Diario de León
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ernesto escapa
León

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Aveces, desmontando el refrán, las cosas de palacio se precipitan antes que las subalternas. Y luego las empujan. Sólo hace falta que alguien resuelto ponga combustible en la mecha que apunta más alto. Es lo que está ocurriendo con la mangancia organizada en la gestión del ahorro popular de las Cajas, que acabó como acabó. Y lo que nos queda por ver. Los de Madrid eran los jichos de la peli y llevamos semanas conociendo sus raterías en un goteo demoledor. De todos los partidos, sindicatos y organizaciones patronales, sin excepción. Tirando del ahorro de los viejos sin freno ni pudor. Fueron años de codicia y pillaje voraces. Adornando el saqueo con viajes, cacerías, descargas de cajero y un repertorio tal de perversas guarradas que no conocía sosiego. Hasta que vaciaron la hucha del ahorro surtida con tantas penalidades. Entonces tuvieron la idea luminosa de mudar el ahorro a plazo fijo de los viejos en productos híbridos claramente fraudulentos, de los que ellos como listos trajinaban para conseguir un interés más alto.

Digo fraudulentos porque la mudanza del ahorro se hizo escatimando la información del riesgo y con un agravante añadido: sin subir a las víctimas el interés por su dinero. El colmo de aquel descaro, que los jueces van reparando con lentitud y sin sorpresas, son las declaraciones ayer de los cabecillas de Caja España y Caja Duero en la Audiencia Nacional. En su desfile ante el juez Eloy Velasco, llegaron a decir que comercializaron esos productos tóxicos (preferentes, subordinadas y demás variantes del timo) «porque los pedían los clientes». Las actas del consejo directivo de las entidades desvelan sin paliativos que la historia no fue esa ni parecida. Se necesitaba liquidez para disimular la quiebra y se impulsó la conversión del ahorro en preferentes, que se contabilizan como capital. Ni más ni menos y desde la plena conciencia de la tropelía que se estaba cometiendo.

Por eso, en noviembre de 2011, el consejo de Caja España-Duero abordó y rechazó una propuesta de convertir esa morralla fraudulenta en depósitos a plazo fijo de cinco años con un interés del dos por ciento. Siete meses más tarde, en mayo de 2012, el consejo del recién constituido Banco Ceiss solicitó al Banco de España y a la Comisión Nacional del Mercado de Valores el canje que habían desdeñado cuando todavía era posible. Para entonces, las condiciones del rescate bancario europeo ya no lo permitieron. Pero la mala conciencia del engaño se ponía una vez más de manifiesto. Lo que sí se dio mucho en esos meses fue el lavado de preferentes a los listos, advertidos de lo que se venía encima. Se endosaban a la renovación de plazos de ahorro convencionales. La oscilación del interés asociado a las preferentes, entre los listos y los pacientes ahorradores, llegó a ser de cinco puntos. Por eso resulta tan sangrante esa atribución del quebranto como justo castigo a la codicia. La película de las preferentes ya está en manos de los jueces y sus decisiones van enmendando sin sorpresa a los tramposos.

Lo que ahora inquieta al público expectante es conocer de una vez y cuanto antes la cifra y el detalle de las tarjetas opacas en las entidades de aquí. También los créditos volátiles y otros turbios manejos del siniestro final de nuestras entidades de ahorro.

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