La Cepeda exhibe con orgullo en Villamejil su arquitectura popular
La asociación Rey Ordoño I ofrece una singular exposición hasta el 15 de agosto

Casón de los condes de Catres, señores de Valdemagaz, en Benamarías.
Bisagra entre las comarcas del norte y las del centro, entre lo atlántico y lo ribereño, a caballo entre la piedra y el adobe con el canto rodado por medio, la arquitectura tradicional de la Cepeda es fiel reflejo del carácter transicional que caracteriza a esta zona leonesa en casi todos los órdenes. Ahora, el pueblo de Villamejil acoge una exposición sobre las construcciones típicas cepedanas que podrá verse hasta el 15 de agosto y que ha sido organizada por la asociación Rey Ordoño I dentro de su Verano Cultural.
El arquitecto Enrique Pérez es el autor de esta muestra, cuyos paneles arrancan con una síntesis histórica de la comarca, desde la época romana, cuando abundaron las exploraciones mineras y metalúrgicas, los momentos difíciles del medievo, los dominios señoriales, y una modernidad que ha sido devastadora para la población comarcal.
Basta un ejemplo: la comarca, agrupada en unos 50 pequeños núcleos, tenía unos 16.000 habitantes hacia 1955 y posee ahora sólo unos 3.500, con una pirámide de población por completo regresiva.
«En las zonas más recónditas de la comarca, especialmente en Tabladas, se esta cayendo día a día la arquitectura más primitiva, aquella de techo de paja, paredes de piedra, ausencia de aberturas exteriores y carencia incluso de chimenea», explican los organizadores. «En estas viviendas reducidas habitaban, juntos, animales y personas; hoy van cayendo porque el tiempo es indominable: las nevadas de estos últimos años han hundido casi todps las techos de bálago que quedaban en casas deshabitadas», añaden.
En los territorios de más altitud, las casas casi siempre de planta baja; las de dos alturas proceden básicamente del último siglo, cuando muchos agricultores empezaron a dejar la planta baja para los animales, aperos y almacenamientos, y ubicaron arriba las residencias personales.
«Lo mismo ocurre en el sur de la comarca, donde las casas de barro son generalmente de mayor tamaño, y se sustituye la cubierta de losa por la teja. Las tradicionales tienen dos entradas: una pequeña para el personal y otra más grande -”las puertas carretales -” para los animales y el trasiego de la labranza», según ilustra Enrique Pérez.
En estas casas, las cuadras, la bodega y las zonas de almacenaje se articulan en torno a un patio central a veces porticado y surcado por un corredor de madera, que se convierte en el auténtico corazón de la explotación.
La exposición, que presenta diversos materiales constructivos, maquetas, etc., muestra también ejemplos de otras arquitecturas típicas de la zona, desde las fuentes a los hornos de pan colectivos, así como los escasos elementos y vestigios de arquitectura industrial. Otro ámbito que destaca el arquitecto Enrique Pérez es el de la construcción religiosa, donde presenta una selección de espadañas, desde las de un románico rural absolutamente primitivo como el caso de Ucedo, a la espadaña de Villamejil, un excelente ejemplo de neomudéjar, aunque necesitado de una buena restauración.
Para Enrique Pérez, la salvación de esta humilde pero bella arquitectura es realmente difícil, porque su primer problema es el abandono del territorio en que se halla: «En Los Barrios de Nistoso, donde pervivían magníficos ejemplares, cada año van cayendo al suelo, porque, descuidadas las cubiertas, el efecto del tiempo es demoledor».