La Comisión de Patrimonio decide el lunes la instalación de 'las moscas'
La colocación del unicornio puede conllevar una excavación arqueológica

Recreación de la colocación del unicornio y la mosca.
Tan sólo resta un fleco para poner en marcha la instalación del conjunto escultórico que Eduardo Arroyo ideó para la plaza de Santa Marina hace ahora diez años. Se trata de una intervención arqueológica necesaria para la ubicación del unicornio de Laciana, uno de los elementos de la creación de Arroyo. Y es que, debido a sus dimensiones y a su peso, la pieza se dispondrá sobre una zapata de cimentación en el subsuelo de Puerta Castillo. La obra está realizada en fundición hueca de bronce de dos colores -"gris oscuro y plata-" y tiene un peso de 430 kilos, lo que ha obligado a instalarla sobre un brazo de grúa convencional que permita colgar la pieza a 2,30 metros de altura sin que origine problemas de seguridad. Si bien los arqueólogos consultados consideran que la escasa profundidad a la que se realizará la excavación no destapará hallazgos de interés, hay que destacar que se trata de una zona intramuros donde se han encontrado restos de la Legio VI (barracones) y la Legio VII Gemina (almacenes).
La Comisión de Patrimonio de la Junta decide el lunes acerca de la excavación, con lo que la instalación del conjunto tendría ya el camino libre para su disposición en Puerta Castillo. La obra de Eduardo Arroyo está compuesto por cuatro elementos: la mosca, el unicornio de Laciana, la celda del Vanitas y el Eolo. La penúltima traba burocrática se salvó el pasado 28 de mayo, cuando la Comisión Territorial de Patrimonio decidía que la colocación de estas pesadas piezas de metal no afectaba a la muralla tardorromana y, por tanto, autorizaba su instalación. Previamente, el Ayuntamiento había realizado un estudio en el que se desglosaban las características del proyecto, tales como de qué manera se anclarán las figuras del Vanitas, el contenedor que acoge las moscas, o qué medidas se tomarían con el fin de que el patrimonio no se viera dañado por el unicornio o el minotauro.
Un millón de euros. Las esculturas costaron un millón de euros y, entre otros retos, el proyecto hubo de vencer la resistencia vecinal, que denunció el proyecto ante la justicia. El Ayuntamiento ganó un proceso judicial pero a su vez tuvo que modificar el plan original para que las piezas se instalasen de tal manera que no rozaran la muralla.
Las moscas son un tema recurrente en la obra de Eduardo Arroyo. El autor lo explica de la siguiente manera en Anchovies in vinegar: «La mosca es una presencia, un atributo mediterráneo. Las moscas españolas son las más recalcitrantes. Las pinté rodeando los santos, en formación de batalla. Observé con asombro que estas moscas silbaban alrededor de la pintura hasta que se quedaban pegadas a los insectos que había pintado (...) Mirando a mi pintura pensé en una de las noticias que había leído recientemente en el periódico: parece ser que un gen trasplantado en las moscas macho de la fruta las convierte en homosexuales...»
Además, no es la primera vez que una obra del artista lacianiego con elementos similares a los que tiene el conjunto escultórico de León (moscas y unicornio) ha protagonizado la polémica. Precisamente, en el año 2001, resultó dañada la pieza Unicornio de Laciana con cuatro moscas, que el maestro leonés había incluido en una muestra colectiva en El Retiro madrileño y que apareció con las alas de los insectos arrancados.