JUAN VICENTE HERRERA presidente de la junta de castilla y león
«No demos marcha atrás en un modelo autonómico que funciona»

Juan Vicente Herrera. EDUARDO MARGARETO
ical | valladolid
«La Constitución es el mayor logro político que hemos alcanzado en nuestra historia». Con estas palabras el presidente de la Junta, Juan Vicente Herrera, defiende con vehemencia la utilidad y la vigencia de la Carta Magna 40 años después de su aprobación en referéndum: «No creo que haya respuestas mejores para la España actual», concluye. Con motivo del cuadragésimo aniversario, en respuesta a las preguntas de la agencia Ical, el jefe del Ejecutivo elabora un posicionamiento sobre las principales cuestiones objeto de debate respecto a la Constitución.
—La Constitución de 1978 dio respuesta a los problemas que los españoles tenían planteados hace 40 años. ¿Da respuesta con la misma eficacia a la España actual?
—No hay ningún país avanzado que no esté sufriendo, en estos últimos años, una cierta crisis democrática. Hay muchos factores: las cicatrices sociales de una larga crisis económica, la irrupción de formas de comunicación social más inmediatas y ágiles… En ese sentido España no es una excepción, ni está en una posición peor que la mayoría de países. Sí es verdad que a veces, a los españoles, nos cuesta más que a otros aceptar y reconocer nuestros logros. Y la Constitución del 78 es, con seguridad, el mayor logro político que hemos alcanzado en nuestra Historia. Nos devolvió la libertad y la democracia. Nos abrió las puertas a Europa, permitiéndonos ocupar el lugar que nos correspondía en el concierto de las naciones. Y nos ha proporcionado 40 años de desarrollo político, económico y social. Hay muchos motivos para estar agradecidos a nuestra Carta Magna. Y todos tendríamos que conocerla y valorarla más. No sólo los políticos, los estudiosos o los especialistas, sino el conjunto de la población. En Castilla y León estamos haciendo un gran esfuerzo, desde el propio sistema educativo, para que nuestros niños y jóvenes conozcan y respeten los valores de la Constitución: la libertad, la igualdad, la justicia, el pluralismo político. No creo que haya respuestas mejores para nuestra España actual.
—El artículo 2, consagra la unidad de España y el derecho a la Autonomía de las regiones y nacionalidades. Hay quien opina que en este equilibrio, se ha permitido a los Gobiernos llegar demasiado lejos. ¿La cuestión catalana puede evidenciar un cierto fracaso político del Estado Autonómico en cuanto a su capacidad de integrar la diversidad?
—El desafío independentista en Cataluña va más allá del mero cuestionamiento del modelo autonómico. Estamos ante poderes públicos constituidos (con origen en la Constitución) que han desbordado todos los límites de esta, considerándose exentos de estar sometidos al imperio de la Ley. Con ello han roto la convivencia entre ciudadanos libres e iguales. Han vulnerado la democracia, tratando de hurtar la soberanía que corresponde al pueblo en su conjunto. Han dañado la economía, provocando la huida de empresas y la desconfianza de inversores. Y han sometido a la Unión Europea y a las relaciones entre sus Estados miembro a tensiones indebidas.
—¿Qué piensa cuando escucha planteamientos sobre la recentralización?
—Castilla y León está considerada, en estudios muy serios, como la que mejor gestiona en España la Educación y la Atención a la Dependencia, y la más avanzada asimismo, entre las comunidades de régimen común, en sanidad y en servicios sociales. No sería muy lógico que desde Castilla y León abogásemos por una devolución de competencias. De no haberse producido en España una amplia descentralización territorial del poder político, ¿contaríamos en Castilla y León hoy, por ejemplo, con una red de 3.500 centros sanitarios o de 1.400 centros educativos, la mayoría de ellos en el medio rural? ¿Habría podido darse respuesta a nuestras peculiaridades desde la uniformidad de una planificación centralizada?
Algunos proponen acabar con las autonomías como quien dice, ‘muerto el perro, se acabó la rabia’. Pero es que el perro tiene muchas cosas buenas. Acabemos, mejor, con la rabia. Pongamos coto a los excesos. Resolvamos las disfunciones. Reforcemos los mecanismos de colaboración y los instrumentos de cohesión. Abordemos con herramientas adecuadas problemas que sólo pueden resolverse a escala nacional. Pero no demos marcha atrás a la Historia y arruinemos un modelo que funciona bien en el día a día, y que lo ha demostrado.