente de la Mancomunidad. Por otra parte, después de instalar el nuevo órgano en la catedral, este año su festival de otoño pende de un hilo, huérfano de patrocinadores. Pero es internacional y ese rango obliga, en primer lugar, al Ministerio de Cultura, sin excluir del compromiso al resto de cooperadores necesarios.

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