Diario de León

Exponen en Barcelona la historia de las monedas falsas en España

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cristian reino | barcelona
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E refranero popular es sabio: «Es más falso que un duro sevillano». Por supuesto, no se refiere a un tipo chulo que vive en la capital hispalense, sino a la leyenda que cuenta que a finales del siglo XIX se adulteraron miles de monedas de cinco pesetas, que por aquel entonces tenían en la cara el retrato del rey Alfonso XIII. Aquellas falsificaciones pasaron a la historia por su depurada técnica: eran exactamente iguales salvo por un pequeño detalle, su composición tenía menos plata. Sin embargo tenían los mismos motivos grabados y sonaban y rebotaban contra el suelo igual. Distinguirlos era imposible, tanto que el Banco de España se vio obligado, en 1908, a intercambiar monedas falsas por legales para poder retirarlas del mercado.

1397124194 Duros de cuatro pesetas. Estos duros, menos valiosos que cuatro pesetas, forman parte de la exposición La moneda falsa. De la antigüedad al euro, que reúne, en el Museo de arte contemporáneo de Cataluña (Mnac), 350 piezas, entre monedas, billetes de banco y tarjetas de crédito, tanto auténticos como falsos, documentación, instrumentos de fabricación legales y de falsificación, así como algunos de los instrumentos de verificación de la autenticidad del dinero que permiten documentar este fenómeno. Y es que la historia de la moneda falsa es tan antigua como la historia de la moneda legal. En España, hay que remontarse a la Girona griega del siglo V antes de Cristo (en Ampurias) para encontrar la primera moneda de mentira. La tecnología de los tramposos, una vez más, iba más adelantada que la de las autoridades. En momentos de escasez de plata o cuando el noble metal se encarecía demasiado, los primeros falsificadores de la historia de España lo tuvieron claro: forremos con plata las monedas hechas con una aleación más barata. También idearon otra manera: copiar los trióbolos atenienses, la moneda con mayor valor de la época. Así nació el arte de la falsificación numismática, que llega hasta el presente y que tiene al billete de 50 euros como la víctima favorita de los fabricantes ilegales de dinero.

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