Entrevista | Agustín Pérez Rubio | Director del Musac
«Falta educación cultural y sobra telebasura e idiotización»
Este mes se cumple su primer año al frente del Musac. Su misión es consolidar un museo que ya estaba en el «mapa» internacional. Agustín Pérez Rubio (Valencia, 1972) tiene diseñada la progr

Agustín Pérez Rubio, director del Musac.
—Resuma en tres palabras su primer año como director del Musac.
—Satisfecho, ilusionado y consciente de la realidad que supone el puesto.
—A mucha gente le resulta escandaloso que el Musac tenga 4,2 millones de euros anuales de presupuesto.
—Más de la mitad se va en un edificio de 10.000 metros cuadrados. Quien piense que el presupuesto es excesivo, no sabe lo que cuesta calentar el edificio, limpiarlo, el transporte, la seguridad... El IVAM o el Macba tienen once millones de presupuesto. De todas formas, para un presupuesto de crisis es perfecto.
—¿Qué le falta a la colección del Musac?
—Le faltan obras a partir de 1989 y también del 2010.
—¿Y le sobra algo?
—No. Es una colección que tiene un amplio ángulo y es única en España, porque el proyecto estaba muy claro.
—¿Cuál es el secreto del Musac?
—No tenemos ninguno. Es un proyecto que tiene mucho trabajo detrás, muchas horas de profesionalidad y con un criterio en cada actividad que sitúan al Musac a la par de cualquier museo europeo.
—¿Son la envidia de otros museos?
—Al Musac se le ha envidiado mucho. Somos un referente, lo digo modestamente.
—¿Cómo califica que el jardín de juegos instalado en el exterior del Musac se estropeara recién inaugurarlo?
—No es cierto. Es una pieza que se puede activar. En la época de frío no estará al completo, pero los juegos funcionan. Estoy satisfecho porque se ha reactivado el espacio público del Musac con arte y la pieza de Zaccagnini lo ha conseguido.
—¿Con qué exposición nos va a sorprender en enero?
—Hay que esperar a enero; entonces daremos la programación de todo el año próximo.
—¿En qué se diferencia su etapa de la de Rafael Doctor?
—Doctor puso el Musac en el mapa. Lo difícil es mantener una institución de esta envergadura, con una programación de calidad y que siga siendo valorada por el público.
—¿Sus artistas favoritos están en el Musac?
—Hay muchos que no están. Hay gente de la vanguardia que no tiene cabida. De todas formas, tengo muchos artistas favoritos. Por aquí han pasado muchos de los artistas que me interesan, pero hay muchos de los que todavía el Musac se tiene que hacer eco. Si ya todo lo que entiendo por arte interesante hubiera pasado, no me habría presentado a la plaza de director.
—¿No quiere dar nombres de artistas?
—No.
—¿Cuánto hace que no compran obras?
—Este año hemos destinado casi 300.000 euros a la colección. Se han comprado obras de seis artistas: de Antoni Muntadas, Fernando Sinaga, Harun Farocki, María Teresa Hincapié, Carla Zaccagnini y una hecha conjuntamente por Sergio Prego, Jon Mikel Euba y Txomin Badiola.
—¿Arco sigue siendo su principal proveedor?
—No, nunca lo ha sido. El Musac ha tenido un comité de adquisiciones que visitaba galerías, ferias, estudios de artistas...
—¿Se ha dado el caso de artistas que hayan querido donar obras al museo?
—Sí. Una de las cosas más emotivas de este trabajo es que me ha sorprendido la generosidad de muchos artistas. La crisis no es fácil ni para las instituciones ni para los artistas; y algunos, han donado obras.
—¿Cómo se decide una temporada expositiva?
—Viendo qué no ha pasado por el Musac, siendo conscientes de la temática, dando cabida a proyectos que se generan dentro del museo y de comisarios que vienen de fuera... Lo importante es que haya un discurso que genere alrededor de la exposición desde seminarios a talleres, revistas... Intentamos que los proyectos tengan un discurso en diferentes ámbitos. No queremos repetir. Somos coherentes y críticos con cada propuesta.
—¿Cuántos visitantes ha tenido el Musac en su primer año como director?
—En la línea del año anterior. Sí tenemos más gente apuntada a las actividades paralelas.
—¿Qué le ha dado el Musac a León?
—El Musac empezó en un momento en el que la ciudad estaba cambiando, porque quería tener otros referentes. El Musac, junto con el Auditorio, el AVE, el palacio de congresos, el aeropuerto... le han dado más presencia a León en los medios. El Musac ha servido para que la ciudad se ponga al día en el panorama nacional. Y no sólo la ciudad, porque es un museo autonómico, que representa la cultura de la comunidad.
—Talleres, conciertos, conferencias... ¿tienen público para todo?
—Sí. Todo lo que programamos de alto nivel, en el 2005 no habría tenido público. En esto sí se nota el cambio. Hay gente que ha venido desde Nueva York a un taller. Ya hay un público para cada actividad. Lo interesante ya no sólo pasa en Madrid y Barcelona. Hemos tejido una serie de relaciones institucionales y con muchos sectores de la sociedad. No hay que olvidar que la cultura es para todos, para las mayorías y para las minorías. Nunca hemos cancelado ninguna actividad por falta de público. La ciudad ha entendido el proyecto.
—¿Se ve en el Musac hasta la jubilación?
—No. Tengo un contrato por cuatro años con una prórroga de otros cuatro. Por ahora mis esfuerzos están centrados en estos cuatro años. Presenté un proyecto por el que me eligieron y es el que voy a defender a muerte, aunque me han tocado los años más complicados de la crisis. En esta situación, cualquier profesional al cargo de una institución necesita mucho trabajo y mucha imaginación.
—¿Le gusta más su faceta de director o la de comisario de exposiciones?
—Uno no deja de ser un comisario. Afortunadamente, los directores de museos no sólo pensamos en márketing y visitantes, sino en educar al público, investigar, favorecer la creación... También disfruté en mi etapa de conservador jefe. En cada puesto hay que saber la misión que hay que cumplir. Tenía la ventaja de que conocía bien la institución; lo bueno y lo malo.
—El Musac fue el «niño mimado» de la Junta, ¿ahora lo es el Museo de la Evolución?
—No lo sé. Como cualquier nacimiento, hay que mimar al bebé, pero los hermanos mayores no tenemos celos. Si la Junta lo pone en marcha, lo tiene que cuidar.
—¿Va a otras exposiciones en León?
—Sí, a galerías de arte, al ILC, a Caja España, al Auditorio... también voy mucho a El Albéitar.
—¿Qué les diría a los reacios al arte contemporáneo?
—Es una cuestión de aprendizaje, igual que leer literatura, ver ópera o teatro. Lo importante es tener curiosidad, preguntarse qué otros mundos existen. El arte contemporáneo aglutina condiciones como la vida: habla de política, de agravios, de cultura, de imaginación....
—¿Falta educación cultural?
—Sí, en todo el país. Desgraciadamente estamos en un momento complicado en las escuelas y en la Universidad. El alumnado sale con menos apetencia por la cultura. Lo que falla es la sociedad. Falta educación cultural y sobra telebasura e idiotización.
—Inauguran el domingo una exposición «satélite» en la Fundación Cerezales. ¿Les compensa salir del museo?
—Salimos porque nos lo piden. Siempre compensa. El Musac se hace más grande. Económicamente se encargan ellos de la exposición. Queríamos hacer algo sobre el paisaje en la colección del Musac y la Fundación Cerezales, ubicada en el medio rural, nos parecía el lugar idóneo.
—¿De qué se arrepiente?
—Las personas tienen que ser consecuentes con lo que hacen, aunque luego se equivoquen. No estoy arrepentido de nada, estoy ilusionado.
—El Musac tiene obras de diez leoneses, ¿es buena representación?
—Muy buena. Es un museo de Castilla y León. De toda la comunidad hay unos 30 artistas; si diez son de León, me parece una buena representación. Vamos a hacer algo que va a ampliar el número, pero aún no lo puedo contar.
—¿Qué es lo que el público no sabe del Musac?
—No sabe el trabajo que hay detrás de cada pequeña y gran acción, desconoce lo que valen las cosas, el capital humano, las horas que dedican... Estamos 24 horas al servicio. Parece que todo estaba ahí y resulta que detrás de cada exposición hay dos y tres años de trabajo, viajes, reuniones... Ya tengo la programación hasta el 2013.