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ernesto escapa
León

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U na vez despejadas las formaciones electorales, urge ir pidiendo ideas, proyectos, incluso programas para los diferentes gobiernos municipales y autonómico que van a sustanciar las urnas de mayo. Esta vez el ajuste de filas se ha resuelto de forma diversa y variada, pero sin otros conflictos que los debidos al fuego amigo, que es el que más escuece. Aunque es verdad que todavía tenemos que acomodar la mirada a la amplitud de campo que dibujan las diferentes candidaturas. Porque parece que a partir de esta primavera ni en las instituciones locales ni en las Cortes autonómicas el paisaje va a resultar monótono. Al menos, ese es el aviso que la opinión pública viene dando en diferentes y sucesivas encuestas. Una terca advertencia que ha acabado por instalar la inquietud en los partidos que hasta ahora se repartían el pastel sin mayores cautelas. Unos ganando y otros a la espera. Porque los ciclos de alternancia en el gobierno nacional no han tenido su correspondencia en los relevos municipales y menos aún en el autonómico, encofrado desde 1987.

De cara a estas elecciones primaverales, el mayor reparto de escaños municipales y autonómicos que anticipan las encuestas no debiera distraer en ningún caso del examen de idoneidad de los diferentes candidatos a través de sus propuestas. Porque hay problemas que no resuelve sólo una concurrencia más variada, sino que exigen criterios solventes y además arrojo para aplicarlos. De momento, será sin duda una campaña más atractiva que las pasadas, por la modulación de ofertas, que ya no se limitan al blanco y negro, con la consiguiente disputa rutinaria por el espacio de centro. Ahora el concierto se anuncia más matizado y con una gama de medidas atenta a la variada sensibilidad de los votantes. Pero todo esto, en realidad, no pasa de ser un deseo saludable para los meses que nos esperan. Que discurran con provecho y permitan a los electores decidir con fundamento.

De momento, lo que vivimos es el aliento de la gresca, el ruido de las descalificaciones, la sordina de los ajustes. Ha sido modélico el relevo en la candidatura popular de León, donde la llegada de Antonio Silván se percibe como un lujo, después de la precaria colección de alcaldes que ha tenido la ciudad. Astorga y La Bañeza parecen casos insólitos en una provincia tan convulsa como la nuestra. Por la talla de sus munícipes anteriores y actuales. Ponferrada también anda de relevo, con una candidata socialista solvente. Otros lugares no están siendo tan afortunados y alguno en particular, como Valladolid, ve derretirse a su alcalde esperando la nominación. Así que las ciudades con el horizonte despejado no son tantas todavía. También quedan varias diputaciones sin descifrar incógnitas.

Pero este tiempo de hacer alineaciones se acaba y debe dar paso al diálogo con los electores, que es un momento mucho más interesante y provechoso. Sobre todo, si conseguimos que el proceso se desenvuelva sin codazos ni empellones, a través de debates que clarifiquen la oferta de las diferentes formaciones. Para lograr ese contraste de posturas y pareceres, resulta inútil el cacareo de argumentario de los diferentes portavoces nacionales, que suelen instalar la disputa en territorios nada productivos. A base de latiguillos y simplezas.

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