Objetivo: la Unesco
El canto de la Sibilia, el flamenco, los castells, la cetrería y la dieta mediterránea optan a ser Patrimonio Inmaterial de la Humanidad
La candidatura del flamenco para ser declarado Patrimonio Inmaterial de la Humanidad por la Unesco, que se decide esta semana en Kenia, busca la consagración oficial de la universalidad de este arte, una manifestación cultural que supone una seña de identidad en Andalucía y un icono de España en el mundo.
Como patrimonio oral transmitido de generación en generación, abierto al mundo y valorado por un pueblo que lo reconoce como parte de su identidad, intentará ver cumplido el sueño de muchos si finalmente es catalogado como patrimonio cultural inmaterial, que resarciría un primer intento fallido, en 2005.
Cinco años después, el arte jondo, una música y un arte de transmisión oral que ha ido modelándose desde hace varios siglos en la Baja Andalucía en sus distinta expresiones de cante, guitarra y baile, aspira a quedar inscrito en la lista de la Unesco que salvaguarda este tipo de manifestaciones culturales. Ello supondría un reconocimiento mundial y social, la dignificación y mayor difusión de este arte donde no se conoce, si bien en algunos círculos flamencos se cree que sería un espaldarazo más institucional que real porque el flamenco, en la práctica, ya es patrimonio de la humanidad al no entender de fronteras.
Para este reto, en el que se han implicado las instituciones, la práctica totalidad del mundo flamenco y una sociedad que se siente representada por los valores inherentes a una cultura propia, la Junta de Andalucía ha desarrollado desde el pasado enero la campaña Flamenco Soy de adhesión a su candidatura ante la Unesco.
España presenta otras cuatro candidaturas: los castells, la cetrería, la dieta mediterránea y el canto medieval de la Sibila. España, Italia, Cuba, Nicaragua, Paraguay, Venezuela, China, Japón e Irán, son algunos de los 24 países que integran el Comité intergubernamental del Patrimonio Inmaterial de la Unesco, que se reúne en Kenia hasta el próximo viernes.
1397124194 El canto de Mallorca. Un canto medieval mallorquín indisolublemente unido a la liturgia de la Navidad, conocido como la «Sibila» opta a convertirse en patrimonio cultural inmaterial de la Unesco y con ello protegido.
Este drama litúrgico y canto gregoriano que se interpreta en las iglesias de Mallorca en los maitines de Navidad, aspira a dar el salto a patrimonio de la Unesco seis años después de haber sido declarado Bien Inmaterial de Interés Cultural por el Consell de la isla mediterránea.
Hay quien dice que sólo las cosas buenas perduran en el tiempo, y quizá por ello la dieta mediterránea, que aspira a convertirse en Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad, sigue más vigente que nunca 9.000 años después de originarse, y los científicos le atribuyen cada vez más bondades.
No tan antiguos son los castell, torres humanas de diez pisos y doscientos años de historia.
Los castel», las torres humanas que se levantan en las plazas de Cataluña, han ido adquiriendo altura hasta llegar a los diez pisos a finales del siglo XX, una proeza que sólo se ha logrado completar en dos ocasiones. La tradición sugiere que el origen de las actuales atalayas data de las construcciones humanas más modestas que al finalizar ciertas procesiones religiosas se levantaban en las poblaciones valencianas al sur del Delta del Ebro en los comienzos del siglo XVIII.