Cuentas pendientes
Aunque al biministro De Guindos (que a sus asuntos económicos ha sumado los energéticos del huido Soria), no alcance a parecerle relevante, hemos llegado a un punto como país en que ya debemos más dinero del que somos capaces de generar colectivamente a lo largo de todo un año. Y por si fuera poco, Bruselas nos aplica nuevos recortes de ocho mil millones en dos años, mientras pospone y madura la sanción por los incumplimientos del déficit, que previsiblemente rondará otros dos mil millones. Así que toca apretarse el cinturón, que vienen curvas.
Mientras, el tropel de la política nacional se entretiene con otros arbitrios. Después de medio año echado a perder por una mezcla de indolencia e incompetencia, anduvieron en cambio muy despiertos para disponer suplidos de siete mil quinientos euros por parlamentario, que cubran este periodo de ruido y trajines mitineros. Ya lo sabíamos, pero nos han vuelto a demostrar que en el cuidado de lo suyo son enormemente previsores y diligentes. Por eso, no podemos delegar a esta gente los cuidados que afectan al bienestar general. Porque en ese terreno ya nos han mostrado que no son de fiar. Y no ha sido por falta de oportunidades.
Metidos de nuevo en el disparadero de otra campaña, que no es tiempo propicio para faenas laboriosas, resulta que tenemos sin arreglar el sistema de financiación autonómica, caducado desde 2012 y que se mantiene a tirones del saco común. El mayor provecho lo van teniendo quienes mejor combinan codicia e incumplimientos. Porque son estas Comunidades las que a la vez que dilapidan ensayan el arte de gallear las reclamaciones. Por eso no hay la urgencia de otras veces. Pero esta picaresca va dejando la gestión de los servicios esenciales en Castilla y León cada vez más a la intemperie.
Si uno repasa los protagonistas del aquelarre de san Buenaventura, que fue la jornada de 2008 en que se alcanzó el acuerdo de financiación vigente, sólo puede echarse a temblar. Allí estaban el montorino Beteta y el infausto Soria como consejeros de Madrid y Canarias, discutiendo la pela con la vice Salgado, antes de que despegara como consejera de Endesa y de la Nueva Pescanova. Pero quienes más felices se mostraron fueron el catalán Castells y la andaluza Martínez Aguayo. Castells porque el nuevo sistema de financiación suponía un cambio de modelo, que “cumple estrictamente el Estatuto de Cataluña”, y Aguayo porque “colma las expectativas de Andalucía”.
A partir de ahí, la financiación empezó a irnos de mal en peor. Lo llamativo es que aunque las previsiones del sistema eran para cuatro años (hasta 2012), los indolentes gobiernos populares fueron dejando que el sistema degenerara, a pesar de su insultante mayoría absoluta. Ni 2012 ni 2014 lograron aplicar a la gente de Mariano en la busca de un nuevo sistema, que resultara menos dañino para la solvencia de Comunidades como Castilla y León.
Al contrario, su dejadez ha ido menguando año tras año los recursos pata atender servicios básicos en unas condiciones crecientemente adversas. Como demuestra Félix Villalba en El Mundo de Castilla y León, el cinco por ciento de incremento de Castilla y León en 2016 nos aleja cada vez más de la suficiencia, mientras Cataluña y Andalucía ven aumentar sus recursos un doce y un once por ciento. Quizá como buen pago a sus excesos. Cambiar el modelo es ya una urgencia inaplazable y no vale quedarse en los pregones. Porque nuestros servicios resultan cada vez más caros.