Diario de León

Treinta años al calor de La Braña

El grupo presenta nuevo disco y prepara un recopilatorio

Pilar, Sanjo, Tere, Marcelino y Gelo, La Braña, que cumple ahora sus treinta años.

Pilar, Sanjo, Tere, Marcelino y Gelo, La Braña, que cumple ahora sus treinta años.

Verónica Viñas
León

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España era aún un país en blanco y negro. Mientras seis jóvenes leoneses se reunían en bares para decidir si formaban un grupo de música, un puñado de militares conspiraba en Madrid para dar un golpe de Estado. Corría el año 1980. Eran los tiempos del pantalón de campana, los discos de vinilo, los cantautores y la barba poblada. Los leoneses Marcelino, Sanjo, Pili, Gelo, Tere y José Manuel compartían su afición por la música tradicional. Algunos habían cantado en coros de iglesias; otros, ni eso. Eran jóvenes, universitarios y les unía su pasión por Serrat y Paco Ibáñez. El grupo y el repertorio se cuajó tomando vinos. Hasta que llegó el día del estreno; la prueba de fuego. En octubre de 1980 el sexteto, bajo el nombre de La Braña, da su primer concierto en el pub Hula-hula. «Allí estuvimos durante quince días perdiendo el miedo», recuerda Gelo.

Los conciertos tuvieron buena aceptación y La Braña se lanza en busca de un cancionero propio. Recorrían los pueblos y grababan en uno de aquellos -trastos- llamados magnetofones los cantares que sólo estaban registrados en la memoria de los más ancianos. La «gran oportunidad» les llega al año siguiente. Dan un concierto sonado en el Barrio Húmedo. La plaza de San Martín se llena. «No cabía ni un alma más», recuerda Gelo mientras enseña una vieja foto de aquella actuación que más parecía una manifestación.

Han llovido 30 años y ellos siguen ahí, incombustibles. Ahora no movilizan a 8.000 personas. No importa. En tres décadas han salvado un patrimonio oral que, sin su intervención, habría muerto. Atrás quedan miles de kilómetros en la carretera, cientos de escenarios, catorce discos y más de 200 temas inéditos recopilados de un cancionero leonés que llamó la atención del Ministerio de Cultura y que acabó premiando su labor en 1987.

No tenían grandes ambiciones. Quizá, por eso, han perdurado. Nunca se hicieron profesionales. Aquellos jóvenes universitarios sólo querían divertirse, cubrir gastos para dar los conciertos y comprar instrumentos y, de vez en cuando, celebrarlo con una cena. Lo han conseguido. En treinta años sólo ha habido dos «bajas». En 1982 José Manuel Lobo deja el grupo, porque le ofrecen un trabajo en Madrid; le sustituye José Antonio, que permanecerá en La Braña veinte años y es quien pone en marcha la web del grupo. No le reemplazaron. En el 2002 La Braña pasa a ser quinteto.

En familia. Nunca ha habido broncas ni se han planteado, hasta la fecha, dejar el grupo. Tal vez, explica Gelo, «porque somos como de la familia». Ciertamente, La Braña la integran dos parejas -"Gelo y Tere y Sanjo y Pili-" y un quinto que «no es el de la discordia», Marcelino, cuya mujer, María José, no sólo asiste a todos los conciertos sino que es un apoyo inestimable para el grupo. «No hay divisiones ni afán de lucro. Estamos de vuelta de vanidades».

El 26 de noviembre presentarán en el Auditorio de Caja España su disco Ecos de la trashumancia ; un cedé encargado por la asociación Trashumancia y Naturaleza, que ha sido distribuido por los ministerios de Medio Ambiente de todos los países de la Unión Europea. Pero no es su único proyecto. El 2011 aparecerá un disco que dejaron aparcado hace meses y se plantean lanzar un recopilatorio, puesto que muchos de sus discos ya no se encuentran en el mercado. Les habría gustado presentar Ecos de la trashumancia en el Auditorio Ciudad de León. Explica Gelo que en el Ayuntamiento les comunicaron que actuar en este escenario costaba 4.000 euros.

Aparte de ser uno de los pocos grupos leoneses que ha sobrevivido durante tres décadas, muchas de sus canciones forman hoy parte del repertorio de grupos tradicionales y de dulzaineros, como La jota de jarra y El molino. «Era nuestro objetivo, que esas canciones no se pierdan».

Sólo han actuado una vez fuera de España: en 1998 en París, en el Teatro Trianón -"casualidades de la vida-". Ahora «los cachés están bajísimos», dicen. Cobran 1.000 o 1.500 euros por actuación. «Hemos vivido de otras profesiones y eso ha limitado nuestras salidas», aclaran.

Si vuelven la vista atrás creen que «el recorrido ha merecido la pena». Treinta años dan para muchas anécdotas. Este verano, tras actuar en Castrillo de Valderaduey, un anciano al acabar se les acercó para darles una propina (calderilla) porque le habían emocionado. También les sorprende que, pese a que tocan instrumentos y canciones del patrimonio popular, sus espectadores son jóvenes. En sus temas está «el alma del pueblo». Villancicos, jotas, cantos de bodas, romances-¦ Temas que constituyeron «el periódico de una época».

El poeta Victoriano Crémer y el compositor Ángel Barja, ambos fallecidos, intuyeron el potencial de La Braña y su misión como recopiladores de un legado a punto de la extinción. Ambos les marcaron el camino. Empezaron a bucear en una música que no era la que se consumía y sonaba en las emisoras de radio.

Con el tiempo compondrían un Himno a la lucha leonesa, que hasta entonces «no tenía música» y un romancero dedicado a los luchadores legendarios: Cayo de Celis Cayuso, Benitín el de Las Salas, El Pastor de Prioro, los Molineros de Carbajosa...

Cientos de anécdotas y decenas de amigos pueblan la historia de La Braña. La lista es interminable. Aseguran que con Astorga siempre han tenido fee-ling y que la coral de la ciudad siempre les ha ayudado; también, las pandereteras de Villaquilambre, Amador Diéguez, y ese grupo al que llaman «los informantes anónimos», personas que recordaban canciones y las cantaban para que La Braña pudiera salvarlas. En 30 años no han cambiado de productores, los hermanos Macías; ni de técnico de sonido, Raúl Ferreras, hasta su fallecimiento. Ahora graban con Pablo Vega.

«Ya no somos los mismos», dice Gelo con cierta nostalgia. «Somos unos cincuentones». Tampoco -"reconoce-" sus últimos discos se parecen a los primeros. La evolución ha sido extradordinaria. Hay algo que mantienen intacto: la ilusión por recuperar el patrimonio cantado de León.

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