Diario de León
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VERLAS VENIR ERNESTO ESCAPA
León

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E l presidente del grupo socialista en las Cortes de Castilla y León, Javier Izquierdo, pertenece a la generación que asistió a los funerales del ahorro, sin tiempo ya de paladear los agasajos postineros de aquellos esplendores. No llegó al reparto de los baúles navideños ni al sorteo de créditos blancos, sin cuelga de interés. Así que ante las dudas respecto al apoyo socialista de los grupos que proponen crear una comisión de investigación en las Cortes sobre aquel degüello, no sólo dio a entender su respaldo, sino que se permitió apuntar varios olvidos de los proponentes: el manejo de tarjetas de los consejeros, sin señalar aún cuál sea su catadura: blanca, negra o parduzca.

Y ya de paso, su participación en la tómbola del parque inmobiliario de las Cajas, donde presuntamente se repartieron pisos urbanos y chalés de costa en condiciones temerarias. Con semejante despacho, que incluso invita a indagar más allá, nadie podrá dudar ya de la posición del grupo socialista cuando se vote la creación de una comisión que investigue en las Cortes la deriva final de las Cajas de Ahorros de Castilla y León.

Tampoco parece previsible que se vaya a oponer el grupo Popular presidido por Mañueco, porque son demasiadas las señales que indican que aquella gestión que pareció irregular y a trechos funesta, pudo rozar y a veces traspasar la condición delictiva. Nos lo viene recordando el Fondo de Reestructuración Ordenada Bancaria, constituido en mayo de 2013 para canalizar con fondos públicos (nutridos de recortes) el rescate de aquellas entidades, donde partidos políticos, sindicatos y organizaciones empresariales acomodaron como consejeros a tipos disciplinados de sus organizaciones. Sin otras miras ni exigencias que la obediencia debida. Así que si todo salió como salió, aún pudo salir peor.

Pero de lo que no exime el desastre final es de analizar y exigir responsabilidades. Su penalización, si a ese punto llegara el caso, corresponde a los tribunales, donde van recayendo los asuntos más cruentos, pero la onda expansiva de aquel derrumbe tiene efectos tan sensibles y con tanto alcance, que hurtar al parlamento su investigación de responsabilidades políticas y sociales, sería incurrir en clamorosa insensatez. Y si a alguien no le pareciera para tanto, que repare en la cadena de cierres de oficinas rurales, por poner un ejemplo palpable del precio de aquellos dislates. Oficinas a veces situadas en los mismos lugares escogidos para relajarse por aquellos consejeros hasta cuya casa llegaban los desmedidos baúles navideños con aguinaldo de alcoholes y chacinas. Aquella serenata dio tal cante tabernario que alertó a sus vecinos, testigos perplejos de sucesivos viajes oceánicos y europeos.

Pero faltaban las tarjetas y el colgante de los pisos. Como aquí con la despoblación ya nos vamos conociendo casi todos, estos filones añadidos no hacen sino incrementar el interés morboso de la concurrencia. Porque una vez contemplado el desfile judicial de los usuarios de las tarjetas negras de Caja Madrid, donde nosotros pusimos al Santín, existe auténtica expectación por conocer en qué gastaron los ahorros de las Cajas unos consejeros que siempre supieron parecer tan decorosos. Los madrileños combinaron el surtido de la cartera con gastos morbosos en lencería fina y otros aún más peregrinos. Resignados a no tener ya obra social ni cultural, ¿alguien podría prescindir de conocer cuánto y en qué se pulían nuestros pispos consejeros de las entidades de ahorros los haberes del común? Gracias, Javier Izquierdo, por soltar esa liebre.

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