Una labor difícil pero agradecida
Una de las casas más antiguas de León, en San Lorenzo
¿Por qué los cascos antiguos de países como Francia se encuentran mucho mejor conservados que los españoles? Juan Carlos Ponga aduce el hecho de que, en época de Napoleón, las villas y ciudades francesas se cercaron con fosos y bastiones, una intención inicialmente defensiva pero que, a la postre, sirvió para aislar y proteger decisivamente esos núcleos. Por otro lado, el autor de Arquitectura tradicional en las comarcas de Castilla y León explica que la zona vieja de León es menos homogénea, más rural y con menos viviendas nobles que la de, por ejemplo, Cáceres, debido a la postración e inactividad de la nobleza leonesa desde finales de la Edad Media, sin una clara vocación de hacer fortuna en América. «Diríamos que eran nobles segundones», comenta.
Las murallas pierden su función. Otra clave para entender la vivienda histórica en la ciudad data del final de las Guerras Carlistas, a mediados del siglo XIX, «cuando las murallas pierden su función, se destruyen sus puertas y se empiezan a adosar casas, salía más barato porque se ahorraban una de las cuatro paredes», informa Ponga. De esa época datan las muchas casas embutidas en la muralla leonesa, y que ahora están siendo, a su vez, derruidas, siguiendo los planes de rehabilitación del cinturón romano de la urbe.
Así se escribe la historia de una ciudad, destrucciones y construcciones con diferentes propósitos según las épocas y las sensibilidades. En nuestros días se valora cada vez más la recuperación de los perfiles tradicionales y propios de ciudades y pueblos, su alma y su personalidad arquitectónica, y eso sin renunciar al confort del que ya disponen todas las viviendas; pero para completar adecuadamente ese proceso es necesario disponer de normas específicas y concretas que puedan seguir los profesionales, contando además con un absoluto respeto a los niveles de protección.
Balcones, miradores, galerías acristaladas, materiales tradicionales, cargaderos de madera, patios... la arquitectura tradicional ofrece un sinfín de posibilidades pero que, al mismo tiempo, pueden ser costosas, dado que no abundan los profesionales que trabajen, como antes, la piedra, la madera, la losa o el barro.
En la medida en que los ciudadanos vayan reclamando, cada vez más, este tipo de intervenciones, en el campo y la ciudad, aparecerán más trabajadores cualificados y, lógicamente, los precios descenderán.