A SIETE DÍAS VISTA\Rosa Masegosa
Muchas guerras para Fuensaldaña

En la fotografía, una furgoneta con propaganda electoral del PSOE aparcada a la puerta de las Cortes
Constantes alusiones a la guerra contra Irak, los últimos coletazos de la salvaje cacería de La Cabrera y palos a las puertas del castillo de Fuensaldaña. Eso fue lo que se vivió estos días en las Cortes de Castilla y León, donde ha quedado claro que los ánimos no pueden estar más exaltados a tan sólo dos meses de la cita electoral. Y es que a los malos réditos que la crisis de Irak le está proporcionando al PP se suma ahora el estallido de malestar de los agricultores y ganaderos de la comunidad, inmersos desde hace meses en varios pozos negros, como el que vive el sector lácteo y el ya endémico de la patata. Todo esto parece querer empañar el inicio oficial de la campaña electoral, algo que los socialistas no han desaprovechado para castigar al PP. «Una vez más se han quedado ustedes solos en contra de todos los demás. Les pasó con el decretazo, con el Prestige, con el ataque a Irak y ahora les está pasando con la matanza de vacas». Eso fue lo que vino a decir el portavoz del grupo parlamentario socialista, José Francisco Martín, quien no dudó en apodar cazavacas al presidente de la Junta. Sin embargo, Martín debió tocar demasiadas heridas todavía abiertas porque la respuesta de Herrera no pudo ser más dura. En clara alusión a las declaraciones de Villalba contra los veterinarios de la Junta, el presidente le contestó: «No me hable de irresponsabilidad cuando son ustedes unos irresponsables; ni de soledad, cuando le han dejado solo al pie de las vacas; ni de depuración, cuando a usted le han depurado recientemente». Aplausos. Pero, si bien el enfrentamiento dialéctico hizo las delicias de periodistas y procuradores de uno y otro bando, está claro que el aún portavoz socialista en las Cortes -para el que éste ha sido su penúltimo pleno en Fuensaldaña- no se merecía que Herrera recurriera a los golpes bajos para salir bien librado de tanta polémica sangrante. Lo que todavía sangra es el orgullo de los regantes de la cuenca del Carrión que esta semana fueron apaleados por la Guardia Civil a las puertas de Fuensaldaña. ¿Que quién empezó? Cuando más de cien agricultores empujan una valla de contención y 50 guardias especializados en disolver revueltas y armados con porras les esperan preparándose para lo peor, es difícil elegir un culpable. Y si la pregunta es si hubo saña, a cualquier espectador de la calle que viera a tan sólo dos metros cómo los empujones se convertían en golpes y patadas, y las porras comenzaban a caer sobre las cabezas, mientras alguna que otra piedra volaba peligrosamente por el aire, le costaría trabajo distinguir el grado de violencia aplicado porque, en medio del fregado, quién es capaz de pararse a pensar si está dando donde debe... No, la culpa no fue de los guardias -aunque hubiera algún que otro joven que se alterara, gritara y enarbolara la porra más que los demás-. La culpa fue de quien tomó la decisión de que los manifestantes tuvieran que quedarse a 50 metros de las puertas de las Cortes, cuando todas las concentraciones se realizan siempre frente a la misma entrada del castillo de Fuensaldaña. En aquel momento no existía ningún peligro de que los agricultores decidieran asaltar el castillo, cosa que las decisiones adoptadas por la Delegación del Gobierno, la falta de oídos de la CHD y la cómoda postura neutral de la Junta se han encargado de cambiar.