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VERLAS VENIR ERNESTO ESCAPA
León

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M ientras los arrumacos de los vices Junqueras y Soraya en la tribuna de Barcelona entretenían el pasmo mirón de la semana carnavalera, las faldas de la mesa negociadora encubrían acuerdos con chicha y entregas sustanciosas. Esta vez los vascos jalearon el anuncio de las regalías con una campaña de mofa a los españoles en Euskal Telebista, que es su tele oficial. Fachas, chonis y paletos fueron sus piropos de recepción a la millonada que el gobierno Rajoy les reserva para los soterramientos ferroviarios de Vitoria, Bilbao y San Sebastián, en una muestra más de esa zoquetería incapaz de apartar la sal gruesa del humor.

Entiendo que pasados unos días moleste la mención de los trajines y enjuagues consumados en la mesa de negociación, aunque el trasiego no es nuevo. Pero asuman que los demás tampoco podemos olvidar con qué bueyes hay que arar en la casa común de la diversidad. Por eso, el barullo vascongado, las zalamerías catalanas y los simpas bercianos no deben distraernos de lo esencial, que nada tiene que ver con semejantes ruidos. Las chonis vienen de la torpe broma vasca, que nos considera toscos y rudimentarios. Mandobles sin maldita gracia. Y las lentejas, de la suficiencia de un Maíllo entretenido en otras batallas, al descalificar los pactos suscritos con Ciudadanos, que permiten gobernar en tantos sitios, desde Rajoy a Herrera o Silván. Claro que él lo decía incómodo por la china murciana, pero en la misma charleta se mostró crecido para despreciar su encausamiento como consejero de Caja España, por participar en la malversación de la millonada que le fueron dando y renovando sin cautela a su presidente el empresario Santos Llamas.

Quizá no estaba al tanto el locuaz Maíllo de la deriva judicial que afecta a los consejeros y directivos de Caja Segovia, por procurarse en medio de la ruina unas jubilaciones de 17 millones cada cual para la pandilla de Atilano Soto. Lo de Caja España no es lo mismo, pero tiene una gravedad similar, si reparamos en el quebranto ocasionado a la entidad en su fase terminal. Desde luego, no parece un daño despreciable, que pueda pasar por alto ningún tribunal, ni siquiera el Supremo que le corresponde al imputado Maíllo por su condición de congresista.

Ahí tenemos las chonis y lentejas del guiso. Choni es el calificativo que desprecia a las mujeres que no pisan alfombra, mientras las lentejas apuntan al trago obligado de algo cuando se persigue un fin superior, en este caso colocar al frente del gobierno de España a su patrón Rajoy. Falta fineza, desde luego, tanto a los caricatos vascos como al lenguaraz zamorano. Pero ni unos ni otro deben distraernos con sus aspavientos de lo sustancial, que no son ni los insultos de aquellos ni el desparpajo del otro. Porque el proceso al consejo de la Caja, por regalar setenta millones de euros a un colega insolvente y recalcitrante en sus incumplimientos, va a seguir adelante, al margen de sus deseos o adivinanzas. Como avanza en Segovia, después de haber sido inicialmente sobreseído, y lo hará en otros lugares de esa tenebrosa geografía de la rapiña del ahorro, por parte de políticos sin mesura ni otro afán que el provecho.

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Los negocios derivados de la aprobación del presupuesto con los vascos se refieren al tránsito de la alta velocidad por sus capitales, que va discurrir soterrado y cueste lo que cueste. Para ello, se desprecia y archiva el soterramiento comprometido en Valladolid, Palencia y León, donde apenas se mantiene un pasadizo de 585 metros entre la capital y San Andrés.