Publicado por
León

Creado:

Actualizado:

El invento del maligno josé javier esparza

No conozco a nadie que haya vertido una opinión positiva sobre Felipe y Letizia , la serie de Telecinco sobre el romance de los príncipes de Asturias. Estamos, sin duda, ante el gran fiasco televisivo del año. Incluso en la propia cadena las opiniones han sido distantes. El parecer de la crítica, en tono casi unánime, es inequívoco: mamá, caca. La frase más común en la red, después del estreno, ha sido que Felipe y Letizia es la comedia (involuntaria) del año. Grave error. Creo que la gente, con el olfato embrutecido por tanta televisión de mala calidad, no ha sido capaz de percibir la verdadera dimensión del mensaje de esta serie. No estamos ante la comedia del año, sino ante la tragedia del año. Felipe y Letizia hace gracia, sí, porque todo lo que cuenta es como el más indigesto culebrón, pero también el Lazarillo de Tormes tiene pasajes cómicos y no por eso deja de ser un libro cruel.

Así de cruelmente transmite Felipe y Letizia la estampa de una nación enteramente agilipollada, y ahí es donde está lo trágico del asunto. Que este mensaje sea involuntario, es decir, ajeno a la voluntad de los narradores, no hace sino subrayar la tragedia. Y además, como todo el mundo ha podido comprobar, la calamidad de Felipe y Letizia no se limita a un argumento simplón hasta el delirio, sino que se extiende a la propia puesta en escena de la obra. Las interpretaciones son parte importante de este fiasco general. Es justo salvar de la quema a Amaia Salamanca, que le ha echado mucha convicción y ha demostrado ser una excelente actriz del drama sentimental. Frente a ella, su pareja en la ficción, Fernando Gil, queda pequeño pese a su amplio tamaño.

Pero donde la cosa ya resulta irrecuperable es en la pintura de los reyes de España. Ver a Juanjo Puigcorbe y a Marisa Paredes ejerciendo de reyes es el mejor argumento posible ya no a favor de la monarquía constitucional, sino incluso a favor de la monarquía de derecho divino: nunca ha sido tan obvio que no todo el mundo puede ser rey.

Cargando contenidos...

También es obvio que no todo el mundo puede hacer series de televisión.