Diario de León

‘Caso ataúdes’- La mujer que incineró a su marido: “Tras dos años sufriendo por una hepatitis C, pudo terminar quemado encima de un palé’

Los nueve testigos que desfilan por la Audiencia de Valladolid muestran su indignación y rabia por la forma de actuar de la funeraria El Salvador y muchos dudan que las cenizas entregadas sean las de sus seres queridos

Europa Press

Publicado por
ICAL

Creado:

Actualizado:

Una de las testigos que incineró a su marido tras fallecer el 12 enero de 2005 en la Funeraria El Salvador de Valladolid mostró hoy su indignación por la actuación de la empresa por el supuesto fraude que consistía en el cambiazo de ataúdes por otros más baratos durante 20 años. No en vano, María del Lirio del P. recordó que su esposo había sufrido mucho, con constantes ingresos en el Hospital Clínico Universitario durante dos años, por una Hepatitis C y no se merecía el triste final que tuvo. “Cuando me enteré por la prensa lo que había ocurrido en la funeraria, me llevé un disgustazo, por el sentimiento de angustia de pensar que pudo ser quemado encima de un palé”, lamentó.

A preguntas del Ministerio Fiscal durante la sexta jornada de testificales del juicio celebrado en la Audiencia Provincia de Valladolid, María del Lirio coincidió con otros testigos que han pasado por la Sala de Vistas de que no vio la entrada del féretro de su marido en el horno ubicado en el crematorio de la funeraria en Santovenia. “Entramos en una sala, dieron un responso y acto seguido vimos cómo le posaban en una cinta transportadora. Había una ventana pero corrieron las cortinas y no vimos nada”, explicó. Además, recordó que le sorprendió que la familia preguntó por las flores (dos coronas, varios centros y algún ramo) pero los operarios del Salvador respondieron que no sabían nada, pese a que solo había pasado un cuarto de hora.

Preguntada si solicitará una indemnización por los daños morales y materiales, si al final se demuestra que la funeraria sustituyó los féretros por otros más baratos antes de la incineración y queda probado que hubo un enriquecimiento de la empresa, mostró sus dudas. Tal vez, por los daños morales causados, precisó, al señalar: “Lo que ocurrió no se puede hacer. Si tienen que pagar por ello, que paguen”, concluyó.

Otra testigo que fue citada hoy en la Audiencia fue María Asunción C., por la incineración de su suegra Julia P., quien falleció el dos de enero de 2005, también tuvo un incidente con los elementos florales. No en vano, solicitaron las coronas y las flores que estaban contratadas con el seguro pero el personal apuntó que se habían tirado y ya no estaban, al no haber comunicado antes su deseo de llevarlas. En su caso, además, hubo una confusión con el féretro, puesto que el elegido por la familia no coincidía en el que finalmente metieron a su suegra.

En la línea de lo expresado por otras personas, mostró sus dudas de que, “visto lo visto”, las cenizas sean realmente las de la madre de su marido. “Así que sentimos mucha rabia por que nadie se merece pasar por esta situación”, añadió.

Manuel G., hijo de Juan Francisco G que falleció el 31 de diciembre de 2005, apenas recordaba lo que ocurrió en el tanatorio y el crematorio del Salvador. En aquella fecha, tenía 17 años y reconoció que estaba “traumatizado” pero puso en dudas que las cenizas que le entregaron sean, realmente, las de su progenitor, a la vista de los hechos que se han conocido con posterioridad y que ahora son juzgados. También, confesó sentirse engañado por que su familia pagó por un ataúd que pudo ser sustituido por un palé antes de proceder a la incineración.

En el mismo sentido, se pronunció María José C., cuyo padre Ramón C. fue incinerado al día siguiente de fallecer el 21 de enero de 2001. “Nadie se merece este final y no sabemos si las cenizas que tenemos corresponden a tu padre o qué hay dentro de la urna. Nos sentimos estafados”, afirmó.

Por su parte, Alicia P., que utilizó los servicios de la funeraria después de la muerte de su padre José P. el 2 de enero de 2006, apuntó que la actuación de la empresa pareció normal, entre otras cosas por que nunca habían pasado por una situación similar. “Ahora, nos damos cuenta que no vimos nada de la cremación y que nos sacaron rápido de la sala para elegir la urna para las cenizas. Pensamos que era lo habitual en estos casos”, manifestó.

También mostró su rabia por unos hechos que salieron a la luz hace unos años. “Te hace revivir todo, de nuevo, después de haberlo pasado tan mal entonces por que mi padre falleció con 52 años”, añadió. De ahí que se mostrara partidaria de solicitar alguna indemnización.

María del Rosario C., cuyo marido Constancio P. falleció el 2 de enero de 2005, aseguró que no entraron en ninguna sala y la familia que acudió al cementerio de Santovenia vio desde la calle cómo entraba el féretro en una sala. Por la tarde, pasaron a recoger las cenizas en el tanatorio.

Adoración S., quien incineró en El Salvador en menos de 15 días a sus padres (David y María Asunción) en julio de 2011, expresó su dolor cuando tuvo conocimiento por la prensa de los hechos que ocurrieron durante esos años en la funeraria. Manuel G también calificó de “muy ruin” la actuación de la empresa, si finalmente se demuestra este tipo de prácticas con las personas incineradas. Por ello, abogó por reclamar algún tipo de indemnización a la compañía por la “cosa muy fea” qui hicieron a sus seres queridos.

tracking