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VERLAS VENIR ERNESTO ESCAPA
León

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E l verano no es andén adecuado para gestionar estímulos ni el mejor escenario para resolver tensiones desmedidas. Bien al contrario, los estíos son el espacio para la cosecha de siembras previas y ordenadas, como nos recuerda el calendario tradicional. Aunque también es cierto que las circunstancias no siempre se eligen y a veces hasta se permiten proponer obradas imprevistas.

Sobre la suerte o infortunio de semejante coyuntura, irán dándonos cuenta tanto los siete magníficos populares que compiten estos días por la sucesión de Rajoy, como la resuelta comisionada para el reto demográfico, Isaura Leal, que toma al relevo a la desfondada Edelmira Barreira de doña Soraya, en plena pendiente de declive. En realidad, los siete participantes en la lid popular, que se resolverá en las postrimerías de este jueves dedicado por el santoral al fundador de los barnabitas, cuentan con el señuelo de la irrupción de su marca hace 42 años, a brazadas de siete impulsores, todos ellos ex ministros. La prensa del verano de 1976 bautizó aquella cabalgata fundacional como los siete magníficos, si bien sofaldando la comitiva al impulso rector de Fraga Iribarne. Lo acompañaban en el tropel Licinio de la Fuente, Cruz Esteruelas, López Rodó, el zamorano Silva Muñoz ya enamorado como un corderín de Aurora Bautista, Thomas de Carranza y el filósofo de los crepúsculos don Gonzalo Fernández de la Mora. Pero harían bien en no olvidar los concurrentes a la lid popular de estos días que los barnabitas tienen a su cargo en Palencia, cinco siglos después de fallecer el fundador, la residencia Diego Martínez en la capital y las parroquias de Villerías, Boada y Meneses, en el anillo lacustre del canal de Campos. Por si de algo sirviera la pista, los mejor situados para invocar su patronazgo parecen el palentino Pablo Casado y la vallisoletana Soraya, que cuenta en su campaña con el resuelto adalid Íñigo Méndez de Vigo. Pero la encrucijada de asuntos en esta apertura de julio tampoco puede calificarse de tal, si nos atenemos al tirón de la liza popular, cuyo seguimiento entre los inscritos de su afiliación no se corresponde con la multitud concurrente. De hecho, el proceso ha servido de momento para rebajar los 869.535 afiliados del pregón popular hasta los 66.384 inscritos, a pesar del avío de una tarifa plana de veinte euros para ponerse al día y disimular la merma.

Siguiendo con los despojos, ninguno tan sangrante como la despoblación que asuela nuestra Comunidad, de norte a sur y de levante a poniente. Según los expertos que tratan los datos declinantes del Instituto Nacional de Estadística, España va a perder medio millón de habitantes en los próximos quince años y el 75% de esa mengua se producirá en las comunidades de la deserción, que encabeza la nuestra.

Así que el mordisco es como para tomarlo en cuenta. Después de años celebrando cual insensatos la modernidad urbanita, el foro de la retardada conferencia de presidentes que estrenó 2017 tomó conciencia de la sangría, encomendando a precio de viceministra su solución a la comisionada huidiza Edelmira Barreira Diz, quien exhibió la destreza de entretener quince meses al asunto cobrando su nómina y sin proponer una sola estrategia de solución.

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Ahora, lejos de fiar todos los remedios a Isaura Leal, que recibe el encargo desde lugar tan poco sensible al problema como un escaño del parlamento autonómico de Madrid, toca implicarse de verdad, si queremos evitar que se nos sigan muriendo los pueblos. Para detener la estampida, sólo sirven medidas de discriminación positiva, demostrando que la despoblación no es un fatalismo irreversible, cuya atención sólo conduce a perder tiempo, dinero y energías.