VERLAS VENIR
Contumelia navideña
L a contumelia es un oprobio o irrisión hecho a la cara, sin tapujos. Y algo así suponen los anuncios de que la crisis ya es historia del pasado o los conciertos sociales que apenas tratan de paliar con disimulo situaciones insostenibles. Bienvenidos los 1.200 millones del primer acuerdo social de la era Rajoy, pero que nadie considere que sus 426 euros destinados a mantener a flote el desamparo, suponen una solución a nuestro principal problema: el desempleo que azota a cinco millones y medio de españoles. Ocurre que el año próximo aparece salpicado de urnas y ese horizonte agita incluso al indolente Rajoy. La mezquindad de esos subsidios de supervivencia contrasta con un clima de corrupción efervescente que no ayuda a ponderar su alcance. Día tras día surgen nuevas noticias, que se suman a la bola pestilente, alcanzando a partidos, instituciones, entidades, sindicatos y organizaciones patronales.
La impresión del paciente espectador es que su escrutinio judicial apenas avanza y los asuntos se acumulan hasta formar un auténtico muladar. Pero de todas las corruptelas, sin duda las más hirientes son aquellas que tienen que ver con la tutela de derechos de los más desfavorecidos. El pillaje del ahorro, la simulación de los cursos de formación, tantas líneas rojas pisadas por la codicia. Al cabo, es tanto ya el descrédito de la gente que su castigo en las urnas permite atisbar auténticos revolcones. En los años más difíciles y demoledores de esta crisis pertinaz, que de entrada se negó durante meses a decir su nombre, las Cortes de Castilla y León tenían el detalle de fijar la aprobación del presupuesto de la Junta el día litúrgico de la Esperanza o Expectación, que se celebra hoy, siete antes de Navidad.
Así se hizo el año pasado y el anterior, pero ya no este, quizá movidos por los atisbos de recuperación. O sencillamente porque nadie repara en esas coincidencias, que resultaron lotería del azar. Lo cierto es que de aquella encomienda hemos ido sacando algún provecho. Primero, en la bolsa creciente de los presupuestos, después del severo cercén, y luego en el manejo de la deuda, un lastre que en el universo autonómico alcanza los 232.009 millones de euros. De esa cantidad, ciento cincuenta mil los suman Cataluña, Valencia, Andalucía y Madrid. Y el sector que más engorda el déficit, año tras año, sigue siendo el sanitario, con un peso creciente del gasto farmacéutico. Un ámbito en el que no caben más recortes, después de la poda realizada.
Quedan todavía por delante unos meses, con los presupuestos repletos, para activar políticas que sean sensibles con las demandas de los más desfavorecidos y, a la vez, impulsen programas expansivos capaces de recuperar el pulso. Estamos en la antesala navideña y lo que pide el calendario son buenos deseos. Pero no se trata de coger la zambomba y ponernos a entonar villancicos. Hay que seguir vigilantes con los dispendios y severos con los abusos. Para reclamar que quien se aproveche de la confianza otorgada, pague por ello, devolviendo hasta el último céntimo de la rapiña. Es preciso extremar los cuidados, pero sin incurrir en contumelia. Y aprender a discernir entre el pregón y la cosecha. Porque una cosa es predicar y otra dar trigo. Para que no se repitan abusos como los cometidos con impunidad en la liquidación de las Cajas de Ahorros.