Diario de León
Publicado por
josé javier esparza
León

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El invento del maligno

Ha terminado la primera temporada de Gran reserva, el dramón vitivinícola de TVE-1. Durante trece semanas hemos asistido a las rocambolescas vicisitudes de la poderosa familia Cortázar, fabricante de vinos, y su enfrentamiento con los Reverte, menos poderosos y, por supuesto, menos malvados. Dinero, amor, odio, adulterios, trágicos accidentes, algún crimen, un viejo secreto familiar Todas esas cosas, habitual repertorio canónico del dramón por entregas, las ha cocinado Bambú Producciones en un plato que la audiencia ha saboreado con gusto: ha liderado con holgura su franja horaria y se ha convertido en el mayor éxito de TVE-1 después de Águila roja . ¿Balance? Como últimamente andan los ánimos muy susceptibles, vamos a cantar los méritos antes de señalar los deméritos.

Gran reserva es un producto de un nivel técnico y artístico más que notable. Tiene una buena puesta en escena. Es ese tipo de historia que ves en pantalla y convence, lo cual le permite volar muy por encima del nivel medio del dramón por entregas. El ritmo del relato está medido al milímetro para mantener la atención del espectador.

Y por encima de todo, Gran reserva se apoya en unas interpretaciones impecables, empezando por la de Emilio Gutiérrez Caba, que da vida al patriarca de la familia Cortázar y que desde el primer capítulo se convirtió en el auténtico polo de toda la historia. Como además la serie se beneficia de una dirección de actores eficaz, el resto del reparto actúa en perfecta consonancia. O sea que nadie negará calidad a Gran reserva. Y hasta aquí, las virtudes.

En cuanto a los defectos, hay uno que me parece capital: el argumento, el planteamiento narrativo, los hilos de la trama, donde los guionistas juegan con cartas tan simples y manidas que muchos lances se hacen previsibles y a veces hasta risibles, lo cual es aún peor. Esto ya es un problema clásico de los relatos para televisión: se diría que los productos fabricados para el éxito necesariamente han de adolecer de una cierta vulgaridad narrativa. En todo caso, el éxito no hay quien se lo quite.

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